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"Hablábamos como hombres"

"Parecíamos hombres y hablábamos como hombres"
Lanzadora de disco Brigitte Michel.


Mi nombre es Andreas Krieger. Soy alemán, tengo 39 años y estoy casado con Ute. Tengo una hija, Katia, del primer matrimonio de mi mujer y estudio para ser diseñador. Hace mucho tiempo yo fui niña y campeona de Europa de lanzamiento de peso en la República Democrática Alemana (RDA). Mi nombre, Andreas, es griego y significa hombre. Tengo un álbum de fotografías de cuando era niña y me llamaba Heidi.

A los 14 años empecé a asistir a la Escuela Deportiva para Niños y Jóvenes de Berlín porque quería ser una atleta. A los 16 empecé a recibir unas pastillas redondas azules envueltas en aluminio. A los 18 pesaba 100 kilos. A los 21 años quedé campeona europea de lanzamiento de peso.

Aunque yo no lo sabía, esas pastillas eran esteroides androgénicos. Andreas, mi nombre, significa hombre en griego. Los esteroides androgénicos tienen compuestos que estimulan el desarrollo de hormonas masculinas. Con las pastillas el pecho me dejó de crecer, el tórax se robusteció, me creció más masa muscular, mi voz se volvió más grave e incluso me salió un poco de vello en el rostro. Empecé a sentir cambios de humor entre la rabia y la euforia. En una ocasión golpee a un boxeador que me había irritado. Podía levantar 260 kilos sobre mis hombros.

Era grande y fuerte como un hombre. Nunca me pensé lesbiana, pero nunca me había enamorado de ningún hombre y si lo había hecho de dos mujeres, compañeras del atletismo en una época en que no conocía a nadie fuera de mis compañeras. Sólo las conocía a ellas y a mis entrenadores: los hombres en los que confiaba como en mis padres En esa época lo único que existía era el deporte, todo lo demás que pudiera concebir no era parte de mi vida. El deporte era el único lugar donde de verdad pertenecía. Mis entrenadores eran como mis padres, las horas de entreno el único momento en que me sentía viva.

A los 26 años mis rodillas, caderas y espalda no aguantaron más esfuerzo y mi vida deportiva terminó. Lo que había sido toda mi existencia de los últimos 12 años, desapareció como un suspiro o un mal sueño, pero ya no tenía forma de despertarme. No era hombre ni mujer, no era nadie. Tres años después intenté suicidarme.

Cuando tenía 30 años conocí a ****. Él había sido mujer como yo pero después de largas y dolorosas operaciones finalmente se sentía un poco más cómodo con su cuerpo: Era transexual. En una ocasión me dijo que sentía que su cuerpo no le pertenecía, que vivía en un cuerpo prestado. Nos hicimos muy amigos y me contó toda su experiencia. Ahora, nueve años después sé muy bien lo que quería decir con ese comentario.

La operación fue sólo un cambio más. Todo comenzó a los catorce años con las píldoras que me empezó a dar mi médico Hans-Joachim Wendler como “preparación farmacológica”. La operación sólo terminó la tarea comenzada por mis entrenadores. Actualmente sigo utilizando hormonas, pero esta vez como inyecciones terapéuticas para mantener el sexo que yo he terminado por aceptar aunque en alguna parte de mi organismo todavía hay señales que dicen que soy mujer, todavía tengo que acallar esos impulsos.

El 30 de mayo de 2000, comenzó el proceso judicial contra Manfred Ewald ex miembro del partido nazi y la máxima autoridad del deporte en la ya desaparecida RDA y contra Mandred Höppner, principal médico deportivo. Tuve que enfrentarme una vez más con el pasado que aun continua detrás de mí. En el juzgado vi la fotografía de la joven que fui y no me pude reconocer en ella. ¿Qué castigo se le puede dar a los hombres que te robaron de ti misma?.

Aunque Ewald y Höppner fueron declarados culpables se les concedió la libertad condicional.

Pero mi historia es sólo una de las muchas similares que existieron en la RDA. El origen del problema viene del año 1949, cuando el líder político Walter Ulbricht anunció que sus deportistas serían los auténticos embajadores del país. El deporte fue utilizado como plataforma propagandística por las autoridades alemanas orientales. Era natural que quisieran campeones.

El problema continúa por otros caminos, los químicos siguen siendo la herramienta más importante en el entrenamiento de los deportistas. Ningún deportista que pueda lanzar, correr o saltar encima de los records actuales lo hace bebiendo sólo agua. El Dr. Vadea Exum, el funcionario oficial de Estados Unidos responsable de las pruebas de dopaje, renunció en el 2000 como protesta, alegando que la Comisión Olímpica de Estados Unidos, en los trabajos vinculados a los Juegos de Sidney, estaba alentando deliberadamente el dopaje de atletas sin considerar las consecuencias para su salud. El problema continua y nadie lo quiere ver, lo único que buscan es que salten, corran y lancen más que ninguno o ninguna.

Más de 1000 demandas de ex deportistas se han presentado por el mismo problema. El gobierno Alemán pagó dos millones de euros como indemnización. Pero si una niña quiere ser deportista tiene que poder confiar en sus entrenadores como si fueran sus padres. No tiene que ser tratada como una herramienta o una máquina más para ganar una competencia.

"Podía viajar, reconocían mi mérito... Tenía la sensación de pertenecer a algo. Eso es lo que yo quería: pertenecer a algo. Desde mi punto de vista, me lo merecía. Había trabajado duro. [...] Pero no tenía control, no pude descubrir por mi misma a qué sexo quería pertenecer." (La verdadera Heidi Krieger)

Sobre la indemnización del gobierno alemán:
http://www.el-mundo.es/salud/2002/485/1024674583.html
La hisotira de Heidi Krieger
http://club2.telepolis.com/lokarrrrrr/ARTICULOS/de_campeona_a_hombre.html
Las drogas en el deporte:
http://www.ratrobot.com/writing/sport/
El comunismo y el dopaje:
http://www.elasere.com/Publica/leer.asp?numero=500
Documento PDF: El dopaje, la mentira del superhombre:
http://www.a-alvarez.com/boletines/esqui/BoletinEsquiJunio02.pdf

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