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Mi Abuelo

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Ayer mi abuelo murió. Es una frase simple, sujeto verbo y predicado. Fuera de su contexto no dice mucho, no dice casi nada. A algunos quizás les recuerde algunas otras muertes, algún recuerdo antiguo o doloroso. Pero si cavas alrededor de la frase, de la palabra muerte, de la palabra abuelo, utilizando herramientas de la memoria, de lo que te contaron o lo que sospechaste vas, poco a poco, profundizando en una historia. En su historia.

Yo lo conocí cuando ya tenía el cabello gris, cuando era profesor universitario jubilado, un profesor jubilado con la fuerza y la garra de años de experiencia, de tiempos más difíciles, de lugares más duros. Su historia familiar e infancia siempre me resultó muy oscura, entre disputas u olvidos, en silencios o simples indiferencias por mi parte. Fue profesor normalista, profesor de matemáticas y pocos años después de salir egresado ya enseñaba en facultades de ingeniería. Fue el profesor más temido de su ciudad. Uno de aquellos profesores duros y justos, con los que sufres su materia y años después al encontrarlo nuevamente le agradeces lo aprendido. Se casó joven con una bella profesora normalista. Tuvieron tres hijos que por los genes o la educación en casa resultaron ser brillantes en las carreras que eligieron (mi madre, siguió los pasos de sus padres en la enseñanza).

Cuando yo lo conocí estaba jubilado y tenía el cabello blanco. Avanzaba con la velocidad de un tanque alemán en las subidas de La Paz, adentrándose en el mercado entre cholitas y vendedores con la pasión del explorador. De las épocas de la dictadura aprendió a comprar al por mayor. Compraba quintales, cajones, bolsas y las acarreaba a mano. También compraba en una época de ahorros y dificultades libros al por mayor. Largas filas que terminaban en un paquete marrón sin etiquetas ni distintivos. Los libros buenos o interesantes, los guardaba, el resto iba al cielo de los libros olvidados. En su casa, en su biblioteca, aprendí a leer. Desde Mafalda, los libros de Agatha Christie y las novelitas de ciencia ficción y agentes secretos, hasta autores bolivianos (mi primer libro de Jaime Saenz), literatura americana (obras completas de Twain), Latinoamericanas (la primera vez que intenté a Cortazar), el libro del Quijote que aun atesoro en casa, todo Bradbury. De ciencia ficción tiene la mejor biblioteca de la editorial Minotauro que conozco.

Cada vacación que pasé en su casa una ligera nube gris emborronaba el paisaje. Las clases de matemáticas donde podía ver vestigios del temido profesor, se volvían una dura asignatura en plenas vacaciones, que a pesar de pesarme con sus inacabables horas me sirvieron para entrar a un excelente colegio y lograr siempre buenas notas en matemáticas. Para compensar los duros momentos frente a los libros escritos por él o la blanquísima hoja de papel blanco, acudíamos a su taller. Una completísima y casi mágica habitación llenas de maderas y serruchos y martillos y herramientas que nunca había visto con un olor de aserrín que aun recuerdo. El regalo que más atesoré por muchos años fue una pequeña caja de herramientas, nacida de aquel mismo taller, que una navidad me llegó por sorpresa. En la parte trasera de aquella habitación, había algo aun más sorprendente que me fascinó durante muchos años, hasta el límite de fabricar una propia en casa. Tenía un taller fotográfico con dos ampliadoras y todo el equipo imaginable. Su cámara de fotos, brillante y resistente aparato que lo acompañó a donde fuera, producía unas hermosas fotografías en blanco y negro que con la vejez se convertiría en una entrañable colección que llenaban la pared con las fotografías de hijos, nueras, yernos y nietos.

Escribiendo esto me llegan muchas imágenes a la cabeza, quizás las más claras que tengo son las mañanas explorando su casa descubriendo sorpresas y maravillas. Cintas de ocho cintas, tres o cuatro tomos de las mil y una noches, columnas altísimas de revistas argentinas como Intervalo y Dartagnan, un poderoso larga vistas, marcos llenos de premios o diplomas incluso un sorprendente premio literario del que nunca supe su historia.

