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Historias > La red como un universo
El mar de información es como navegar de noche en una pequeña barca. Cada punto de luz es una computadora con sus puertas abiertas a la red. La magnitud de la luz te indica si su origen es la incandescente conexión de un servidor, la brillante acumulación de puntos de una intrared, el metódico púlsar de los nodos o las titilantes conexiones domésticas. Según el lugar donde enfoca nuestra mirada podemos encontrarnos en mares de luz, supercúmulos estelares que son las grandes ciudades, o pequeñas constelaciones que son las ciudades con pocas conexiones. En ocasiones nubes de sistemas de seguridad se posan en el firmamento ocultándonos estrellas que sabemos que están allí o de pronto un cúmulo estelar desaparece en la súbita desconexión del backbone.
Echados sobre la barca, mirando el infinito virtual nuestra mirada recorre aquellas luces sin un orden, creando figuras míticas como quien juega a unir puntos en el suplemento infantil. Aunque el lugar donde nos encontremos es real: barca de madera, pequeños oleajes que nos mesen, aroma nocturno a totora y humedad, hay algo que no sabemos. Todas las estrellas en nuestro firmamento virtual están unidas por finísimos hilos de plata. Caminos del cielo llevan de un punto a otro de la galaxia pasando por soles, estrellas, púlsares y agujeros negros. Pongamos por ejemplo que comenzamos en una menor, en el límite de nuestra visión, una estrella que pronto se ocultará detrás de las montañas. Esa pequeña estrella nos llevará a una mayor, y esta a otra mayor dentro de la misma región.
Así, navegando en esta grilla cósmica, ahora nos alejamos de nuestra primera estrella y nos dirigimos a un cúmulo mayor, una brillante estrella nos recibe e inmediatamente nos vemos chocando con fuerza contra un pulsar que nos hará saltar un océano de oscuridad donde casi nada se mueve, para finalmente acércanos a una constelación menor de una galaxia apartada. Caemos en una estrella de menor magnitud, a otra menos brillante, así hasta posarnos sobre una minúscula estrella no descubierta. Una pequeña cerilla brillando ante la noche sobre una pequeña laguna a un costado de una ciudad dormida. La luz de esta estrella podría ser el brillo del monitor que dibuja los rasgos atentos de un joven de piel oscura, rasgos afilados, cabello largo y aceitoso y con una sonrisa por triunfo cercano que recuerda a la de generales en todas las guerras que el mundo ha conocido.
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A Sagan le hubiera gustado casi tanto como a mi. Una definición soberbia (y dificilmente igualable)
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