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Museos y retratos

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la rendicion de Breda

Mucho se puede saber de un país por sus museos. Conocer qué mueve a la gente y a sus gobiernos. Cómo se ven ellos mismos o como quisieran verse. Años atrás leía un excelente texto de Perez Reverte sobre este fantástico cuadro, “La rendición de Breda”. Aquí se puede ver cómo es España: En primer plano nobles y generales, fastuosos vestidos, botas, guantes, una elegancia solemne. En segundo plano otros rosros reconocibles intentando salir, hacer presencia, para poder decir “yo estuve allí”. En el tercer plano (detrás incluso que los cuartos traseros del caballo) el pueblo, los soldados de a pie, la carne de cañón. Rostros que no logran reconocerse, tapados con sombreros, ocultos detrás de sombras pero igualmente presentes. Además hay que recordar que fueron estos los que de verdad lograron la victoria. Así es España, multitudes apiñadas en el lienzo, muchos rostros, reconocibles algunos en primer plano y oros tantos anónimos al fondo. Lo que hace grandes a este cuadro no sólo es el momento, la victoria de los tercios de Flandes en aquella batalla, sino el autor que decidió elegir este momento para realizar su obra. Velásquez se esconde detrás de sus pinceles pero su fuerza y nombre está presente y logra convertir a este cuadro en un ejemplo de cómo él veía a España.

En la Nacional Portratir Gallery,en Washington DC, la forma en que se nos revela el país es muy diferente. Este es un museo dedicado a los retratos; ese difícil arte de captar la presencia, personalidad, humor de una persona. De hacer reconocible un rostro de aquel que nunca conocimos. Este fantástico museo vuelve muy presente una de las principales características del país. El individuo como vertiente principal; la individualidad que nosotros vemos como un fallo y ellos en cambio como un logro. Este museo dice que el país está formado a partir de individuos, no grupos humanos o el pueblo, ni siquiera de un rey (que es el representante de una colectividad). El individuo, grande o pequeño, que logra trascender de cierta manera la historia como para que cuelguen un retrato suyo en este museo, es quien de verdad importa y no tanto los grupos que lo acompañaron, los rostros perdidos entre las sombras que de verdad hicieron todo posible. Como un ejemplo más claro se puede ver que en esta exposición lo que importa es el retratado y no tanto el autor. Cuadros de políticos, pintores, escritores, arquitectos, van decorando sala tras sala. Rostros célebres, inmóviles para siempre gracias a la habilidad de la pluma (o la cámara fotográfica en los más recientes).

En el extremo izquierdo de “La rendición de Breda” un hombre anónimo nos observa. En medio de este momento formal y severo alguien se sale del protocolo y mira al pintor, mira al público desarmando toda la escena. Haciéndonos comprender que lo que observamos no es real. Es el escenario preparado para que el artista lo inmortalice. Los rostros fúnebres, el inclinarse respetuoso del perdedor y la aceptación noble del ganador. Las banderas que ya no ondean, incluso el humo de algún pueblo incendiándose a lo lejos, todo es falso.

George WashingtonEn los retratos en cambio, la mirada se adelanta poderosa hacia los visitantes, hacia el pintor. Mirándote a los ojos te hacen ver su fuerza y personalidad. Te retan a que dudes de su existencia, como diciendo “Ningún autor se podría inventar un rostro como el mío, unos ojos con mi fuerza”. Lo que vemos en el retrato es real, tiene que serlo. Desde las paredes, vidas enteras nos observan, con sus miradas intentan permanecer aferrados a la historia a partir de sus propias obras. El culto al individuo en su máxima expresión. Pero estos ojos firmes en el pintor no se dan cuenta que lo que les rodea va perdiendo valor, importancia. Que aferrarse a una mirada hace que el resto del mundo caiga, desaparezca. Uno de los retratos de este museo al que más cariño tienen, parece mostrarnos esto mismo de una forma irónica y amarga. En medio del retrato George Washington nos observa, pero el cuadro no está acabado, ha quedado inconcluso, y el blanco lienzo surge desde las profundidades donde tenía que mantenerse oculto. Los trazos de pintura negra entonces se revelan casi desnudos. La seria mirada del ex -presidente surge en medio del vacío, como si sólo él importara y el resto no fuera digno de pintarse.


Temas: Arte | 1 Comentarios | Link
El forastero | 2006-08-21

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Comentarios

1
De: mev Fecha: 2006-08-22 04:26

Impecable tu estilo literario en esta descripción de dos pueblos, a traves de sus museos.



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