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La última cena

Última cena de Donald Jay Miller, edad 37, ejecutado en Arizona, 11/8/00Navegando por las páginas de siempre aparezco en una macabra lista. Las últimas comidas que han pedido los presos condenados a muerte en el estado de Texas. Al parecer según las leyes de la ironía que precede a este crimen legal, se les concede a los condenados una última cena con todo lo que puedan desear.

Los registros de los condenados muestran el sumario del juicio en el que se dio el veredicto. Todas sus historias están allí, desagradables y mórbidas, como si estuviéramos hablando de personajes de novela negra. Asesinos, violadores, ladrones, muchos de ellos con un historial plagado de estadías en la cárcel y juicios que los dejó libres nuevamente. Sus fotografías, de frente y perfil, muestran seres humanos que quisiéramos adivinar de rasgos afilados y mirada peligrosa como si se tratara de aquel gen del mal que algunos científicos defendían, como aquellas descripciones frenológicas que decían que por los rasgos se puede adivinar al asesino. Pero no, los rostros son de seres humanos, como cualquiera que podemos encontrarnos en la calle, algunos incluso familiares como si los hubiéramos visto ayer mismo detrás de la barra de un bar o con traje y corbata presidiendo la corte. No hay nada extraño en aquellos hombres salvo que ninguno de ellos ya existen y han sido juzgados y condenados por un sistema legal medieval que prefiere hacerlos desaparecer que cargar con ellos. Prefieren cortar el brazo gangrenado en lugar de atacar a la infección.

Pero hablaba de las últimas comidas que estos hombres pedían. ¿Qué quieres tener en el estómago cuando te despidas para siempre?. Es extraño notar que casi todos los condenados siguen un mismo patrón: Dos cheeseburgers dobles, 12 piezas de pollo, dos sandwiches de queso derretido, 3 enchiladas de carne con cebollas, una chesburger con queso chedar y mozzarella, dos sandwiches de tocino, lechuga y tomate, una Piza (carne, tocino, y varios tipos de quesos), Enchiladas, burritos. Qué quieren decir estas cantidades absurdas de comida rápida, comida grasosa y que es la plaga de la alimentación, es quizás el tipo de comida que esos hombres han comido toda su vida y no conocen más. Otros, muy pocos, piden platos quizás más perturbadores: Una jarra de pepinillos en vinagre, 4 huevos hervidos, una torta de cumpleaños, limonada fría, huevos revueltos, una manzana, un yogur, ensalada de lechuga y tomates. Son platos quizás más extraños por su sencillez, por la indiferencia con que se enfrentan a, esta vez sí, su última comida.

¿Qué comerías tu en tu última cena?. ¿No sería quizás una fiesta?, o probablemente más bien tengas el estómago cerrado sin ganas de comer nada. Que templanza de carácter hay que tener para poder comerse un pollo entero el día que sabes con certeza que morirá. Muchos hombres declinaron su última cena, al menos uno, con una voluntad quizás mayor, decidió comer lo mismo que comían los presos de toda la prisión. ¿Cómo se sentirán esos hombres?. Los habrá arrepentidos y otros seguros que lo que hicieron estaba bien, muchos negarán al cura que en un ridículo intento de salvar sus almas pediré que se confiesen. Mejor que nadie esos hombres hace mucho tiempo tomaron una decisión respecto a sus almas.

La lista en esta página habla de 301 hombres, desde diciembre del 82 hasta marzo del año pasado. Por alguna razón me intranquiliza pero al mismo tiempo me atrapa esta lista de nombres, fechas, juicios y comidas. ¿Cómo se relaciona el alimento y el asesinato?, la ¿condena y la fecha?, ¿la fotografía del asesino y el nombre de sus víctimas?. Hay algo de perturbador que no permite que quedes tranquilo ni que apartes la vista. Conocer el último instante del alguien es en esencia inquietante, ya sea cuando le cae una bomba encima o la bala de un militar, ya sea cuando por decisión social deciden acabar con su vida, ya sea que la muerte lo encuentre en la cama; inquietante, pero por eso mismo monstruoso. No podemos ver la escena de frente, pero siempre la veremos con el rabillo de los ojos. La muerte nos fascina porque un día nos tocará a nosotros. Y un día también tendremos, sabiéndolo o no, una última cena.

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Comentarios

1
De: Anónimo Fecha: 2009-04-17 16:20

respeten que eso son cosas sagradas que les pasa para eso a sen el internet para ser cosas malas y eso aver respete la comida



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