El forasteroInicio > Historias > Código 46
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Any human being who shares the same nuclear gene set as another human being is deemed to be genetically identical.
All prospective parents should be genetically screened before conception. If parents knew they were genetically related prior to conception it is a criminal breach of code 46. Cómo puedo comenzar a hablar sobre “Código 46”. La vi hace ya dos días y mi cabeza sigue dándole vueltas a la historia, continúa perdida en aquellas desérticas carreteras, entre las líneas paralelas y grises de los edificios, con el peligroso e injusto sol. Es como intentar hablar de una película inmensa pero pequeña, como intentar acercarse por primera vez a “Lost in traslation” y no poder salir de una sola pieza sin haber dejado algo muy personal entre sus muros. “Código 46” es una película pequeña pero inmensa, estrenada ya hace un año pero que recién llega nuestras egoístas pantallas del cine.
Primero el resumen de rigor: Es un mundo futuro, cercanamente futuro, en que la sociedad finalmente se ha separado entre el mundo interior y el exterior (léase, primer mundo, tercer mundo, léase oportunidades y pérdida de esperanza) vivimos en una sociedad de control en que siempre estamos bajo una cámara de vigilancia, los viajes están regulados mediante seguros de viaje y las decisiones importantes se toman sin que estemos concientes de ellas (“The Sphinx knows best”).. Al final de cuentas una sociedad muy parecida a la nuestra y sólo levemente diferente. La película cuenta la historia de William (Tim Robins), un investigador empático (casi un precogn) que tiene como tarea investigar la falsificación de seguros de viaje. La falsificadora María, (Samantha Morton) es una joven trabajadora de “La esfinge”, la empresa encargada de conceder permisos y seguros. El investigador se enamorará de la joven y aunque descubre su secreto no la delatará, y aunque comprende que no puede estar con ella por causa del código 46, igual intentará hacerlo. ¿Por qué hablé de “Lost in Translation” al principio del artículo?, porque a pesar de las diferencias “Código 46” no es otra cosa que le película de Sophia Coppola ambientada en un futuro cercano. El Shangai con el que se encuentra William no es tan diferente al Tokyo de Bob Harris. La extraña relación entre William y María, no difiere mucho de la de Bob Harris y Charlotte. La búsqueda de sentido de Charlotte no nos es ajena al medio de conocer su destino de María. Los ambientes fríos, opresivos, los edificios inimaginables, las discotecas orientales llenas de ruido y gente, los repletos vagones de multitudes, los restaurantes de comida oriental, lo desconocido pero cercanamente familiar. Es muy fácil ver una película desde la otra, ampliar la visión con esta visión cruzada. El error trágico (SPOILERS ALERT) La relación de William y María está condenada desde el principio por el código 46, su trasgresión se convertirá en el error trágico (que es el motor de todas las tragedias griegas) que permitirá que la relación surja y por lo mismo finalice. La lucha contra los malos juegos del destino, (a María le borran de la memoria el haberlo conocido), y finalmente su resignación (sabiendo cómo ella actuará decide no impedirlo). Una vez más nos enfrentamos a aquella certeza que nos dice que en el mundo actual (y con mayor razón en el mundo futuro) no podemos enfrentarnos a la fuerza que nos arrastra, como la masa de gente que entra al metro. Es imposible enfrentarse a la realidad, pero siempre nos queda la posibilidad de la intima rebelión, de quitarle al destino 24 horas para vivir una vida propia, no consensuada. En esta nueva realidad el personaje de la tragedia clásica no se enfrenta a los dioses porque ha entendido que no puede vencerlos, en este cercano futuro sólo se intenta engañarlos para que nos dejen libres por un corto tiempo. 24 horas de viaje a Shangai, unas noches insomnes en un desconocido hotel de Tokio, unas horas de oscuridad y bullicio en una discoteca oriental como música de “The Clash” de fondo. Y aunque todo finalice y nos deje la mirada llena de tristeza, habrá valido la pena, porque a partir de ese instante es imposible concebir la vida sin haberlo conocido. Y aunque te borren los recuerdos, tu cuerpo la seguirá recordando y extrañarás algo que no sabes que has perdido. Post Data sobre Samantha Morton
Si la hermosa replicante Paris, amante de Roy Batty y muerta entre chillidos de agonía fue la musa de la ciencia ficción inteligente de los años 80. Samantha Morton con ese rostro infantil, grandes ojos azules y el cabellos (una vez más) cortísimos, como ya la vimos en Minority Report como Agatha, y en esta película como María, es nuestra nueva Musa. Hay algo de profundo en su mirada, algo de tangiblemente triste a pesar de su amplia sonrisa. Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/29341
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