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Historias > La perversidad del móvil
Cuando creía que lo había olvidado, un mensaje suyo al móvil despertó recuerdos antiguos. Como la primera gota que advierte la destrucción del dique, un nuevo mensaje llegó ese mismo día más tarde y otro más en el autobús. Estaba sola, se bajaba en la última parada. Hubiera querido no volver a saber de él, no volver a escucharlo, o en este caso leerlo, pero tuvo que decidirse. Buscó su número en la agenda para llamarlo. Nunca había borrado su número. ¿Por qué no lo había hecho?. Había logrado olvidarlo completamente, pero la electrónica y perfecta tecnología lo había conservado en el mismo lugar donde aquella vez que, a la rápida y con el corazón palpitante, lo había apuntado. Ahora volvía a él y casi se sorprendía de encontrar su nombre cuando creía que se había desecho de él para siempre.
¿Se animaría a llamarlo?. Ya lo había leído y ahora le tocaba volver a poner voz a sus recuerdos. Recuperar aquella voz opaca, áspera que la hacía estremecerse. Lo imaginaba mirando su móvil con su nombre brillando en la pantallita, él tampoco habría borrado su número.
- Hola
- Hola
- Me enviaste un mensaje.
- Si
- No lo hagas más
- ¿Por qué?
- Porque ya pasó, todo esto ya pasó.
- Quería despedirme
- No dijiste nada en el mensaje
- ¿Los leíste?
- Claro que los leí, solo decían que me querías ver
- Me quería despedir
- Dónde te vas
- Te lo quiero decir en persona
- Prefiero así
- Así no puedo verte
- No he cambiado nada
- No puedo decírtelo
- Yo no te quiero ver
- ¿Qué hacemos entonces?
- Deja de mandarme mensajes
- Muy bien
- ¿En serio te vas?
- Si
- Volverás
- No creo
- Bueno, adiós
- Adiós
La pantalla se oscureció dejando detrás suyo únicamente el aviso del tiempo transcurrido de la llamada. Estaba temblando. Se aferró con fuerza al teléfono y lo guardó en la cartera. El móvil volvió a sonar sobresaltándola, lo buscó entre lápices de labios y paquetes de pañuelos desechables. Su corazón palpitaba con más fuerza. Si era él, aceptaría verlo. Una última vez. Dejarlo despedirse no era malo. Podía cerrar muchas cosas. El nombre que indicaba el aparato le cortó el aliento. Con el pulgar veloz descolgó y se lo llevó al oído.
- Cariño, hola.
- Hola. ¿Ya estás en casa?. Ya recogí al niño pero se nos hizo tarde.
- No, estoy en el autobús, estoy casi llegando.
- Muy bien, nos vemos ahora.
- Un beso
- Otro
Colgó la llamada. Sus dedos nerviosos jugaban con el aparato. No había borrado su número.
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Comentarios
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| De: Liboh |
Fecha: 2006-06-09 14:03 |
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Me ha gustado mucho el relato, he podido sentirlo.
¿Es parte de algo? ¿Sueles escribir?
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No, no es parte de nada en especial, pero si, es uno de los textos que escribo. Los que son más largos no los puedo colgar aqui, pero estos más breves. si
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