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Tags: En alguna ocación escribí sobre Ramón Rocha Monroy tanto aquí como en el periódico. Ahora me devuelve la cortesía en su propia columna del periódico, que orgullo :) .
Páginas de Miguel y de Mariana
Ramón Rocha Monroy Entre muchas, hay dos páginas web hechas por bolivianos, que tienen textos y enlaces inteligentes y sugestivos: www.elforastero.blogalia.com, de Miguel Esquirol, y www.mardesierto.blogspot.com/, de Mariana Ruiz. Entrar a El Forastero puede ser un viaje de semanas, con conexiones a otras páginas tan inteligentes y atractivas como ésta. Miguel Esquirol vive en Barcelona, está de vacaciones en Cochabamba y no se descuida de alimentar su página. Esta mañana me encontré con un hermoso poema en prosa sobre las nubes en Cochabamba, que justifica mis elogios. Mariana Ruiz Romero es tarijeña y estudia actualmente en Córdoba. Alguna vez me pregunté porqué, del Chapare a Cochabamba, todos los puentes se habían venido abajo, y la única explicación que hallé fue que Mariana se había ido. Le mandé un poema que comienza con este verso: "Mariana, cuando te fuiste, se encogieron los puentes como lenguas heridas / se cayeron los puentes, Mariana, cuando te fuiste…" En la página "Marea y cielo" de Mariana podemos encontrar cuentos como el siguiente: "Un hombre-pájaro llegó volando a mi ventana. El frío empañaba los vidrios, así que apenas pude adivinar su sombra blanca. Venía desnudo y al principio creí que se trataba de murciélagos buscando otro refugio, golpeando a mi ventana. Entró tiritando y cayó a lo largo de mi cama, los ojos enrojecidos, sin que yo supiera muy bien qué decir o hacer. A esas horas de la noche todo puede pasar, incluidos los espíritus. Llevaba yo días sola, sin hablar ni toparme con nadie, ajena en mi mundo ilusorio de letras, ordenadores, cigarrillos; lo primero que hice fue cubrirle las alas y el sexo con una manta, abrazándolo –sólo los hombres-pájaro me inspiran ternura- luego calenté agua para hacernos café. "¿Vengo de lejos?", me preguntó, venía volando entre la niebla, mi luz en lo alto fue la primera que pudo hallar. Claramente en shock, me sonreía como si me conociera, a pesar de mi cabello desmelenado y mis ojos ausentes. No habló más, y no sabré yo si vino de lejos o de cerca, las ciudades impías tienen ese gusto por ignorar a quienes las habitamos. Puse música de tambores, pero él seguía temblando: los pies húmedos, la piel erizada, las alas encogidas. Con un suspiro me desnudé, a estas alturas ya sé que el cuerpo de mujer sirve para conducir calor a los hombres-pájaro. Amanecía azul, helado, cuando pareció volver en sí. Con un grito saltó del lecho, estirando las alas, (cuatro, rojas y leche, algo sucias en las puntas), empezó a correr dando vueltas por el apartamento, tirando trastos y flores al piso, desordenándome los cuadros, los libros y la vida. Se subió a una ventana y por un momento creí que era un hombre normal, temí por su vida, no en vano mi casa es un nido alto, lejano a los ruidos, a las calles. Corrí hacia él -que saludaba al sol cantando- mi aspecto desnuda, despeinada, temerosa, debió asustarle. Saltó hacia el cielo, olvidado de la noche, del frío, de la niebla, olvidado también de mi absurdo refugio. Cantaba mientras se dirigía al sol…cerré las ventanas suspirando, esta mi manía de socorrer hombres-pájaro acabará por desgastarme. Volví a la cama, pensando que el diario, que el trabajo, que el amanecer. Por suerte, mi trabajo es a la tarde." link directo Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/31918
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