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Historias > Henry Darger
Imagínate esto: eres un fotógrafo reconocido de Chicago, además posees algunos pisos en diferentes edificios para sacar algo de dinero extra. En uno de tus pisos vive un extraño hombre, cabello blanco, desprolijo bigote, viste como un vagabundo y trabaja como portero de un hospital católico. Asiste a misa obsesivamente, varias veces al día, no se relaciona con nadie y en ocasiones lo has encontrado revolviendo entre la basura. Nunca lo has escuchado decir más de dos palabras juntas, pero has logrado descubrir su historia investigando por tu cuenta. Nació en Illinois, su madre murió en el parto de su hermana que fue dada en adopción, su padre murió cuando él tenía 12 años y fue recluido en un hospital mental del cual escaparía. A pesar de una vida tan atormentada se trata de un hombre tranquilo, su vida entera está ceñida a estos tres lugres: su hogar, su trabajo y la iglesia o eso parece. Eso fue todo lo que pudiste saber de él durante cuarenta años.
Hasta que un día ya no logró subir las escaleras a su piso. Tenía 81 años y su fin parecía cercano. Pocos días antes de que muriera decidiste ir a su casa, quizás buscabas sus pertenencias, quizás ver en qué estado se encontraba tu propiedad o simplemente por curiosidad.
Descorriste la puerta principal con cuidado, el ambiente estaba oscuro a pesar de que algo de luz entraba por las sucias ventanas. Empezaste a husmear por las pequeñísimas habitaciones. El piso estaba lleno de basura, botellas vacías de medicamentos, kilómetros de cuerdas en monstruosos ovillos, chatarra recogida del basurero. Era lo que se podía esperar del hogar de un vagabundo. No creías que podrías encontrar nada más hasta que abriste esa puerta. En el fondo del habitación pegada contra la pared se encontraba una desvencijada mesa cubierta con papeles, cartones y lienzos, las paredes estaban llenas de bocetos y apuntes; bajo la mesa y a sus costados encontraste gruesos libros. Estaban hechos de hojas blancas y baratas escritas a máquina sin casi dejar espacio entre línea y línea. Con este nuevo descubrimiento empezarías a descubrir libros como estos en el resto de la casa. Encontraste doce tomos. Después sabrías que eran 15.145 páginas, quince mil páginas escritas en una vieja máquina de escribir durante cuarenta años.
Seguramente la curiosidad te venció, y abriste el primero de aquellos libros. Las horas empezaron a pasar mientras tu mirada recorría las páginas, mientras te perdías en un mundo extraño y gigantesco. Quizás llegó la noche y seguiste leyendo, quizás tu esposa, tus amigos, tu familia te buscaban y seguiste leyendo. No podías parar. La colosal narración se llamaba: “La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como el Reino de lo Irreal, de la guerra-tormenta Glandeco-Abbleinniana, causada por la rebelión de los niños Esclavos.”
“La historia de las niñas Vivian” cuenta la historia de un planeta alrededor del cual la tierra orbita como una luna. La mayor parte de la historia cuenta las aventuras de las hijas de Robert Vivian, siete hermanas que son las princesas de una nación cristiana llamada Abbiennia. Estas hermosas niñas de gran genio militar inician una rebelión en contra de un régimen de esclavistas de niños impuesto por los Glandelinianos. Niños toman las armas para defenderse y hay cruentas batallas y muchos caen esclavos y son torturados por los señores de Glandelinian. Aunque hay mucho dolor, muchos niños mueren entre atroces martirios y la esperanza muchas veces se debilita finalmente el bien ganan y las niñas Vivian reinan en paz en este reino. (En uno de sus finales, en el otro las hermanas mueren o son capturadas y los Glandelinianos resultan victoriosos).
¿En cuanto tiempo se leen 12 tomos?, ¿quince mil páginas?. No se si las habrás leído seguidas o si habrán sido tu pesadilla durante meses, porque la historia no acaba allí. Cuando lograste huir del encantamiento de aquella épica aventura, de aquellas letras negras, descubriste que los lienzos y cartones sobre la mesa y apoyados en las paredes estaban llenos de dibujos. Eran las ilustraciones de la historia que leías. Gigantescos cuadros, pintados con perverso detalle. El autor no sabía dibujar, había copiado muchos de los dibujos de las tiras cómicas, había usado colores brillantes, espacios planos y simples, pero allí estaba todo. Hordas de caballeros, bucólicos paisajes, guerras, enfrentamientos, torturas y niñas, siete hermosas niñas rubias (que en algunos cuadros las mostraba desnudas y con un pequeño miembro viril entre sus piernas). Después sabrías que eran más de 300 cuadros, pródigos en detalles, con una inocencia y al mismo tiempo una crueldad que te admirarían.
¿Qué hiciste después de descubrir esto?. Seguramente buscar a tu mujer y contarle lo que habías descubierto, después acudir a la misión católica “Little Sisters of the Poor” (Hermanitas de los pobres) para preguntarle Herny Darger, que así era su nombre: ¿Qué hago con esto?. Otras preguntas quizás hubieran que resultado absurdas e imposibles de ser respondidas. Darger reconocería su obra y después con dos palabras, entre las últimas que se le escucharían te dijo “es tuya” convirtiéndote por un acto casi de magia en el albacea de este extraño artista.
Pocos días después moriría y comenzaría su fama, una fama oscura y absurda como su propia obra. Sería clasificado como “outsider art”, arte de locos y desquiciados mentales y ningún editor se arriesgaría a publicar su obra completa. A pesar de eso sus cuadros y textos aparecieron en numerosas exposiciones, fueron motivos de revisiones, tesis y libros y aun su obra y su vida es un misterio.
Se descubrió, por ejemplo, que la ficción había nacido de un recorte de periódico. La fotografía de Elsie Paroubek, una niña de cinco años de Chicago que fue estrangulada en 1911. Una fotografía que además Dragar había perdido hace mucho tiempo y nunca había logrado recuperar. Incluso hubieron teorías que lo ponían a él como el asesino de la pequeña Elsie, pero nunca hubo ninguna prueba. Este es únicamente otra de las piezas del puzzle de la personalidad de este artista.
Como sea la monumental obra de Dragar permanece. Su albacea, el fotógrafo de Chicago Nathan Lerner muerto en 1997, hizo bien su trabajo para no permitir que la obra y el nombre de Darger desaparecieran.
Links
Henry Darger en la Wikipedia
La galería Hammer con muchos de los cuadros de Darger
Página sobre outsider art
Artículo sobre Darger
Una página sobre Darger
Otro artículo
Referencias (TrackBacks)
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Comentarios
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1
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| De: Algernon |
Fecha: 2006-05-24 18:34 |
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Realmente fascinante :-)
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Eso es velocidad de lectura, lo acabo de colgar :)
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| De: Almada |
Fecha: 2006-05-24 19:46 |
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Eso se llama RSS + velocidad de lectura.
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4
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| De: Gary |
Fecha: 2006-05-24 20:55 |
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Miguel: impresionante. Acaso tenga una raíz parecida a la de Arturo Borda, ese escritor y pintor obsesionado con la noticia de un cerdo que se comía a un niño recién nacido en el basural, y autor de aquella extraordinaria obra llamada El Loco que abarca varios libros suyos en una sola edición postuma. Aunque en este caso no podemos llamar Art Outsider, sino que se trata de una literatura indagatoria y de vanguardia.
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