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El hombre de las mil muertesEl hombre a la cabeza de la familia más poderosa de la mafia estaba enfermo. Aunque seguía siendo un hombre cruel y podía mandar a matar sin ningún remordimiento a sus enemigos, ya se sentía cansado, para él lo único importante siempre había sido la familia. La melancólica y hermosa escena de don Vito Corleone jugando con su nieto en el jardín de su casa es una de las imágenes más bellas y que aun, a pesar de los años, sigue clara y brillante en la memoria. Con una cáscara de mandarina a modo de dientes falsos, Marlon Brando persigue a su nieto, juega una vez más como un niño olvidándose de una vida difícil, de decisiones duras y de una lucha constante por su imperio. En ese momento, cuando él, ya cansado y con maneras de anciano, juega con su nieto por los árboles ya no es el jefe de la mafia, duro trabajo que le dejará a su hijo, sino es un hombre despidiéndose. Su caída al suelo, el desconcierto del niño que no sabe cuando ha acabado el juego y que presiente malas noticias es lo único que nos queda de él. La luz, dorada de esos últimos segundos se va apagando. El padrino ha muerto. Marlon Brando ha muerto.Marlon Brando ha muerto a los 80 años en el hospital de Los Ángeles, y aunque al principio era un rumor, como todo lo que rodeó a la mítica figura, finalmente su abogado David J. Seeley, confirmó la noticia. Brando había interpretado su última muerte. Si la de “El Padrino” fue una muerte placentera, en un ambiente de luces y con olor acido de naranjas en el ambiente, la otra muerte, la del coronel Walter E. Kurtz, soldado rebelde, enloquecido por la guerra de Vietnam y que se creía, sino un Dios al menos se sentía sobre el horror que lo había creado, fue oscura y tormentosa. En “Apocalipsis Now”, Marlon Brando es sólo un rumor durante toda la película. Una fotografía, unos documentos repasados mil veces, un ruido de balas chocando contra los árboles, las risas de unos soldados que intentan ser un poco niños en medio de la batalla. Su nombre resuena en el asfixiante calor de la selva, en los gritos de los heridos propios y ajenos y finalmente en los aviones soltando Napalm contra todo lo que se encontrara debajo suyo. Brando se hace carne recién en la última parte de la película. Su cabeza afeitada, sus movimientos lentos como el de un sacerdote pagano, su voz rasgada por bayonetas, toda esa estructura alrededor del hombre, es la misma selva que lo había devorado, la misma guerra que lo había vuelto loco. Una vez más moriría Brando, como cada vez que vemos sus películas. Pero no son sólo muerte sus actuaciones en el cine. Brando moría y nacía constantemente. Nació como Marlon Brando Jr en Omaha, Nebraska, hijo de una actriz local, Dorothy Pennebaker y de un vendedor de insecticidas, Marlon Brando Senior. Brando nunca encontró su lugar hasta que descubrió su camino hacia la actuación. Fue expulsado de un gran número de escuelas, incluyendo la Academia Militar, era indisciplinado y peleador. Su gran renacimiento fue su llegada a Nueva York, su descubrimiento de la técnica de actuación de Stanislavsky y su ingreso en la prestigiosa Actors' Studio donde conoció a Stella Adler. Adler le diría “Sé cualquier cosa menos aburrido”, ella lo impulsó a confiar en lo que hacía. Para el método tradicional de actuación, el de Humphrey Bogart y del cine clásico, Marlon Brando significó el final. Él mató a la actuación severa, rígida y poco natural. La improvisación, los tics, los gestos, los balbuceos e incluso la manipulación de accesorios como guantes, gatos, pañuelos, convertirían a sus personajes en seres de carne y hueso muy diferente de las figuras de papel maché que lo antecedieron. De su método él decía "Ella (refiriendose a Stella) me enseño a ser real, a no intentar sacar durante la actuación una emoción que no haya experimentado personalmente.” Su gran nacimiento a la actuación fue en la obra “Un tranvía llamado deseo” en la piel de Stanley Kowalski, “Él es (dijo la crítica) uno de los hombres más furiosos y más sexys jamás imaginados”. Stanley usaba su