Llamadas de ultratumba
Más aún cuando sabían que el fallecido no había llegado a tener teléfono móvil en vida.
Ni el sacerdote oficiante ni los familiares del fallecido se atrevieron a abrir el féretro, y fue el sepulturero el que lo hizo.
Allí se comprobó que, efectivamente, era un móvil y que el mismo pertenecía a un empleado de la funeraria a cuyo cargo corrieron los trámites fúnebres.
Noticia en 20 minutos
Fuera de que el pobre empleado de la funeraria que tuvo que disculparse, y de que, según el artículo, el teléfono sonaba "fuerte e insistentemente", me gustaría saber cómo habrá sido ese silencio de absoluto pavor mientras los asistentes pensaban en quién podría estar llamando y sobre todo desde donde.
Una época se puso de moda la instalación de teléfonos dentro de los ataúdes para evitar posibles problemas de falsos cadáveres. Quien habrá sido el valiente en el cementerio que le tocaba hacer turno toda la noche esperando junto a un teléfono demasiado silencioso. (artículo)
En Sudáfrica y cada vez en más países la gente pide ser enterrada con sus propios teléfonos móviles. (noticia en BBC) e incluso quemada por ellos. ¿Existirá algún servicio para este tipo de nuevos usuarios?.
La surrealista noticia me hace recuerdo a un cuento de Juan José Millas que no supe encontrar. La situación era la misma, en medio de un funeral empieza a sonar un móvil desde el ataúd. En la historia que ahora escribo de memoria, la mujer del fallecido abre la tapa del ataúd, ve quien está llamando y le pega dos insultos al aparato puesto que se trata de la amante del fallecido. Acto seguido guarda el teléfono en el bolsillo del muerto y el entierro continua sin más inconvenientes. Esa noche el narrador marca el número de teléfono de su amigo y cuelga al sentir que después de dos timbrazos alguien contesta en el otro lado. Le bastaba esta señal para saber que el infierno si existe...
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