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A photograph is a secret about a secret.
The more it tells you the less you know. Diane Arbus La exposición de Diane Arbus en el CaixaForum es una de las mejores exposiciones que he visto en mucho tiempo. No sólo por la excelente muestra de su obra, ampliaciones y revelados originales de ella, un recorrido completo por pasiones y fijaciones, sino por el mismo ambiente sorpresivo de habitaciones de hotel, laboratorios fotográficos y del estudio de la autora con sus libros y sus fotografías mirándote desde las estanterías. Diane Arbus había sido fotógrafa de modas, afamada reportera de principales diarios, hasta que decidió recorrer un camino diferente y muy propio. El resto de su vida se dedicó a fotografiar monstruos, freaks, seres de feria, lugares imaginarios. Pero su visión desde su cámara de 35mm no era la del morbo de los gabinetes de curiosidades, ni de la aséptica fotografía médica de Merrick ante la Royal Academy. Arbus los fotografiaba como los príncipes que eran, seres únicos y diferentes. Hombres y mujeres que se alejaban de la lógica humana para convertirse en aristócratas entre los hombres. “La mayor parte de la gente va por la vida temiendo tener una experiencia traumática. Los freaks nacieron con ese trauma. Ellos pasaron esta prueba de la vida. Ellos son aristócratas.”. Los rostros que te miran desde las fotografías están llenas de vida y de pasión. Hombres tatuados, siameses, hombres y mujeres con retrasos mentales, no son fotografías hirientes ni para el fotografiado ni para el público. Se convierten más bien en un puente entre los dos universos. Diane Arbus, delgada, con el cabello corto, recortado con tijeras, mirada apasionada, dedos largos y huesudos, letra desordenada llenando agendas con citas, frases y lugares, también se sentía un poco monstruo, un poco única. Fotografa judía, hermana menor de un gran poeta, beca de Guggenheim y considerada Artista Moderna; había siempre algo diferente en su forma de sentir y ver el mundo.
Ella fotografió la historia de América con una visión que hoy nos parece común. El Estados Unidos de desiertos y pueblos perdidos, de ferias ambulantes tipo “carinvale”, de concursos regionales de belleza, de hombres tatuados en pequeñas habitaciones de hotel, de lentas canciones de jazz en salas de bailes para los “colored”. Diane tuvo la capacidad de ver su tiempo con ojos de futuro, o quizás sus fotografías ayudaron a que hoy veamos esa época con una mirada diferente. Le gustaba fotografiar a los ganadores y a los perdedores, a los lugares que se convertían en los nuevos círculos sagrados, a los rituales de la modernidad. Ella tiene una frase que dice “Creo realmente que hay cosas que nadie vería si no las fotografío”. Diane Arbus hizo que Norteamérica fuera visible para nosotros. La sangre saliendo de su cuerpo relajado por las drogas es la última fotografía que imagino de ella. La leyenda urbana (cuenta Fresán) habla de aquella cámara programada para fotografiar su último aliento, el brillante color de su sangre en el negativo de Blanco y Negro. Pero aunque no exista esa fotografía su suicidio de artista judía, de traumatizada fotógrafa tiene el mismo tono amargo que sus fotografías. La veo desde sus pocos autorretratos, desde sus textos que parecen las cartas de una buena amiga, y logro imaginar con dolor ese instante. Arbus quizás al final comprendió que no era una freak, que no pertenecía a aquel mundo que se había dedicado traer a la vida. Nunca pudo superar el trauma de no haber vivido lo que ellos (y por eso mismo sin saber si podría superarlo). Diane Arbus en la Wikipedia Diane Arbus en el Washington Post Fotografías de Diane Arbus Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/38125
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