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Versiones del Quijote


Leo en Los Tiempos el último domingo el artículo sobre el Quijote de Rodrigo Antezana. El autor llega al Quijote por comics, películas y series de televisión, pero evita dar el último paso, leer el Quijote. Es cierto que es uno de los libros más versionados y adaptados que existe (quizás junto con la Biblia) pero hay que tener en cuenta que las adaptaciones son únicamente homenajes a un libro y maneras de acercarse a él. Quedarse con la “idea”, con estas aventuras de molinos y de gigantes, de que es una historia escrita en lenguaje difícil, que es un libro importante y difícil de leer, es quedarse con la portada y perder la oportunidad de zambullirse en la historia. Esta historia de los molinos, por ejemplo es la primera y única a la que muchos llegan porque se ha convertido tan conocida que ha cobrado más importancia que el resto de la obra. Para muchos los molinos son la historia del Quijote, y lo que existe alrededor son sólo versiones de esta única y genial aventura. Y ese es un gran error, porque aunque conozcamos de memoria todas las anécdotas del libro gracias a dibujos animados y películas para la televisión, se quedan en nada si no aceptamos su invitación y no leemos la historia que permite que estas versiones nazcan y descubramos por nosotros mismos qué tiene la historia de ese viejo loco que atrae y maravilla tanto para terminar creando tal cantidad arte.

Pero ahora alejémonos de eso, Rodrigo Antezana hace un breve repaso a las versiones que conoció del Quijote, pero se quedó corto, también contentándose con la portada de todas las versiones del Quijote que existen. La lista de adaptaciones del Quijote podría ser tan extensa como el libro que les dio origen.

Ya desde su nacimiento el Quijote vino con la idea de escritores ingeniosos que querían hacer un homenaje, o quizás aprovechar la fama del primer libro. Fue el Quijote de Avellaneda escrito después de la primera parte del original, y atacado por el mismo Quijote en la segunda, la primera versión-homenaje-plagio. Pero si no hubiera existido este libro nunca hubiéramos tenido la tercera salida del Hidalgo o esta hubiera sido muy diferente. La decisión de tomar el camino hacia Barcelona en lugar que hacia Zaragoza, como explica en el epílogo en la primera parte, se da porque Avellaneda lleva a su don Quijote justamente a Zaragoza. Cervantes quiere demostrar verdaderamente cual es la historia real y hace decir al mismo Quijote que tomará otro camino para desenmascarar a aquel escritor. Además Cervantes decide matar al Quijote en el segundo libro quizás para evitar que sea retomado por otros escritores que inventen nuevas peripecias para el caballero y que ya cansado de tanto pueda descansar. Pero eso es algo que aunque lo intentó no logró hacerlo, Don Quijote y su escudero Sancho Panza tendrán camino para rato.

La siguiente adaptación lógica del libro sería el teatro, en una época en que este reunía tanta gente y producía tanto dinero como hoy el cine y nombres como Lope de Vega o Calderón de la Barca vivían con el sello de la celebridad. En 1640, 25 años después de la segunda parte, se realiza en Paris una de las más famosas interpretaciones del Quijote y en 1668 la compañía de Moliere la volverá a interpretar con el mismo Moliere en el papel de Sancho. A partir de entonces nunca se dejó de realizar versiones para el teatro e incluso hoy en día se siguen creando nuevas formas para contar la misma historia con, por ejemplo, la interpretación del grupo de vanguardia “La fura dels Baus” con un interpelación moderna del Quijote que habla de la pluri-realidad y del otro.

También encontrarían las aventuras de Don Quijote de la Mancha su propio lugar en la música convertido en overtura (Telemann), en ópera buffa (Philidor), en poema sinfónico (Richard Strauss), en ópera (Antonio Salieri) e incluso en comedia musical en el siglo XX (Jacques Brel). Así como muchísimas obras musicales y coreográficas caídas en el olvido.

