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Amaneciendo

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En contadas ocaciones he realizado pequeñas pruebas, deseos largamente contenidos como accesorio simbólico para marcarme una pauta. Recuerdo por ejemplo uno de los últimos días del colegio decidí amanecer pronto y subir al Cristo de la Concordia, monumental estatua con envidiable vista de Cochabamba para ver cómo el sol iba tomando poco a poco las calles de la ciudad, con tiempo suficiente para bajar nuevamente y llegar a tiempo a clases. O escaparme un fin de semana solo a Luxemburgo en un viaje por Alemania, o una despedida de Bolivia alojado un fin de semana en un hotel de mala muerte en Copacabana pocos meses antes de mi viaje a España.

Anoche, con un par de amigos que bien se avinieron a acompañarme y como despedida de la ciudad que me acogió por cuatro años, marchamos a la playa con el último tren de la noche decididos a dejar recorrer las horas acompañados de la guitarra, una buena botella de vino, las galletas de rigor mientras esperábamos al ansiado amanecer. Había pensado en esta pequeña aventura pero la pereza se había interpuesto muchas veces incluso para comenzar a planearla. Pero el viernes pasado, viendo el atardecer detrás de las montañas con violentos colores rojos, naranjas y violetas, finalmente propició la decisión. Es así que anoche con una manta sobre la arena y el viento marino refrescando el ambiente nos dispusimos pacientemente a pasar la noche.

He vivido muchos campamentos, excursiones y caminatas que me dejaban muerto de cansancio y con los pies adoloridos por las ampollas, he amanecido en diferentes paisajes, durmiendo sobre una durísima piedra o incluso aun mojado por la excursión nocturna por un río, pero nunca había visto la playa de madrugada.

A las tres de la mañana ruidosos y brillantes tractores recorrieron la playa cerniéndola, las parejas se acostaban en la arena par besarse efusivamente, grupos de jóvenes venían a pasear para fumarse el último cigarrito de la noche antes de marcharse a casa. Compartimos el ambiente con pescadores, algún otro mochilero sin hotel e incluso una familia completa protegidos por las sillas apiladas de los bañistas.

Incluso logramos dormir poco menos de una hora, con los temas de conversación poco a poco diluidos y escuchando las olas que chocaban en la playa.

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El amanecer no sería sorprendente como lo imaginamos a causa de cúmulos de nubes en el horizonte pero poco a poco luz fue iluminando la playa. Nubes doradas revelaban un fuerte sol tras la cortina gris. Minutos antes del amanecer el frío bajó con rabia y el viento empezó a soplar. Escondidos dentro de sacos de dormir intentábamos mostrar un perfil bajo al frío. Empezaron a llegar barrenderos, un hombre con su rastreador de metal e incluso un madrugador y desalmado primer bañista del día. El viento y la falta de sueño nos embotaban la cabeza y cuando decidimos levantarnos a estirar las piernas la noche oscura había dado paso a tonos pastel, la luna aun continuaba sobre nuestras cabezas pero cada vez más nubes rosadas o naranjas avisaban que, si teníamos suerte, podríamos ver unos cuantos rayos del sol.

Finalmente y después de una corta espera, arreglando el equipaje y desperezándonos, vimos desde la playa desierta cómo las nubes se retiraban dando paso a un brillante sol.

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Temas: Cronica | 4 Comentarios | Link
El forastero | 2006-08-14

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Comentarios

1
De: Malvada Bruja del Norte Fecha: 2006-08-14 16:50

Bella experiencia y más con las palabras que nos la cuentas. Que te vaya muy bien tu nueva aventura, ya sabes venimos a experimentar en la vida, y tu mi escritor, a contárnosla. Besos.



2
De: Almada Fecha: 2006-08-14 19:16

Jo... qué fuerte. Habrase visto un par de amigos que te acompañen en semejante empresa, es que les falta una neurona? y encima que me haya olvidado llevar abrigo, eso era como para que me dejen en casa castigado y sin amanecer, vino, galletas, tractores, los caribeños bailarines, la muchacha mirándonos con curiosidad, el "good night" de los suecos y sobre todo sin la compañia de ustedes. Bon voyage!



3
De: azulale Fecha: 2006-08-15 16:06

Al fin llegamos al faro querido Migue, esta vez no se encontraba en una esquina del mar indicandonos el camino, esta vez el camino ha terminado y un nuevo faro te espera para continuar una nueva vida..aqui estare siempre querido amigo



4
De: flacazul Fecha: 2006-08-15 16:14

que paisajes más deliciosos y la compañía hace mucho para poder disfrutarlos.
salud jóvenes!
a.
pd. che, gusi, aunque finalizando, el invierno sigue allá, un abriguito no hubiera estado demás, jejeje!
abrazos varios.



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