Ciencia Ficción Boliviana
El título parecería que se contradice en sí mismo. ¿Cómo puede haber ciencia ficción en un país en que apenas tenemos ciencia?. Pero en Bolivia todo predispone para aceptar este género literario como algo propio: la mezcla de culturas precolombinas con ordenadores de última tecnología, monolitos ancestrales y Boing 747 que llevan a Bolivianos a países que si parecen futuristas, cafés Internet al lado de qhatus de papa, centros de alta tecnología ubicados en medio del altiplano. Las contradicciones que se pueden encontrar dentro de las fronteras del país nos permiten creer que cualquier cosa es posible y la ciencia ficción no es más que eso.Pero a pesar de que tenemos un caldo de cultivo apropiado para una ciencia ficción muy boliviana, muy nuestra, los libros que se han escrito sobre el tema son muy pocos y casi desconocidos, es por eso que antes que proponer empezar a escribir con nuevas palabras lo que puede pasar con Bolivia, es bueno ver lo que otros escritores han producido.
Dos de las novelas más antiguas que encuentro de ciencia ficción en la biblioteca Portales (y su excelente colección de literatura Boliviana) son: “Utopía 2487” de Werner Pless un alemán que radicaba en Bolivia y que a finales de los cuarenta ya escribía sobre el futuro y “Víctima de los siglos” de 1943 escrita por Alvaro Montenegro.
Se escribieron ambas novelas, las primeras en su género en Bolivia, en un momento que Estados Unidos vivía su edad de oro gracias a la revista "Amazing Stories". En Bolivia estas novelas no pasaban de experimentos. Pero resulta extraño comprobar como ambas novelas a pesar de contar historias diferentes se apoyan en el mismo método para acceder al “futuro”. Una novela de ciencia ficción normalmente habla de una tierra lejana con alta tecnología y una cultura muy diferente a la actual, pero estos dos escritores tuvieron que buscarse una excusa para acceder a este mundo futuro como si no pudieran ubicarse directamente allí para contar la historia.
En “Utopia 2487” el personaje es dormido para despertarse unos 500 años en el futuro y descubrir que todo lo que conocía ha cambiado. Alvaro Montenegro en “Victima de los siglos” utiliza la excusa de una bomba atómica (cuando este tema era de rabiosa actualidad) y congela al protagonista gracias a un extraño gas y lo hace despertar 5000 años en el futuro. Allí se encontrará con una ciudad futurista con poderes de telepatía y demás sorpresas. Ambos viajeros en el tiempo, como ya lo hiciera H. G. Wells, se dedican a entender este mundo futuro y el texto utiliza la narración como una metáfora del tiempo presente.
Antes de los noventa saltaron algunos nombres más como Harry Marcus (otro alemán) con el libro “El abismo de Estrellas” o Roberto Leiton e incluso una mujer: Marcela Gutierrez. Estos autores están casi inadmisiblemente olvidados. La excelente revista de cuento “Correveidile” rescata a estos y otros nombres (número 20-8) trayendo al presente algunos de estos libros casi olvidados en polvorientas bibliotecas personales.
Tenemos que ir al límite del nuevo siglo para encontrar más ejemplos. Parecería que en Bolivia la ciencia ficción estuviera sostenida por antologías antes que por libros. Ya hablamos de la recopilación de cuentos de Correveidile, y coincidiendo con el año 2000 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) convoca a un concurso de cuento como parte de sus Informes de Desarrollo Humano. Santillana publica este libro dando a conocer la muestra de 10 cuentos de jóvenes entre 17 y 22 años de edad. De todos los cuentos publicados muy pocos logran tener la calidad necesaria para ser buenos representantes de la ciencia ficción Boliviana. Greg Mercado con su cuento “El KOAN-testador” realiza un notable esfuerzo con un cuento heredero quizás de “El juego de Ender” pero más metafísico. Nayra Corzón, en el segundo lugar del concurso, muestra un relato más auténtico que mezcla la ciudad del Alto y unos personajes que juegan y luchan entre desechos nucleares y “basuras del siglo pasado”.
Un año antes se había convocado el concurso Ciencia Ficción de la Agencia Suiza para el desarrollo y la cooperación (COSUDE) con una publicación de ciencia ficción en forma de periódico futurista. Ni la del PNUD ni esta última publicación, ambas propiciadas por el periodista Rafael Archondo, tuvieron tristemente mayor trascendencia que aquella del momento de su publicación. Se pueden leer los dos cuentos ganadores del PNUD en:
http://idh.pnud.bo/drows/idh_cuentos/presentacion/todo.htm
Comenzando el siglo XXI aparecen algunos libros de ciencia ficción de mayor calidad y con un fundamento más claro. El 2001 se publicó “El Viaje” del escritor Rodrigo Antezana. Esta novela de la editorial Nuevo Milenio muestra, ahora si, un momento futuro (sino posible plausible) con estructuras sociales y culturales propias. El libro muestra un mundo con estética Mad Max y el encuentro entre dos pueblos totalmente opuestos, los “humanos” por así decirlo, y los seres mecanizados o Vanders. Este mundo futuro ya no es una “Metáfora” como ocurría con anteriores publicaciones, sino simplemente es la aventura de los personajes. Y aunque evoca en la narración a todas las influencias del escritor, la historia atrapa al lector y logra dirigirle hacia la conclusión habiéndote enredado y liberado de las tramas de la narración. Abundante en descripciones y explicaciones la historia funciona coherente y entretenida en si misma.