La literatura infantil también se ha visto beneficiada, siendo una de las más antiguas “Don Quijote para los niños” de San Peterburgo de 1867, existiendo una notable colección de versiones en diferentes idiomas, editoriales y enfoques. Así se demuestra que incluso las historias más difíciles de don Quijote pueden ser mejor entendidas por un niño que no tiene ningún tipo de concepto previo de la obra, ni la considera difícil o importante, sino simplemente las aventuras de un loco genial.

Pero donde más propensas a aparecer las versiones del Quijote sin lugar han sido en el lienzo y el papel, en adaptaciones hechas por pintores, dibujantes, grabadores e ilustradores. Las primeras versiones ilustradas aparecieron en Francia con los dibujos de Jerome David o los de Charles-Antoine Coypel. La primera edición de lujo editada en Inglaterra trajo las estampas de William Hogarthd y de otros artistas que profundizaron en las ilustraciones del Quijote. Pero no fue hasta el siglo XVIII, con la edición de Ibarra, que se publicó en España la novela de Cervantes ilustrada, edición en la que iba a participar Goya pero su estampa fue rechazada. En el siglo XIX, el Quijote de Gustave Dore fue el de mayor importancia y el que ha determinado para muchos lectores la imagen de Don Quijote.

En la misma literatura, Don Quijote tendría una preeminencia importante porque saliendo de ella encontraría en otros escritores sus principales defensores, pero también los creadores que investigarían el universo de Cervantes. Obras como “Los inuencibles hechos de don Quijote de la Mancha” de Lope de Vega y Carpio publicada dos años después de la segunda parte, o la muy famosa, pero también cuestionable,
”Vida de Don Quijote y Sancho según Miguel de Cervantes Saavedra” De Miguel de Unamuno, reinterpretaban las aventuras de caballero y escudero convirtiéndolo en esencia misma de la literatura.

Ya en el siglo veinte Don Quijote saltaría a los medios que caracterizarían a esta época. En 1908 se realizaría una película muda en blanco y negro, y en 1923 llegaría la famosa versión de Maurice Elvey de la misma historia. A partir de entonces, versiones de diferentes países y según la técnica mejoraba, iban apareciendo en todo el mundo, como la muy lograda de G. W. Pabst de 1933 o la conocida versión española de Rafael Gil en 1948. Versiones como el quijote de Grigory Kozintsev de la Unión Soviética o la famosa versión musical de Arthur Miller con Peter O´Toole y Sofía Loren demostraron que la historia seguía viva sin afectar dónde o cómo fueran contadas. También lo intentaron Orson Wells (en un proyecto no finalizado) así como Terry Guillian que acabó con un documental. Hoy en día siguen apareciendo versiones modernas como la del Peter Yates o la de Manuel Gutiérrez Aragón que continúan con la lectura de un mismo libro.

Para acabar, la televisión sería el último lugar donde el Quijote haría su entrada. Ya sea como la famosa serie de dibujos animados de Santiago Romagosa o la versión para televisión adaptada por Camilo José Cela e interpretada por Fernando Rey, el Quijote contado en capítulos sigue apareciendo como este hombre loco, sabio y genio.

Pero enumerar todas las versiones es imposible e inútil, ya sean las postales y miniaturas, los muñecos de plástico, los ensayos sesudos, las narraciones irrespetuosas o irresponsables, los homenajes sutiles. Pero como demostró Pierre Menard volver a escribir el Quijote, el auténtico, es un trabajo monumental, aunque sea en películas o comics y nunca se podrá abarcar su totalidad. Y a pesar de todo lo pasado, el Quijote sigue siendo único y original, y cada adaptación muestra otra forma de ver un mismo libro. Esta continua representación no hace otra cosa que revelar la energía de la fuente, la obra escrita hace cuatrocientos años sigue viva y que tenemos que acudir a ella para entender cómo ocurre esto.