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Signos de abandono

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El abandono solo es posible cuando un lugar ha sido ocupado. Los signos de abandono que dejan los animales son nidos vacíos, huellas sobre la tierra, barro o nieve que poco a poco van desapareciendo. Árboles un día habitados y ahora reverdeciendo con nuevos brotes. Señales imperceptibles pero si se sabe ver se encuentran. Mucho más claras son los signos de abandono que el hombre genera a su paso: después de habitar un lugar por un tiempo, cuando la continuación del viaje, las estaciones, la guerra, el hambre o el desinterés los hacen marcharse, dejan a sus espaldas terrenos baldíos con innumerables signos de abandono.

Pero si la civilización humana ha ido cambiando con los siglos, también lo han hecho los signos del abandono que el hombre deja a su paso. En tiempos más remotos las señales que el hombre dejaba eran similares a las de los animales, grutas con un aroma acre de sudor, territorio que en un tiempo no muy lejano fue hollado, no mucho más. La primera señal de abandono importante que inventaría el hombre fue la hoguera apagada, las cenizas frías, las piedras negras por el hollín.

Desde el descubrimiento del fuego las señales de paso eran cada vez más evidentes. Construcciones que el tiempo va destruyendo, grandes espacios de territorio vacío, rastrojos creciendo entre los huesos limpios de un cazador. Incluso obras de arte que perduraron los siglos.

Con el paso de los años las construcciones que dejaban atrás eran más importantes: castillos edificados sobre montañas, poblaciones devastadas por bárbaros o súbitamente abandonadas, campos poblados de cadáveres secos que ya empiezan a generar vida. Tanto los caminos de los incas, las pirámides mayas o los templos babilónicos muestran ese abandono con musgo en sus piedras, brotes verdes en los intersticios de las construcciones, árboles que tapan el panorama, paisajes que poco a poco van devolviendo una apariencia ser natural.

Las poblaciones masivas que empezarían a formarse provocaron otro tipo de abandono. Abandono dentro de una ciudad habitada y abandono de poblaciones enteras que acudían a los grandes asentamientos. Las señales más claras entonces fueron charcos malolientes, barrizales, trozos de cerámica rota, madera podrida. El metal, o el cristal eran aun elementos muy valiosos para no ser dejados atrás. Incluso en los campos donde ocurrió una batalla no quedaba nada más que huesos, pieles y cuero.

La era industrial trajo un nuevo elemento hoy imprescindible como signo de abandono. La herrumbre o el oxido dominó fábricas abandonadas, arados, vías de tren por las que ya no recorre ningún vehículo. Este polvo rojizo fue dominando territorios enteros y sólo la permanencia constante de la gente podía evitar su presencia. El óxido destruía poderosas piezas de maquinaria, trenes, edificios enteros, convertía el metal en materia quebradiza. La otra señal de abandono que trajo la revolución industrial fue el hollín de mil chimeneas que tiñeron de negro edificios y construcciones, nada se salvo de aquel abrazo negro. Si las fabricas cambiaron para siempre la forma de las ciudades y la relación entre los hombres, a su paso también dejaron pueblos abandonados, barrios enteros sumidos en la pobreza y un reguero de óxido y tizne.

Pero también la revolución industrial pasó y los signos de abandono cambiaron. La invención de los plásticos dejó a su paso una alfombra de basura que hasta entonces el hombre no había visto. Los edificios caídos en el olvido se llenaron de pintadas con spray, ventanales gigantescos se llenaron de aberturas de vidrios rotos, como dientes esperando devorarnos. Cada vez el abandono era más violento y su recuperación más lenta. El suelo ya no reverdecía por el duro asfalto, el concreto apenas dejaba notar el paso del tiempo. El hollín se convirtió en el smog de millones de coches que un día pasaron. Este último fue la razón de que piedras inmemoriales empezaran a desgastarse. Ahora se encontraba el abandono en todas partes. Una ciudad tenía cientos de focos de abandono, incluso bosques y desiertos dejaban ver sus señales como cicatrices en el paisaje.

¿Qué nos espera con el paso de los siglos?. La tecnología mejorará creando superiores materiales que no notarán el paso del tiempo. El suelo y la montañas mutables se terminar convirtiendo en imperturbables monumentos de cemento que no repararan su abandono. Los plásticos permanecerán incorruptibles y los cromados seguirán reflejando el sol aunque los hayamos dejado hace siglos. Entonces regresará la más antigua señal de abandono. Una delicada película de polvo cubrirá el planeta, ni el viento perturbara su presencia. Entonces todas las superficies se volverán opacas con esa ligera pátina de tiempo como un día lo fueron las tumbas de los faraones que los arqueólogos desenterraron. El abandono y la muerte entonces serán lo mismo.


Temas: | 1 Comentarios | Link
El forastero | 2006-02-06

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Comentarios

1
De: Hannah Fecha: 2006-02-06 19:11

...y, tras terminar de leer tu interesante post, y, puesto que aún estamos a tiempo, me pregunto: ¿lo cambiaremos? ¿Sabremos volver al paso de la naturaleza, del amor y de la vida?

Un saludo, forastero.

Hannah



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