Instrucciones
Aprender a reírse torvamente,
a mirar de reojo en los bautizos,
a negar el asiento a las señoras,
a orinar dibujando circulitos.
Aprender a fruncir el entrecejo,
a enfadar a las monjas y a los niños,
a poner zancadillas al guardia urbano,
a escupir sin piedad por un colmillo.
Preferir la navaja a la pistola,
el vino peleón al Jerez fino,
el infame pañuelo a la corbata,
una venus de Murcia a la de Milo.
Aprender a cortarse la cabeza,
a vestir negro luto de domingos,
a decir palabrotas en los trenes,
a jugar al parchís con los bandidos.
Apurar los licores del fracaso,
trasladarse a vivir al barrio chino,
propagar mil rumores alarmantes,
aprender a ser malo y fugitivo.
Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.
Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.
Mis amigos son unos desahogados
que orinan en mitad de la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.
[...]
Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa' ellos la amistad es lo primero.
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