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Historias > Trabajos arriesgados
Nos convencieron que trabajos aburridos eran interesantes. Arquéologos y detectives parecieron ser los trabajos que toda nuestra vida deseamos, trabajos emocionantes, llenos de aventura y excitación. ¿Cuántos estudiantes de arqueólogos se sintieron decepcionados al pasarse mañana y tardes enteras con la espalda doblada sobre un rectángulo de tierra?; o ¿detectives novatos impacientes de acción llenando informes, esperando en la puerta de hoteles o asistiendo a inacabables juicios?.
Cuan engañados estábamos.
Y ahora descubro un trabajo que creíamos aburrido y absurdo, el recolector de flores, era uno de los más emocionantes del siglo XIX, en plena efervescencia del imperio británico y la época victoriana. Era un trabajo de aventureros, sólo apto para solitarios, peleadores, incansables hombres que preferían una buena pelea a una conversación. Claro que recoger flores no es lo suficientemente sugestivo para Hollywood.
Pero seamos más exactos, no hablo de cualquier recolector de plantes, jardinero real ni horticultor aficionado, hablo de unos cuantos (más de los que creeríamos) cazadores de orquídeas que bajo órdenes de sus amos, ricos ingleses y apasionados de la extraña flor, viajaban a los confines del planeta, las selvas más secretas y peligrosas del globo para buscar un solo espécimen.
La imagen que siempre hemos tenido de los exploradores, caza-tesoros tipo Alan Quatermain, héroes y villanos del imperio británico, hombres de dudosa moral que no les importaba los métodos para lograr su fines; es exactamente la que tenían estos buscadores. Su vida estaba dedicada a estas extrañas flores, pero aunque sabían reconocer sus variedades, sus colores y formas, seguramente no tenían la sensibilidad para disfrutarlas. Era un trabajo, y los lugares inaccesibles y muchas veces peligrosos donde estas plantas moraban, convertía a este en "su" tipo de trabajo.
No podían confiar en nadie, ya que los lugares donde encontraban las orquídeas eran secretos como los de la localización del Dorado o de las minas del Rey Salomón. Pero cuando terminaban de recolectar las flores, por millones, arrasaban por el campo recorrido provocando incendios y dejando una tierra calcinada detrás suyo.
Benedict Roezl, el de la imagen de arriba por ejemplo, era un checo de ruda apariencia que tenía por mano izquierda un garfio (por causa de un accidente en la Habana). Roezl después de una vida como jardinero y horticultor, a los cuarenta años, decidió dejar esta vida acomodada y peinó América del Sur descubriendo más de ochocientas especies de orquídeas durante su viaje.
Existieron muchos de estos aventureros, pero no conocemos casi nada de ellos. Como siempre ocurre en estos casos fueron sus patrones, los que quedaron registrados en la historia, y sus flores quizás los únicos recuerdos de ellos que tenemos. Aunque quizás ese era su deseo. Uno de estos buscadores escribió una vez a su patrón que esperaba morir como un ser anónimo "salvo en lo referente a la dudosa inmortalidad de figurar en un catálogo de semillas".
Aquí les dejo un pequeño fragmento del libro, en si toda una puesta de escena para una película llena de aventuras, traiciones y hermosas flores.
Entre los pasajeros de un barco que se dirigía a los Anges en 1863 se contaban con John Weir, de la Real Sociedad de Horticultores; John Blunt, que trabajaba para John Lowe, el rival número uno de Fredrick Sander; y un hombre llamado Schlim, que trabajaba para Jean-Jules Linden, un distinguido caballero propietario de varios viveros. Estos tres personajes se dirigían exactamente al mismo lugar de los Andes y buscaban exactamente la misma planta, la Odontoglossum peruana, y todos ellos habían prometido a su patrón que serían el primero en proporcionársela. El ancho mundo estaba plagado de buscadores de orquídeas. Cuando los caminos de hombres que trabajaban para patrones rivales se cruzaban, a veces llegaban casi a matarse.
"El lardón de orquídeas"
Todo esto y más sobre estos aventureros, y sobre todo sobre estas maravillosas plantas se puede descubrir en
"El ladrón de orquídeas" de Susan Orelan. Un fantástico libro, que a pesar que ha dado origen a una igualmente maravillosa película, no es nada como lo que nos esperábamos. Hay mucha más pasión, amor y aventura en este libro que recorre el mundo de las orquídeas.
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