atractivo animal para manipular a su mujer Stella y aterrorizar a su cuñada Blanche DuBois. El papel de su gran aparición lo consiguió gracias al director de su primera obra de teatro, Elia Kazan, y que tendría una importancia en otros momentos. Su entrada al cine fue en el papel de un veterano de guerra invalido en la producción independiente “El hombre”. La película fracasó al presentarse en el comienzo de la guerra con Korea. Pero ese fracaso no significó malas noticias para Brando. Poco tiempo después sería nominado para los oscares con, ahora película, “Un tranvía llamado deseo”. Su primera muerte quizás sería la perdida del oscar frente a Bogart en “La reina de África”. Lo nuevo seguía perdiendo contra lo viejo. Pero nada de eso lo detuvo y mientras pasaban las películas, los éxitos continuaron hasta llegar dos nominaciones por “Viva Zapata” y por “Julio Cesar”. Pero no fue hasta 1954 que recién logró el codiciado oscar por la película “Nido de Ratas” dirigida por su amigo y el director que le había dado tantas oportunidades Elia Kazan. La siguiente caída de Brando llegaría después del fiasco: "El motín del Bounty". La época de grandes roles y de ser aclamado por la crítica llegó a su final y entró en una serie de películas que criticaban a la sociedad americana pero con muy poco éxito. Su activismo social fue el tema que copó gran cantidad de su tiempo. Deprimido y con problemas con su matrimonio se retiraría a Tahiti donde había comprado un atolón dos años antes. Su gran renacimiento volvió gracias a Mario Puzo, quien le envió un guión sobre una familia de la mafia. Su papel de don Vito Corleone en “El Padrino”, y su película siguiente “El último tango en Paris” censurada y largamente debatida, lo haría renacer, tanto a la crítica como a la taquilla, convirtiéndolo en uno de los hombres más aclamados del momento. Su gran momento fue coronado al declinar el oscar que la academia que le otorgada por “El Padrino”. Brando envió a una mujer vestida con vestidos indígenas a rechazar el premio. Desde ese momento su vida entró en caída y aunque todavía apareció en películas como “Apocalipsis Now”, fue nominado por “A Dry White Season” y ganó un Emy por su aparición en la seria de televisión “Raíces”. También aprovechó la fama que había ganado hasta el momento para recaudar cifras millonarias en pequeñas apariciones como la de “Superman” donde tuvo un salario mayor que el del mismo Christopher Reeves, o en una auto-remedo de su clásico Don Vito Corleone pero en calve de comedia en “El novato”, una triste comedia con Matew Broderick. Pero Brando, aparte del mundo del cine, tuvo que enfrentarse con la muerte varias veces más, y esta vez con hechos más dolorosos que lo marcarían, como fueron el juicio de su hijo mayor que fue arrestado por el asesinato del novio de su hermana en 1990, o el suicidio de su hija en 1995. Con el paso de los años, se convirtió en un ermitaño en la infame “Calle de los chicos malos”, Muholland Drive en Beverly Hills. Desde hace muchos años no realizaba apariciones en público y luchaba contra severos problemas de obesidad. Sus últimas apariciones fueron en las películas “The Score” compartiendo cartel con Edward Norton y Robert de Niro, los grandes de sus respectivas generaciones, y en un videoclip de Michael Jackson. Su última película tendría que haber sido, “Brando y Brando” aun en producción y que trataba del viaje de un joven a Estados Unidos en busca del actor. Una película que Brando participaría no sólo en actuación sino en otros roles más. El hombre de los mil rostros, de las mil muertes; el que fue nombrado muchas veces como el “Más grande actor de todos los tiempos”; murió este Jueves 1 de Julio a los 80 años. Una vez más lo vimos caer en el jardín mientras su nieto lo mira con sorpresa sin entender qué ocurre, una vez más desaparece en la selva bajo una lluvia de Napalm sin haber podido demostrar que la guerra es ese horror que no puede ser nombrado. Su tumba quedará sellada y sus únicos renacimientos serán cuando lo reencontremos en sus películas. |
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