Inicio >
Historias > Viaje a las estrellas
Hace menos de medio siglo habíamos detectado aquel planeta con vida. En su momento fue la noticia más sorprendente que los medios de comunicación publicaron nunca. Pero pronto pasó la novedad y los científicos empezaron a desarrollar nuevos instrumentos de observación, de análisis, de recolección. La información era aun insuficiente pero estábamos intrigados con lo que habíamos descubierto. Al parecer aquel pequeño planeta tenía vida inteligente. No falto mucho para que los gobiernos de los diferentes países se pusieran de acuerdo para enviar una misión de contacto. Me escogieron entre un grupo inmenso de excelentes muchachos muy bien preparados. Cada uno de los países más importantes prepararon un viajero, pero al final sólo cinco entramos a la nave de última tecnología que prepararon para nosotros. No fue la primera nave espacial pilotada que construirían, ni mucho menos, llevábamos al menos un siglo con viajes al espacio exterior, pero esta nave fue la primera en su género con tecnología que era secreto militar y sólo para la misión se logró que se compartiera.
Desde el principio, el viaje salió mal. Los cálculos eran exactos, pero por causa del despegue se gastó más combustible del programado. No era un problema importante pero nos predispuso de un humor extraño y lleno de malos augurios.
El viaje fue cómodo y no extremadamente largo. La tecnología desarrollada para este tipo de viajes era verdaderamente formidable y muy pronto vimos ampliarse en las ventanas el planeta hacia el que viajábamos, era pequeño y de colores extraños, pero suspendido en la negrura del espacio tenía algo de hermoso y de intrigante. El ingreso a la atmósfera del nuevo planeta nos mantuvo atentos a los controles, pero en pocos minutos ya nos encontrábamos sobrevolando a gran altura este planeta que nadie había pisado nunca.
Muy pronto todo empezó a ir mal. Empezamos a tomar muestras y buscar un lugar para aterrizar pero cuando nos empezamos a disminuir altura una forma oscura chocó contra nosotros. Creíamos que nos habían atacado, pero no hubo tiempo para fijarnos mejor y tuvimos que prepararnos para un aterrizaje forzoso. El violento choque dejó una capa de polvo en el ambiente, llamas de fuego habían encendido la vegetación nativa. Respirando humo me arrastré hacia el exterior de la nave muy adolorido y seguramente con más de un hueso roto. Era de noche en este lado del planeta y el cielo estrellado era tan parecido al nuestro aunque no logré reconocer ninguna constelación. Nuestro viaje nos había llevado a un rincón muy extraño del universo. Cuando logré recuperarme grité a mí alrededor buscando a mis compañeros pero no escuché ninguna respuesta. Una pared de fuego me separaba de la nave, no tenía la menor idea de si alguien más había sobrevivido. Me encontraba sólo en un planeta extraño, con seres autóctonos que pronto llegarían. Ninguna de las informaciones que los científicos reunieron decían si estos seres eran peligrosos, pero por lo que habíamos visto hasta ahora parecía que lo eran y mucho.
Decidí huir. Al no escuchar respuestas de mis compañeros supuse que no lo habían logrado. Si yo tendría ahora alguna opción de sobrevivir tendría que irme lo más lejos posible y esperar que una nueva misión lograra recogerme. Sabía que me esperaba un tiempo duro. Sin esperar más partí en dirección de la noche.
Pasé un tiempo oculto en cuevas y alimentándome de estas extrañas plantas que no sabía siquiera si eran venenosas o no. Desde lo alto de una montaña vi movimiento a lo lejos pero no logré acercarme lo suficiente para conocer a estos seres que empezaban a despertarme una gran curiosidad. En una ocasión vi a uno de lejos, era alto y parecía fornido. Su composición básica era igual a la nuestra pero sus proporciones eran extrañísimas. Lo seguí un tiempo pero lo dejé temiendo que notara mi presencia.
Sus construcciones demostraban que eran seres muy evolucionados, quizás más que nosotros como planteaban los científicos, pero no me arriesgué a un contacto. Una semana después cuando sospeché que todo se había tranquilizado al rededor de nuestro accidente decidí intentar ver qué había pasado con nuestra nave y si podría recuperar algo, como una radio para comunicarme con la base que desde el accidente no sabían nada de nosotros. Partí en plena noche para que nadie me detectara. Ya me había acostumbrado a aquel extraño color nocturno y la fantasmal vegetación muy poco frecuente en la región donde me encontraba. Llegué a lugar del accidente pero no había ningún resto. Creí que estaba equivocado pero la vegetación nativa carbonizada por el incendio me confirmó que el lugar era el correcto pero no quedaba nada. Probablemente habían encontrado nuestra nave. Mis probabilidades de salvarme cada vez eran más lejanas.
