Alfonso X: El inventor del castellano
El Rey faze un libro, non porque el escriba con sus manos, mas compone las razones, e las enmienda, et yegua, e enderesça, e muestra la manera de cómo se deben fazerEspaña dio muchas cosas a sus colonias y obtuvo de estas otras tantas. No quiero ni me interesa ahora hablar de las barbaridades que hizo a lo largo de los años y que quizás incluso ahora sigue pagando. (Olvidar que España fue cristiana y mora ha sido uno de los grandes errores que el día de hoy está mostrando sus resultados). Pero si hay algo de lo que se puede agradecer a España es de haber esparcido la simiente del idioma castellano. Quizás otra sería mi opinión si la historia hubiera sido diferente, pero ahora el español es mi herramienta y admiro todas las posibilidades que tiene y que a pesar de tener ya muchos años sigue siendo una lengua viva y aun niña.
Pero como todo, alguien tuvo que decir “hágase el español”.
En Europa y por influencia romana se hablaban dos idiomas: el Latin y el Latín vulgar. El primero era el idioma serio y elegante que servía para discutir temas de interés y escribir todo lo que alguien quisiera plasmar en papel: leyes, historia, literatura. El segundo era el que el pueblo utilizaba. El latín vulgar fue transformándose en sus diferentes destinos, mezclándose con los dialectos regionales, adquiriendo resonancias y ecos propios. Así en el siglo XI se escuchaban en esta región del mundo: el mozárabe, un incipiente castellano, gallego, leonés, navarro-aragonés y el catalán; pero todas estas lenguas seguían siendo idiomas vulgares (del vulgo), hablados y sin gramática y ortografía bien definidas. Más aun, todos el material escrito seguía escribiéndose en Latín.
Entonces llegó un hombre a Castilla y estableció que los pueblos “...no emplearán ya la lengua latina como medio de expresión de sus escritos filosóficos, astronómicos, históricos o jurídicos, sino las hablas vulgares que se han desarrollado en sus países respectivos: los romances catalán y castellano, aptos ya para expresar todos los matices del pensamiento”.
Este señor se llamaba Alfonso X (1221-1284), era el rey de Castilla y de León (1252-1284). Hijo de Fernando III y Beatriz de Suabia.
Era un hombre culto y refinado, pero como todos tuvo sus luchas personales que nunca lo dejarían tranquilo. Continuó la ofensiva contra los musulmanes que su padre había comenzado para expulsarlos de España y civilizarlos (¿suena conocido?) y deseó, como en aquellos sueños aburridos de media tarde que nos obsesionan de tal manera que nos hacen cambiar la vida, convertirse en el emperador del “Sacro Imperio Romano Germánico” que ya no tenía las luces y brillo que había tenido siglos atrás pero continuaba siendo un importante faro que lideraba el mundo que se decía civilizado. Por herencia de su madre, Alfonso X pertenecía a la línea de los posibles emperadores, pero estos deseos nunca son de fácil cometido; él no el único en esta lucha. Apareció, como en los cuentos, el competidor que se opondría a que Alfonso X se hiciera con la corona: era el caballero negro, el inglés Ricardo de Cornualles, también con ascendencia que lo acercaba al trono. En ese entonces siete grandes electores eran los encargados de nombrar al nuevo emperador. La indecisión y las disputas surgidas por los intereses y desavenencias de aquellos, dejaron el puesto vacante. Quince años después y haciendo que Alfonso X tuviera que tragarse su propio orgullo, subió al poder Rodolfo de Habsburgo. El rey de castilla finalmente tuvo que renunciar a su sueño confesando su derrota ante el Papa Gregorio X.
Fue entonces que otro sueño que había surgido tiempo atrás se apoderó de su fervorosa mente no acostumbrada a descansar sin ocupación. Convertir a Castilla en un nuevo faro de cultura y civilización. Comenzó introduciendo a su reino el Derecho Romano que admiraba y facilitando el comercio exterior con ferias e impuestos. Sobre estos dos pilares podría construir su propio imperio.
Pero su sueño quería ir más allá. Necesitaba darle una voz diferente a la del Imperio Romano que había perdido, para poder levantarse victorioso de la derrota. Decidió convertir al castellano en un idioma completo, esto quiere decir oficial. ¿Qué se necesita para que un idioma pase de ser una ocupación vulgar a ser una herramienta de estado?: Bibliotecas y leyes y libros.
Pero casi no tenía bibliotecas, las leyes estaban escritas en latín y nadie escribía en castellano. Decidió traducir todos los textos latinos que su reino tenía e impulsar el arte y la ciencia en este idioma. Para esto consiguió a los mejores traductores que no sólo fueron traduciendo y escribiendo leyes, tratados comerciales y la historia del reino, sino que al mismo paso fueron construyendo el idioma.
Pero esto no se quedó aquí. El idioma no iba a ser una mala copia en carbón del sueño de pax romana, una traducción mal hecha del latín. Quería que fuera algo más imponente: una cuna de cultura.
Alfonso X había combatido contra Musulmanes y se había topado en numerosas ocasiones con Judíos dentro y fuera de su territorio. Era un guerrero pero también era suficientemente inteligente para comprender la sabiduría que estas dos culturas guardaban; culturas que nadie quería aceptar que formaban parte de una España disgregada y compleja.
Los mejores traductores y más sabios musulmanes, judíos y cristianos se acercaron al reino de Alfonso X para poder trabajar con él, terminando de darle vida a este idioma que empezaba a nacer como el hijo de un grupo de mentes prodigiosas.
