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Lugares Imaginarios


El mundo está lleno de ciudades imaginarias, de reductos ajenos a la realidad por los cuales todavía podemos recorrer recorriéndonos. Como en una ciudad real, cada uno de estos destinos lleva consigo una mentalidad, una idea, una forma de vivir la vida. Creer en una ciudad, posar sus pies sobre sus calles significa creer en su universo.

En la Ciudad Gótica tenemos que temer de peligrosos criminales pero somos protegidos por un enmascarado. En la Rue 13 del Percebe las paredes invisibles nos cuentan una historias así como en la Rue Morgue de Alan Poe nuestra vida corre peligro por causa de un sanguinario gorila que anda suelto.

Dónde más podemos alejarnos de las calles rutinarias que nos presenta nuestra ciudad, cualquier ciudad. Tenemos que adentrarnos en esas calles que un arquitecto loco, llamado Escher, decidió construir. Podemos vivir en una casa hecha de dulces, acudir al fondo del mar al hogar de Bob Esponja e incluso ocultarnos para todo el planeta en la Fortaleza de la Soledad de Superman.

Hay ciudades que no son ninguna pero son muchas como lo es Macondo, el pequeño pueblo donde la Familia Buendía creció en el libro de Cien Años de Soledad. Ese libro no es sólo la historia de la familia sino es la historia del pueblo que es la historia de Latinoamérica. Este pequeño pueblo perdido en la selva colombiana podría ser cualquier otro, pero tiene la particularidad que no es ninguno, y allí está la única magia posible.

Otras ciudades son todas siendo varias. EUA tiene muchas Springfields, en Minesota, en Illinois, pero sólo una es la ciudad de líneas negras de caricatura, de personajes que nunca crecen y que representan, en el fondo, la misma familia americana que se repite hasta la saciedad en todos los prototipos americanos de familia nuclear.

Y por último están las ciudades que son reales como el México de “Los detectives salvajes” de Bolaño o el Nueva York de “Taxi Driver”, pero aunque son ciudades reales, encontrables en el mapa, son muy diferentes a la ciudad real, ya sea por su mitificación o su caricaturización. Pero esa ciudades que se convierten en meros bocetos de la ciudad existente es más reales, o mejor dicho más aprensible, que la que es recorrida cada día. Es una ciudad más fácil de leer por tener las heridas abiertas y los espacios simplificados en aristas.

En la exposición que actualmente lleva el CCCB “La ciudad que nunca existió” hablan sobre este tema: desde mediados el siglo XVII, los artistas empezaron a pintar arquitecturas de la antigüedad (y ruinas de arquitecturas del pasado), no como ellos se imaginaban que habían sido, sino como las soñaban, como les gustaba que hubiesen sido. La recreación de una época soñada primaba sobre la precisión histórica. Los sueños deforman y engrandecen. También tiñen las formas de niebla. Los castillos medievales, inaccesibles, sobre riscos empinados, y las catedrales góticas cubiertas de agujas se prestaban, por su imposible altivez, a estas recreaciones de la fantasía, de un pasado heroico e imposible”. Porque la creación de un lugar que no existe siempre ha sido el deseo de crearlo para que existiera, por algo Platón creo la ciudad regida por Sabios Filósofos y Tomas Moro fundó una ciudad ideal llamada Utopía.

Pero ahora que cada vez las ciudades son más grandes y cada vez más inabarcables, estamos entrando en una época de gran abundancia de lugares inexistentes, construidos en la base de nuestra propia realidad. Nuestras casas están siendo amuebladas como en un catálogo tan bien diseñado que parece que alguien vive en él. Las ciudades con historia antigua están intentando rescatar sus calles para mostrar de donde vienen configurando una ciudad si cabe más imposible. Frescos romanos compartiendo muros con graffities y carteles, escaleras y pasadizos góticos acompañados de estatuas contemporáneas, calles romanas circuladas por turistas italianos con máquinas de fotos japonesas.

Y por el otro lado, las ciudades que han sido construidas hace muy poco, hablo de muchos países latinoamericanos que han ocultado u olvidado sus muros y calles y monumentos y han recreado una nueva historia que comienza en el concreto y en el ladrillo. O ciudades levantadas de la nada como la gran mayoría de las Estadounidenses, han tenido que crear sus propios mitos fundacionales para poder validar sus recorridos diarios, su propia urbanidad.

