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La tea y la serpienteLos tres hijos del díos sol acompañaban a su padre en el recorrido diario por el cielo mientras llevaba la luz en forma de una gigantesca tea. Pero el cielo era un río y el río estaba poblado de caimanes y de serpientes. Y una de esas serpientes era el peligroso dios Apep. Como el río y la luz no siempre están talladas en piedra, hay movimiento e intriga en esa lucha diaria que dura eternamente. Lo primero que hace Ra por las mañanas es preparar los aparejos en su bote celestial, a pesar de su edad todavía es vital y aunque las canas ya cubren su cabeza aun se levanta antes que sus hijos para comprobar que la tea haya pasado la noche con una pequeña llama. En el caso de que esa llama se apagara la oscuridad podría apoderarse del mundo. Pero eso no puede pasar porque para que la llama se apague Ra tendría que morir. En seguida llegan alegres sus dos hijos, Osiris e Isis. El primero es un joven orgulloso y altivo, tiene los músculos fuertes como rocas y un destino brillante en su futuro, la segunda es delicada pero con una fiereza en la mirada que hace temblar a los hombres. Tiene la piel dorada por todos los años de trabajar bajo la luz del sol y los rasgos finos y hermosos. El tercero en llegar es Set, es delgado y más alto que sus hermanos, lleva una diadema de oro en la frente como símbolo de su riqueza, la riqueza de su padre, y tiene el rostro vacío de cualquier expresión. Hay un tercer hombre en la embarcación, Mehen. Un anciano de barba blanca, de ojos oscuros y conocedores del gigantesco río. Lleva un traje ajado de muchas lavadas pero impecablemente limpio. Aunque Ra es el capitán del barco, Mahen es el que lo guia. Conocedor cada curva y cada remanso del río, sabe siempre cómo atravesar los cielos para llevarlos al buen puerto del atardecer. La barca en la que montan está desprovista de ornamentos y florituras, tiene manchas de pez en las junturas y parches de madera nueva reemplaza trozos que han sido destrozados por el mal tiempo o el uso, es una barca útil como cualquiera que parte junto a la suya para pescar, sólo que la misión de esta barca es muy diferente.
Osiris empuja la barca con un bichero para apartarse del puerto y Mahen controla el tráfico para no colisionar con otra barca, a esta temprana hora de la mañana, antes del amanecer, muchas barcas de pesca se preparan para salir a las causes del Nilo. Entretanto Set, con la espada envainada pero la mirada vigilante controla troncos sospechosos o el sinuoso deslizarse de las serpientes sobre el agua. Sabe que están en continuo peligro y por eso nunca desvía la mirada. Este viaje se repite idéntico cada día, aunque cada día es distinto. Tormentas, secciones pantanosas del río, nubes de mosquitos, pero siempre siguen adelante y llegan sin problemas al atardecer. Pero de vez en cuando se encuentran con Apep y la batalla comienza. Apep es una serpiente, poderosa y maligna que quiere la tea del sol para si. Cuando entra en furioso combate es atacada por ambos flancos por Set y por Mahen que aunque anciano sabe cómo defender su barca. En muchas ocasiones Apep devoró entero la barca pero no pudo combatir con el frío acero que le partía las entrañas y liberaba sus prisioneros. Algunas noches llega Set sangrando al puerto del atardecer, su hermana le venda el brazo con lino limpio y Osiris le trae alimento y bebida para que pueda descansar. Cuando eso pasa piensa que él es el que hace el trabajo difícil. Que él es el verdadero protector de su padre. Es por esta razón que cuando su padre Ra se volvió anciano y decidió recluirse en la morada de los dioses y le dio el poder a Osiris, Set se volvió loco de furia. Él merecía esa herencia, él había sido el que había salvado a su padre demasiadas veces. En el último viaje de Ra hacia el mundo de los dioses, esta vez a bordo del “barco de los mil años”, Apep conocedora que era su última oportunidad para enfrentarse a su enemigo, atacó al bote por la popa desestabilizando el timón y tirando por la borda a Mahen. Set se encontró entonces solo para defender a su padre y sus hermanos. Un rayo de ira le nubló el entendimiento, cogió la tea y con ella en brazos se lanzó por la borda para salvar su vida y de esta manera dejar a las voraces fauces de la serpiente a su familia.
Es así que la tea se apagó y con ella el sol. Apep vio que ganaba la batalla sin ganarla. La última batalla con su enemigo había sido frustrada a su favor, veía logrado su cometido pero no su orgullo, así que después de un momento de desconcierto volvió a la carga para intentar salvar su honra en un asesinato sin sentido. Tanto Ra como Osiris e Isisi estaban indefensos. Ra el soberano tenía dos mascotas predilectas, una era una pequeña leona llamada Sekhmet, la otra era una orgullosa gata llamada Bastet. En este último viaje Ra había enviado a Sekhmet a castigar a los hombres que se habían burlado de él por su vejez y sólo viajaba a bordo la hermosa Bastet. Cuando el sol se oscureció de pronto al tocar el agua del río, en la cabina donde la gata dormía algo la despertó, una fuerza anterior a la creación de su amo el sol, anterior incluso a la fuerza de la tea que acababa de apagarse por primera vez. Esa fuerza la hizo asomarse al exterior donde encontró a una serpiente que ya había atrapado a Ra en un abrazo mortal. Un grito salió de las fauces inabarcables de la serpiente que liberó a su presa para intentar defenderse de su atacante. Pero era demasiado tarde, estaba ciega y no sabía de donde venían las mordidas, los arañazos, los bufidos furiosos. Finalmente encontró el borde de la barca y saltó hacia las turbias aguas. Una mancha de sangre pestilente quedó flotando en el río detrás suyo. Cuando Osiris encontró a su hermano aferrado a una roca todavía con la tea apagada en manos se la quitó y la encendió devolviendo la luz al mundo. Ra ahora residía en la morada de los Dioses y él era el encargado de proteger la llama. Set no volvió a subir a la barca. La historia de Bastet no acaba aquí. |
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