En el 2003 llegaría una novela que si bien no es propiamente ciencia ficción (y su autor podría enfadarse si la encerramos en este círculo), pero tiene elementos inconfundibles de estas narraciones. “El delirio de Turing” (Alfaguara, 2003) de Edmundo Paz Soldán no habla de mundos futuros o de tecnologías asombrosas, más bien cuenta la historia de un Criptoanalista, de un Hacker salido de los barrios bajos de Quillacollo, de un juego de realidad Virtual en el que todos los ciudadanos pueden encontrarse e interactuar, pero también cuenta la guerra de la electricidad (similar a la guerra del agua) y las herencias de miedo y paranoia de las dictaduras militares. La narración tiene mucho de ciberpunk, de futurismo dentro del momento actual, pero también mucho de análisis de la realidad. Paz Soldán, más auténtico que en ninguno de sus otros libros, recrea esta ciudad “Río Fugitivo” cada vez más alejada de la Cochabamba real, pero por eso mismo más auténtica.
Tres años después se publica “De cuando en cuando Saturnina” (Ed. Mama Huaco, 2004) de la antropóloga inglesa Alison Spedding que vive en nuestro país desde hace de 15 años. Heredera del Ciberpunk Alison Spedding plantea una Bolivia del futuro: Es el año 2086. Una revolución indigenista, arcaicista, racista y sanguinaria ha impuesto un nuevo régimen y ha fundado un nuevo país, Qullasuyu Marka, también conocido como La Zona Liberada. La “Cortina de Hierro en los Andes” no tiene televisiones, ni periódicos, ni editoriales. Los q’aras no han sido expulsados, simplemente huyeron tras la Guerra de Liberación de 2022. Con esta novela por fin se ha escrito una historia novedosa que plantee teorías nuevas y que aproveche la cultura y la realidad de Bolivia para ficcionar un futuro quizás no tan utópico pero si basado en lo real, en tendencias e ideas que están presentes. La historia no sólo es la aventura de “la satuka" sino que se sirve de las características de la ciencia ficción para imaginar y analizar qué ocurriría si el pueblo Aymará fuera el dominante, o si los campesinos decidieran verdaderamente entrar en guerra.
La última novela publicada, también el 2004, es “El Huésped” de Gary Daher. Aunque es más difícil categorizar esta novela dentro de la ciencia ficción por no tener los elementos típicos (sociedades futuras, alta tecnología) está claramente dentro de este mundo al contarnos una historia de un mundo con reglas diferentes a las conocidas, con una cultura y desarrollo social propio de ese mundo y con la extrañeza del extranjero que tiene que adaptarse a lo que desconoce. La novela cuenta la llegada de Rodríguez a un “hotel”. La sección un mil doscientos once, donde el personaje llega, es un edificio-colmena parte de una serie de secciones similares, como si se trataran de un sistema de reencarnación. “1984” de Orwell está presente en este mundo vigilado por una red de ordenadores y por una fuerza controladora, pero también está presente Philip K. Dick en la extrañeza del individuo (y del lector) ante lo que no se entiende. El personaje luchará primero por regresar a su mundo, después por estar con la mujer de la que se ha enamorado, y finalmente por intentar comprender la locura en la que se ha metido.
El último libro encontrado se trata más bien de una novela virtual, publicada en Internet por Fernando Aracena (http://members.tripod.com/~Aracena/index-2.html). “Latinoamérica 2025” cuenta la historia de una guerra del futuro. “Hispanoamericanos del futuro libran una guerra que podría convertir a la región en la nueva superpotencia hegemónica que dictará el destino del planeta. Como primer paso, una guerrilla hispanoamericana desencadena el terrorismo cibernético. El riesgo es grande pero está justificado: Están en juego la viabilidad ecológica del planeta y la supervivencia del tercer mundo”. La narración tiene todos los elementos de una novela de ciencia ficción de aventuras. Más que una novela es una saga, abundante y con una desbordante historia donde convergen tecnología, política, ecología, etc. Es una producción sumamente notable que tristemente tiene muy pocos lectores y casi ninguna publicidad. La mejor definición de la novela es la que el mismo autor hace de esta: “Amena, liviana y high-tech”. Este texto sirve para demostrar que las editoriales no son los únicos caminos para la publicación de textos atractivos y diferentes.
A modo de conclusiones
Los libros descritos aquí no son todos los libros de ciencia ficción publicados en Bolivia, con toda seguridad existen algunos más, quizás cuentos y quien sabe algún gran autor esperando surgir; pero sirven de ejemplo para mostrar lo que se ha hecho hasta ahora. Se ha escrito más ciencia ficción de lo que se cree, y mucho más de lo que se conoce. Pero estamos todavía en pañales, no porque no existan los escritores que estén dispuestos a ponerse manos a la obra con sus narraciones, sino porque faltan lectores que reciban estas obras en los medios de comunicación, en las asociaciones culturales, en las editoriales. Existen escritores, existen lectores, Bolivia misma tiene los elementos para ser una narración de ciencia ficción, sólo falta hacer coincidir esos tres elementos en un punto de encuentro común. Quizás el Internet como sistema de publicación puede funcionar, quizás nombres como los de Edmundo Paz Soldán o Alison Spedding sirvan para promover algo más esta tendencia. Pero creo que para comprender lo que ocurre en Bolivia y para ficcionar lo que podemos llegar a sufrir si no nos cuidamos, es muy importante leer buena ciencia ficción escrita en Bolivia.