En poco tiempo la corte de Alfonos X se convirtió en un bullir de intelectuales traídos de todos los puntos del reino: traductores, autores, astrónomos, astrólogos, físicos. Estos crearían el nuevo idioma traduciendo obras de distintos orígenes y creando algunas propias. El rey se encargaría de pulir e intentar uniformizar el trabajo.
Muchos de estos personajes eran interesantes con historias de por si novelescas como el judío Abraham, Alfaqui' de Toledo, traductor, compilador y físico; fue tomado rehén por cinco años por los Nobles que buscaban la eliminación de los impuestos del puerto, y fue uno de los mejores traductores de Alfonso X. O el también judío Samuel ha-Levi Abulafia de Toledo traductor, escritor, cabalista, místico y seudoprofeta que intentó convertir al Papa Nicolas III al judaísmo.
De los colaboradores de esta empresa poco se ha conservado porque al ser el rey el que pidió el encargo de la obra se lo consideraba a este como el único autor. Pero fueron muchos los nombres que tuvieron que cruzar por la “Escuela de traductores de Toledo” para empezar a constituir lo que hoy es el castellano revelando en su conductos más íntimos un intento de sacar al idioma de la calle y llevarlo al equivalente de la academia. Este grupo estaba conformado por un gran número de razas y culturas que le dieron al idioma ese color y fuerza que todavía hasta el día de hoy seguimos sintiendo al enfrentarnos a las palabras. El castellano fue entonces, desde un principio, un recipiente donde se reunieron las palabras más sabias que en ese momento se conocían tanto de occidente como de oriente.
Pero como un héroe de tragedia, cansado y caminando por derroteros del tiempo, Alfonso X sufrió sus últimos años un clima particularmente sombrío. No sólo se tuvo que enfrentar a un sector de la alta nobleza que no aceptaba muchas de las normas que había instaurado sino que tuvo que enfrentarse con la muerte de su primogénito. La corona del reino, entonces, cayó sobre sus descendientes. Los llamados infantes de la Cerda: Alfonso y Fernando que lucharon por la sucesión con el infante Sancho, segundo hijo de Alfonso X quien tuvo que recurrir a muchas maniobras para hacerse con el cetro.
Alfonos X había conjurado el conjunto más importante de obras en castellano hasta el momento, que iban desde tratados de derecho romano hasta “El libro de Ajedrez, dados, e tablas”. Pero él mismo produjo una importante parte de la obra. Rey e intelectual, al final fue un poeta con sueños una vez más, pero esta vez de la vida sencilla del juglar. Una vida diferente a la que tuvo, llena de guerras, ambiciones y deseos, que le permitiera acabar su vidas tranquilo y en paz. Uno de sus poemas dice (traducido) Nada me agradaría tanto, ni el canto de las aves, ni el amor, ni la ambición, ni las armas, como un buen galeón que me alejara de este demonio de campiña llena de escorpiones, cuya espina ya he sentido en mi corazón..
Murió en Sevilla en 1284. Se despidió con un idioma ya bien formado a sus espaldas y con muchos fracasos políticos y civiles pesándole en el corazón. Nunca fue conocido por las batallas que había ganado ni por el trono perdido de un imperio romano que ya estaba a punto de desaparecer, pero fue bautizado “El Sabio”, por haberse convertido en la fuerza creadora de un idioma que aun hoy en día seguimos sintiendo vivo, una emulsión de culturas y razas y pueblos, que aunque hoy en día vuelvan a estar enfrentadas, en este idioma siempre serán iguales y hermanas.
Tres fragmentos
E en buscando aquesto, fallaron las figuras de las letras; et ayuntando las finieron dellas sillabas, et de sillabas ayuntadas finieron dellas partes; e ayuntando otrossi las partes, finieron razon, et por la razon que uiniessen a entender los saberes et se sopiessen ayudar dellos, et saber tan bien contar lo que fuera en los tiempos dantes cuerno si fuesse en la su sazón.
Y buscando esto, hallaron las formas de las letras, y juntándolas hicieron sílabas, y de las sílabas juntas hicieron de ellas palabras, y juntando las palabras hicieron razón (o discurso). Y por esta razón llegaron los saberes y se supieron ayudar de estos, y saber tan bien lo que pasó en los tiempos antiguos como si fuese hoy ocurrido.
Mas por que los estudios de los fechos de los ombes se demudan en muchas guisas, fueron sobresto aparcebudos los sabios ancianos, et escriuieron los fechos tan bien de los locos cuemo de los sabios, et otrossi daquellos que fueron fieles en la ley de Dios et de los que no, et las leys de los sanctuarios et las de los puebles, et los derechos de las cleriezias et los de los legos; et escriuieron otrossi las gestas de los principales, tan bien de los que fizieron mal cuemo de los que fizieron bien.
Más por el estudio de los hechos de los hombres se entienden muchas cosas, y lo entendieron así los sabios ancianos: Y escribieron los hechos de los locos como de los sabios, de aquellos que fueron fieles a la ley de Dios y de los que no, y las leyes de los santuarios y de los pueblos y de los derechos de las clerecías y de los legos. Y escribieron las gestas de los hombres importantes, tanto como si hicieron bien como si hicieron mal.
Et por que las artes de las sciencias et los otros saberes, que fueron fallados pora pro de los omnes, fuessen guardados en escripto por que non cayesen en oluido et los sopiessen los que auien de uenir.
Y por que el arte de la ciencia y de los otros saberse fueron hallados por los hombres para que fueran guardados por escrito y que no cayeran en el olvido y los conocieron los que habrían de venir.