Durante el día, que era cuando dormía, soñaba con mi mujer y mi pequeño hijo que dejé casi recién nacido. Soñé con mis amigos en el bar donde nos reuníamos al final de largas sesiones de entrenamiento. Incluso llegué a soñar con los hermosos paisajes que rodeaban la casa de mis padres. Esas montañas, el cielo inacabable, el océano rugiente. Todo eso estaba ahora tan lejos. Me sabía solo en un planeta extraño y indómito, más sólo que lo que nadie nunca había estado. Empezaba a enflaquecer y de noche apenas podía conseguir alimento. Probablemente comenzaba el invierno o su equivalente porque la vegetación se hizo más raquítica. Un viento frío entraba a la cueva donde me había establecido y pronto me enfermé. Temía esto desde el principio porque me enfrentaba a virus y bacterias que mi cuerpo nunca había conocido. Una enfermedad que para cualquier nativo podría ser benigna sería mortal para mí.
Estaba enfermo y hambriento y quizás por eso cometí un gran error.
Una mañana noté como este extraño sol salía detrás de unas nubes después de muchos días de estar oculto. Con frío por una noche particularmente mala decidí arriesgarme y salir al exterior. Quizás podría conseguir algo de alimento que me fortaleciera a la brillante luz de este sol. Fue así que me hice ver. Un ser nativo vio cómo me arrastraba entre las rocas y emitió un corto chillido. Fue el primer ruido inteligente que escuchara desde el accidente, pero a pesar de eso me pareció más un gemido animal que palabras en un idioma imposible de un ser inteligente.
Huí hacia mi cueva aterrorizado, no sabía cómo reaccionarían ante mi presencia.
Estuve delirando varias horas, me creía nuevamente en mi propio planeta y no en esta roca en el otro extremo de la galaxia. Creí escuchar palabras familiares que me confortaban. Incluso me creí abrigado en mi propio hogar, dentro mi propia cama al lado del cuerpo cálido de mi mujer. Pero cuando me desperté estaba con fiebre y se escuchaban ruidos en el exterior. Me habían encontrado, decidí salir para hacerme explicar, era un emisario de un lugar muy lejano y seguro que ellos tenían mucho que contarme y yo que explicarles. Me sentí como los primeros exploradores enfrentándose a los aborígenes de un país lejano.
Salí al exterior y un grupo de seres numeroso me rodeó. No podía leer en su rostro si tenían miedo, curiosidad, respeto. No entendía sus extrañas facciones. Pero al parecer me apuntaban con una especie de armas alargadas que nunca había visto. Avancé un paso y una voz, más un graznido, chilló a un costado mío. Los seres al parecer activaron sus armas. Mi vida peligraba. Intenté hablar, explicar quien era, decirles que estaba hambriento y enfermo, que no quería hacerles daño, quería hacerme entender. Pero al parecer nuestros idiomas eran incompatibles. Poco a poco el cerco que me rodeaba empezó a estrecharse. Mi cabeza se encontraba pesada, la tensión y el miedo me jugó una mala pasada y en el último instante, cuando uno de los seres estaba por posar una de sus asquerosas extremidades sobre mí, me desmayé. La oscuridad se posó y caí golpeando pesadamente contra el suelo.
Me desperté mucho rato después. Es imposible decir cuanto. Me encontraba en un extraño vehículo. Parecía seguro pero no demasiado veloz. Me habían atado las manos y las piernas como si fuera un prisionero. Detrás de una placa metálica podía escuchar unos graznidos que ya podía reconocer como sus voces. No sabía donde me llevaban. En el exterior el paisaje que ya me resultaba familiar se perdía a mis espaldas. Intenté escuchar a los seres delante de mí, pensé que quizás podría descifrar su idioma, pero era imposible. Era un conjunto de ruidos sin ningún sentido para mí. Con mucho esfuerzo podía decir que era un idioma. Sólo una palabra se repetía y aunque no supe interpretarla si logré aprenderla. La palabra, hablada entre los graznidos que eran sus palabras, sonaba algo así como: ROSWELL.
En ese instante no tenía la menor idea de donde me llevaban y de lo que llegaría a sufrir.
Referencias (TrackBacks)
URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/31721
Comentarios
|
1
|
| De: la maga |
Fecha: 2005-07-15 18:47 |
|
|
bonita foto la tuya
|
|
2
|
| De: mar |
Fecha: 2005-07-16 02:12 |
|
|
este, por ejemplo, está bárbaro... y esa mina de la serie y la peli es insoportable
|
Entradas
Antiguas