El forastero


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El Bar de sentidos vacíos

En Barcelona, y en general en toda España, es común a la hora de la comida el bar de barrio. Local pequeño con una barra central donde se conoce al dueño o dueña y a la mitad de los comensales. La hora de la comida pasa fugitiva en un momento de descanso de la rutina diaria y los que acuden al bar son los que no tienen el tiempo o las posibilidades de dirigirse hacia su propia casa.

El bar, como decía, está considerado como el lugar familiar donde se conoce de nombre al cocinero y a los mozos. La comida, totalmente opuesta al fastfood, está dividida en dos o incluso tres platos, alargando lo más posible, dentro del tiempo que está limitado, las posibilidades. Además de los dos o tres platos, vienen incluidos en el precio el pan, la bebida, normalmente vino o cerveza, y el café. De esta manera se recrea la comida familiar, de mesa grande y varios cubiertos en la cotidianidad del trabajo y la ciudad.

Lo que se intenta hacer en el bar es encontrar el espacio familiar e incluso casero donde poder engañar al día a día alejado del hogar emulando una comida en familia. El significado de la comida familiar desaparece puesto que son muy poco comunes los verdaderos encuentros en familia y son comunes los almuerzos con colegas del trabajo o incluso con clientes frecuentes. Pero aunque el fondo desaparezca se mantiene la forma de la comida. El significante entonces se vuelve el centro de la experiencia. La abundancia de platos, la botella de vino a disposición e incluso los cubiertos de metal (desaparecidos para siempre en el fast food) imitan a la experiencia hogareña. Al mantener entonces la forma se recrea ficticiamente el fondo, reforzando el valor de la comida como experiencia no únicamente formal sino la por necesidad sino de rito.

También se pueden apreciar en todos los bares la televisión encendida con el partido de fútbol de turno o en su defecto el noticiero sin volumen. La pantalla, como suele ocurrir en muchos hogares, se convierte en una presencia más a pesar de cederle mínima o nula atención. Las imágenes en movimiento pierden el sentido de información al estar enmudecidas e incluso solapadas con música de otro aparato. Se convierte entonces en simple compañía o presencia donde desviar los ojos. Y el sentido o significado del medio desaparece completamente manteniéndose únicamente como forma o significante. Ya que la televisión no informa ni distrae sino se convierte únicamente en una presencia en el bar. En este caso por ejemplo, el medio, carente de la funcionalidad típica, sí se convierte en el mensaje en sí.

Otro elemento imprescindible en el bar es la máquina tragaperras (similar a la tragamonedas), de complejo diseño y funcionamiento. Por pocas monedas se puede jugar largamente con la máquina y aunque se gana algo de dinero en los constantes juegos, el dinero que se recupera es mínimo en compensación. La cadencia de sonidos, teclas pulsadas y exclamaciones de alegría, sorpresa o desconcierto que la misma máquina produce llenan el ambiente del bar. Con la apariencia de alejarse cada vez más del azar, las máquinas tragaperras dan la impresión de que la habilidad del jugador es la que define el resultado. Sólo el que tiene una experiencia importante en esta puede llegar a leer verdaderamente las evoluciones del juego y quizás lograr alguna ganancia productiva. De todas maneras el jugador se desprende del bar y de la conversación con otros comensales para sumergirse en una suerte de abandono frente a la máquina tragaperras. Depositando dinero y extrayendo de su bajo vientre los premios que no se aprovechan sino salvo para continuar el juego. El jugador va perdiendo el significado que el juego de azar como tal tiene (la competencia para conseguir una ganancia) para quedarse con el significante de este. La forma, la cadencia y el ritmo que la máquina le cede.

Es así que este ambiente común y constante en muchos de los bares de España, tienen el éxito conseguido gracias a esta emulación de una realidad que ya no es. Donde el significado pasa a ser una construcción ficticia de la forma y esta es la que sostiene toda la ceremonia. De todas maneras, al existir un gran número de personas que comparten esta, se da la posibilidad que el significante refuerce la comunidad y nazca un nuevo contenido que aunque no sea lo que parece, llene a los comensales haciendo que el día laboral pase por un entorno familiar re-creado y de esta manera se refuerce el compañerismo o el sentido de pertenecer de estos mismos.

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Miguel Esquirol Ríos - Under Creative Commons
Año 2006 - V. 4.0