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Historias > Geografía de la Memoria
(Mapa)
Si pudiéramos crear un mapa de nuestra memoria encontraríamos extraños paisajes de fantasía con familiares perfiles y formas. Como en cualquier paisaje encontraríamos puntos fijos e inamovibles, montañas, lagos, quebradas y escolleras nacidas en nuestro pasado. Formas fijas con la imperturbabilidad de los siglos. Alguna escena de nuestra niñez, el primer beso o primer amor, la primera vez que nos enfrentamos al miedo; el perfil de la ventana de tu habitación; una noche en el campo junto a una hoguera; una piel desnuda; incluso una película, un libro que nos conmovió; y por supuesto el dolor de una muerte que como un everest se antepone tapando vistas más tranquilas. Existen otras forma más rígidas y artificiales, estos son los recuerdos fabricados, memorias nacidas de una fotografía o un relato. Recuerdos reales y firmes en nuestra memoria pero falsos, o falsamente modificados. Como edificios simulados, graneros y carreteras de asfalto en medio del camino. Son recuerdos pero pulidos por nuestro conciente o inconsciente. El recuerdo de una tarde que nunca existió. La pesadilla transformada por las drogas de una operación de amígdalas. Los interminables días de niñez en un hospital que no fueron más de dos noches. Aquella casa que tus padres te describieron tantas veces que crees recordarla.
En tu niñez también pueden existir recuerdos soterrados y encubiertos, a veces una superficie congelada que se rompe, otra una ciudad entera construida sobre una falla, sobre un trauma, con peligro de derrumbe; o una cueva maravillosa detrás de una derrumbe de miedo. Otras son las construcciónes prehistóricas, desconocemos su origen y su motivo, pero están allí, presentes y que nunca cambiarán.
La memoria es estable pero también va modificándose con los años, el desgaste del tiempo, las lluvias constantes, el viento que levanta nubes de polvo. Salvo la erosión del Alzheimer, que crea cañones donde antes había ciudades enteras, el paisaje se mantiene bastante inmutable, aunque dejemos de recorrerlo.
Pero también existe un último fenómeno que choca con la furia de una tormenta, o que tiene la capacidad de modificar nuestros recuerdos como si de un terremoto se tratara. Estas oleadas de memorias olvidadas, o que creíamos olvidadas, momentos de nuestro pasado que vuelven un día sin ser advertidas, una llamada o un nombre que destapa la ira de un volcán y que deja caer regueros de lava transformando todo a su paso, o de lluvia alimenticia que hace reverdeser el paisaje. Un sentimiento que resurge en el momento menos esperado como un iceberg que choca contra nuestras costas. Como dice la escritora venezolana del libro que estoy leyendo ¿Pero serán entonces recuerdos? ¿O serán otra cosa? Fuerzas de la naturaleza, fuerzas que nos toman por la espalda y nos empujan hacia un corte de nuestro destino del que no teníamos conciencia. (Lluvia, de Victoria de Stefano)
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