La cocina caníbal
acompañada por partes iguales de relleno y de guarnición.
Roland Topor
No se puede hablar de canibalismo sin olvidar la gastronomía, el arte primigenio del disfrute en la alimentación. Aunque puede pasar por desagradable las recetas de cocina “caníbales” son más que simples sugerencias del chef, son una metáfora de las relaciones humanas en cuanto todos somos cazadores y presas. Todo esto nace del encuentro casual del libro “La cocina caníbal” del escritor, ilustrador, surrealista, fundador de la formación de vanguardia “Teatro Pánico”
Roland Topor nació en París el siete de enero, en 1938 y de padres polacos. Su padre, Abram Binsztok, era escultor y pintor. Estudió Topor en la escuela nacional de Bellas Artes de París, y grabado con Edwad Goerg. Publicó su primer dibujo en 1958 en la revista Bizarre. Le siguieron colaboraciones en Arts, Le rire, Fiction, donde publicaría también sus primeros cuentos- Hara-Kiri. Fundador con Arrabal y Jodorowski del grupo Pánico, de influencias surrealistas. Alternará su obra entre los campos del dibujo, el cine, el teatro y la literatura en una variada gama de papeles - autor, escritor de ópera romántica, guionista, dibujante, actor, director, autor de canciones, fotógrafo,- pero siempre manteniendo un característico poso de humor y terror negro y grotesco.
Web de Roland Topor
La cocina caníbal entonces está relacionada con el humor negro y absurdo, con la metáfora de las relaciones humanas, con la más fina gastronomía de vanguardia, con el surrealismo rompedor y al final de cuentas el absurdo del ser humano como ser que se siente complejo pero que cuando lo pasan al nivel de alimento muestra todas sus debilidades, estupideces y orgullos como los animales de las fábulas de Fontaine o las figuras animadas de la Warner: Algunas enfermedades, como la diabetes, por ejemplo, pueden ser una verdadera bendición para el gourmet (verbigracia, los alcohólicos y su sabrosa cirrosis de hígado).
He aquí un ejemplo de las finas y elegantes recetas de Topor (ATENCIÓN LOS DE ESTÓMAGOS SENSIBLES).
El Bobo Adornado
Coja un bobo, desnúdelo, búrlese de él. Déle unas patadas, mátelo, córtelo en trozos de igual grosor y póngalo en una marmita junto con un buen pedazo de mantequilla, sal, pimienta, especias, ajos y perejil picado. Déjelo soasarse bien y añada un chorrito de vino blanco y un poco de caldo. Cuando el bobo empiece a hervir retírelo del fuego y sírvalo bien adornado. Cómaselo discretamente hablando de alguna otra persona.
Mamá a las rosas blancas.
Bese a mamá en las dos mejillas y luego córtela en dos; échela en agua hirviendo; quítele la cabeza que sonríe bondadosamente – podría estropearle el apetito -, la columna vertebral y todos los huesos que pueda. Prepare las patatas cocidas y cortadas en rodajas que pondrá en una ensaladera. Mézclelas con pequeños cachitos de su mamá, y alíñelo todo con aceite de oliva en el momento de servir. No se olvide de poner unas rosas blancas debajo del plato: protegerán el mantel y además, a su mamá le gustaban tanto…
Obseso con tropezones de tetas
Corte en trozos a un obseso fresco. Caliente aceite en una olla, eche en ella al obseso y luego los tropezones de tetas. Remueva los trozos de obseso de cuando en cuando, pero sólo una o dos veces los tropezones de tetas para no estrujarlos demasiado. Sírvalo todo, bien escurrido y humeante, con mostaza blanca.
Campeón sobre el podio
Consérvelo durante veinticuatro horas en la más cruel incertidumbre. Después termine con él lo más rápidamente posible. Hágalo cocer en agua sin sal y sírvalo sobre un puré de trufas.
Enamorados desenamorados
Separe a dos enamorados. Ponga en una olla un trozo de mantequilla del tamaño de un bebé. Cuando la mantequilla esté caliente, mate a los enamorados desechos en lágrimas, vacíelos, y, después, póngalos a cocer juntos. Cuando hayan adquirido una bonita palidez, retírelos. Haga un caldo con harina y mantequilla, sal, pimienta, un ramito de muguete (si es temporada), tomillo y laurel. Vuelva a echar a los enamorados en la olla, con una docena de cebollitas tiernas y, quince minutos antes de servir, añada unos cuantos champiñones. Se puede agregar unos golpes y unas cuantas heridas.
Cuando un hombre ha llegado a mi edad, tiene derecho a sentarse en la cazuela y cocerse.
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