Borges y el género policiaco
Con su experiencia en el género Borges intenta rescatar los orígenes mismos de este, no sólo alejándose del género “realista” para recurrir al género intelectual. Pero también intenta combinar el valor estético y la profundidad intelectual y referencial de la literatura culta, con los atractivos del género policial, el crimen, el misterio, la muerte.
Pero aunque parezca que Borges intenta reclamar el género para los escritores cultos, de referencias oscuras y de humor intelectual, en dos ejemplos clásicos como "La muerte y la brújula" y "Las Doce figuras del mundo" es posible descubrir que no es así. Ambos cuentos nos engañan, a nosotros o al detective, demostrando que el verdadero crimen nunca podría salir de la calle.
En el primero, siguiendo los pasos del detective Erik Lönnrot, “un Auguste Dupin, pero algo de aventurero había en él y hasta de tahúr” (Borges), que es engañado a pesar de predecir el último de los asesinatos siguiendo los textos judíos, las frases místicas y ese juego de alto ingenio. Se descubre asesinado por Scharlach, en un simple y mundano acto de venganza. Lejos están las razones y las causas de los libros y el intelecto.
En el segundo cuento ocurre algo muy parecido, cuando Aquiles Molinari se ve envuelto en un acertijo místico, una secta drusa, unos juegos mágicos y astrales. Esta vez es Parodi, el hábil detective que desde su celda entiende el crimen mundano en el que el protagonista se ha visto envuelto. En ambas historias, el cuento policiaco que parece escondido detrás de citas cultas y oscuras referencias, no es diferente a los crímenes que la literatura de género clásica estaba acostumbrada: un crimen por dinero.
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