Como límite exterior del ciudad imaginaria dentro de la real, se sigue construyendo en este momento la IIS (La Estación Espacial Internacional), el lugar real más imaginario que se puede concebir. En este ambiente, antecesor de futuras ciudades espaciales se puede predecir, todo cambia, no sólo la gravedad pasa a ser uno de los puntos menos importantes en su construcción (a cambio de la ausencia de esta), sino la concepción de la vida recluida del ambiente exterior, del ambiente más grande y peligroso que existe: el universo, hacen que nos planteemos cómo será una vida tan alejada de todo lo que nosotros conocemos y no sólo alejada en distancia sino en experiencia. La ISS como Kripton, como la ciudad de los hombres del Sol del libro Cyrano de Bergerac (Los estados del imperio del Sol), son los mundos donde no llegaremos a vivir, pero son los viajes imaginarios que siempre podemos realizar.

Pero hay que tomar en cuenta que los lugares han sido construidos para ser habitados, que aunque sea en nuestra imaginación o como fantasmas los tenemos que visitar, porque una ciudad deshabitada está muerta.



La ciudad de los inmortales
Jorge Luis Borges (fragmento)

Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de lo complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y la balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros, en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo ya saber si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas.


Comala
Juan Rulfo (fragment)
Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de la saponarias.
El camino subía y bajaba: "Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para él que viene, baja."
-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
-Comala, señor.
-¿Está seguro de que ya es Comala?
-Seguro, señor.
-¿ Y por qué se ve esto tan triste?
-Son los tiempos, señor.
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: "Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche." Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma... Mi madre.
[…]
Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé. Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser.; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande, donde bien podía caber el dedo del corazón.
Es el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera.
-Mire usted -me dice el arriero, deteniéndose- ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿ no ?
-No me acuerdo.
-¡Váyase mucho al carajo !
-¿Qué dice usted ?
-Que ya estamos llegando, señor.
-Sí, ya lo veo. ¿ Qué paso por aquí ?
-Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.
-No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado. Parece que no lo habitara nadie .
-No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.
-¿ Y Pedro Páramo ?
-Pedro Páramo murió hace muchos años.
Era la hora en que los niños juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde. Cuando aun las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol.
Al menos eso había visto en Sayula, todavía ayer a esta misma hora. Y había visto también el vuelo de las palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños revoloteaban y parecian teñirse de azul en el cielo del atardecer.
Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos. Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer.



Macondo
Gabriel García Márquez (fragmento)

Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo.


Utopia
(Tomas Moro (Fragmento)

DESCRIPCIÓN DE LA ISLA Y SU AGRICULTURA

La isla de UTOPIA se extiende unos doscientos kilómetros, y por largísimo espacio no se estrecha considerablemente, pero ea sus extremos queda reducida a unos cincuenta kilómetros. Dichos extremos están como torcidos, de manera que toda la isla tiene una forma parecida a la de la luna nueva. Estas partes extremas, azotadas por el mar, distan una de otra unos once kilómetros. Entre estos brazos se forma como a manera de un lago apacible, quedando un refugio muy bien acomodado, desde el que pueden mandar sus flotas a otras regiones y países. Las gargantas que forma la entrada, que por una parte tienen bancos de arena y vados, y por otra parte escollos disimulados, ponen espanto al que pretendiera entrar como enemigo. Casi en el centro de este espacio existe una gran roca, en cuya parte superior han construido un fortín, y en el que existe un presidio.

Hay muchos escollos ocultos (y por lo tanto muy peligrosos) de los que solamente tienen conocimiento los prácticos, de lo que resulta que muy raramente puede pasarlos ninguna nave extranjera que no esté guiada por uno de UTOPIA. Y si pretende entrar sin guiarse por ciertas señales que hay en la playa, cualquier armada enemiga embarrancará. Dentro de dicho lago existe un puerto de mucho tránsito, con un desembarcadero natural muy bien acomodado, de manera que poca gente de guerra pueden poner en retirada a un ejército considerable.

Se cree (y el aspecto del lugar lo confirma) que aquel país antes no estaba totalmente rodeado por el mar. Pero Utopo, de quien tomó nombre la isla, por haberla conquistado, ya que antes se llamaba Abraxa, fue quien hizo que sus moradores, que eran rústicos y muy atrasados, vivieran de manera humana y civil. Fue él quien mandó formar un istmo de unos diez kilómetros, con lo que UTOPIA quedó separada de la tierra firme y convertida en una isla. Hizo que trabajaran en dicha tarea, no solamente los moradores antiguos, sino también los soldados, y con tan gran número de brazos el trabajo quedó realizado en muy poco tiempo, dejando admirados a los pueblos vecinos, que al principio se burlaban de ellos.



Algunos recuerdos turísticos de estos viajes:











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