
Muchas veces he pensando en la atracción que despiertan las historias de zombies. Su sentido en el inconsciente colectivo los hace metáforas ambulantes (que se arrastran y gimen) perfectas para hablar de la sociedad moderna. Existen muchas interpretaciones diferentes a lo que los zombies representan de acuerdo en la época que aparecieron:
Comenzaron siendo las memorias reprimidas de los horrores del esclavismo en los zombies del vudu, después se convirtieron en el miedo a la guerra fría y a la bomba atómica. En los 90 llegó el miedo a las pandemias como el Sida y otras plagas virales. También los zombies hablan de una sociedad consumista donde el hambre por lo nuevo es representada con el hambre por cerebros. El apocalipsis zombie puede representar la reciente crisis económica mundial de pueblos y cuidadas abandonados. Las historias de los sobrevivientes se comunican directamente con la desconexión que tenemos con nuestros vecinos que un día veremos convertidos en nuestros enemigos. Al final de cuentas los zombies son la representación perfecta del otro último. El enemigo total, donde todos son extranjeros, todos son enemigos. Hay un excelente texto (aunque en inglés) que explora muy bien todas estas ideas:
Dead Man Walking: What Do Zombies Mean?.
Pero en todas estas interpretaciones, y muchas otras que se han tratado, siempre encontré un elemento discordante. Si algo en común tenían todas estas historias es que la posibilidad del contagio siempre está presente. No hay voluntad, ni deseo, ni amor que puedan combatir contra este mal a diferencia. La mordida de un zombie es definitiva y nadie puede salvarse de ella. Algo en esto no entre en las diferentes explicaciones de lo que un zombie puede significar.
¿Qué es entonces lo que los zombies representan?
La respuesta llegó justamente este último Halloween. Es en esta fecha cuando más historias de zombies pueden encontrarse, más disfraces y más tenebrosas bromas deambulan por las calles pero cada vez más lejos de los orígenes de esta fiesta.
La fiesta de Halloween va reemplazando en otros países fiestas que se encontraban más cercanas al día de los difuntos o el día de los muertos. Porque incluso en Halloween nos olvidamos de la muerte o la usamos como una tonta marioneta sin sentido.
Vivimos en una sociedad donde la muerte se ha convertido en el último tabú. El cuerpo de los difuntos pasan del hospital a la morgue y al cementerio por túneles traseros, a espaldas de la gente, no sólo de los familiares sino lejos de los seres humanos que siguen viviendo sin querer acercarse de ninguna forma a la muerte.
Es entonces que lo entendí. Los zombies representan justamente esto. El miedo que el mundo occidental tiene de la muerte. No únicamente el miedo de morir, algo que es intrínsecamente humano, sino el miedo de la muerte. La muerte de las personas cercanas pero también de los desconocidos. La muerte en su representación más simple posible: el cadáver.
Los zombies son cadáveres que andan. Muertos que atacan, persiguen, rodean y muerden. Los zombies son muertos que se levantan. Los zombies no representan nuestro deseo consumista o de supervivencia, sino simplemente son nuestro miedo de ver de cerca a la muerte.
Las ciudades limpias e higiénicas con los cementerios como jardines y la muerte bien oculta, se ve en estas historias convertida en una pesadilla zombie con cadáveres en las calles. Con multitudes arrastrándose y gimiendo; con montañas de cuerpos humanos descomponiéndose; con la mayor parte de la población humada convertida en aquellas bestias.
Si lo pensamos bien, la mayor parte de la población humana está en realidad muerta. Miles de generaciones antes a nosotros descansan bajo nuestros pies y nosotros vivimos en ciudades construidas por los muertos. La muerte no es algo ajeno o distante a nosotros, sino es lo que nos permite estar hoy en día con vida.
Las historias de zombies nos hacen llegar a la conclusión de que cualquiera puede morir. Cualquier persona puede pasar a formar parte del batallón de los muertos, nuestros mejores amigos, nuestros padres e hijos, nuestras esposas. Y eso es lo que nos aterroriza. Sino fuera así, cual es la razón de esa repetición masoquista de esta historia: el personaje, cercano al principal, que se convierte en zombie y que tiene que ser sacrificado. La esposa, la amante, la hija o amigos del protagonista que vuelven, una vez muertos, para atacar. El mantra que evitará a los personajes a no volverse locos es la idea de que ellos ya no son las personas que conocimos, son monstruos que han tomado su lugar.
Porque en la realidad eso es lo que creemos que cuando alguien cercano muere para convertirse en un cuerpo inerte que acompañaremos al cementerio pero que ya no es la persona que conocimos.
Todas las otras interpretaciones que arriba nombré son en el fondo parte de este miedo. De la muerte por catástrofe atómica, de una muerte vacía después de una vida de consumismo, de una enfermedad que mata, de una seguridad que que importa qué haremos nunca lograremos sobrevivir.
Todos esos son miedos profundos que llevamos dentro, y que la civilización occidental lleva como una carga. Y aunque me encantan las historias de zombies, creo en el fondo que tenemos que aprender a afrontar nuestra mortalidad.
Porque al final no es nuestra misión luchar contra los zombies, sino un día podar aceptar esto y en paz poder convertirnos en uno de ellos.
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