Otra de las cosas que mi abuelo me cedería fue el placer con la comida. Nunca vi a nadie disfrutar tanto con un plato de Cerdo al Horno (por ejemplo) y a pesar de ello seguir manteniendo la salud. Salvo el azúcar estos últimos años, nunca se tuvo que negar nada.

Hace algunos años cuando le diagnosticaron un cáncer en la piel, poco tiempo después de una embolia y yo tuve que marcharme nuevamente hacia España me despedí con una opresión en el pecho sospechando que no lo volvería a ver. El médico había predicho pocos meses de vida, mi familia decidió parar las intervenciones y dejarlo descansar en casa, tranquilo. El año siguiente lo volví a ver y al siguiente también. Ya no caminaba, casi no podía comer y le costaba hablar pero seguía con la mente totalmente lúcida y reía con las bromas y recordaba mejor que cualquiera nombres y lugares. Se curó de la enfermedad con una resistencia física sorprendente, pero el camino en pendiente ya había comenzado. Resultó una larga y pacífica pendiente. Los últimos días, según me contaban por mail, parecía dormido, listo para la última parte del viaje.

Pero a pesar de que fue una enfermedad tranquila no dejó de ser triste. Un hombre independiente que había sacado a su familia adelante sólo con la ayuda del cerebro y del ingenio un día se vio imposibilitado de salir solo, o de levantarse, o de ir al baño por su cuenta. El ávido lector dejó de leer, quizás únicamente por ser demasiado orgulloso como para confesar que necesitaba lentes, o porque se sentía muy cansado. El que disfrutaba las comidas tenía que ser alimentado (aunque muchos fines de semana se daba el lujo de disfrutar un plato de carne de cerdo al horno). Pero fueron sacrificios quizás pequeños. Siempre tuvo a su mujer que lo acompañó hasta el final con la voluntad de acero, que dejó su ciudad para acompañarlo donde esté mejor cuidado (la ciudad de mis padres), que prácticamente se enclaustró para dedicarse devotamente a él. Mis padres que lo cuidaron dándole todo lo que necesitaba. Y a pesar de la distancia, también sus nietos que siempre lo quisimos y admiramos mucho y que hoy estamos en duelo porque ya no está entre nosotros.

Mi abuelo ha muerto, y la frase ya no parece tan vacía. No tengo un funeral al que asistir, no tengo un ataúd al que llorar, aunque seguramente no lo haría. Mis padres y mi abuela están muy lejos como para darles un abrazo porque se lo mucho que lo van a extrañar. Pero son desventajas que te da la distancia. A pesar de todo el sentimiento de pérdida es fuerte y me encuentro pensando en él y lo que significó para mi. No puedo hacer mucho más, pero este es mi homenaje.


Temas: Personal | 14 Comentarios | Link
El forastero | 2006-09-01

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Comentarios

1
De: roser Fecha: 2006-09-01 11:17

un abrazo



2
De: Azulale Fecha: 2006-09-01 12:02

los que perdimos a alguien importante en nuestra vida somos más cada dia, querido Migue, nada de frases hechas para ti..vive tu duelo y homenajealo con tus recuerdos, sientete parte de él como lo eres, aqui estarán



3
De: namaga Fecha: 2006-09-01 13:51

un dulce abrazo y dulces palabras lo homenajean.

besets



4
De: Hannah Fecha: 2006-09-01 15:47

Las pérdidas son dolorosas y cuando suceden a esa distancia, pesan más; lo sé por experiencia. Pero no hay distancia en el amor y tu abuelo , desde dónde esté, se sentirá orgulloso de ti y del homenaje que le has brindado. ¡Seguro!.

Recibe mis condolencias y un abrazo muy entrañable.

Hannah



5
De: Almada Fecha: 2006-09-01 16:00

Hermano... te abrazo y mi pésame por lo qe ha ocurrido. Son las pulsetas de la vida.



6
De: veronica Fecha: 2006-09-01 17:03

Gracias primo, leer esto era lo que necesitaba. ¡Qué cruel es la distancia!



7
De: Anahí Fecha: 2006-09-01 19:15

Siento que lo único que puedo hacer es abrazarte y acompañarte en el dolor con mi silencio...

te quiero che.



8
De: la cocinera políglota Fecha: 2006-09-01 19:59

Mi más sentido pésame Miguel, acompaño tu sentimiento.

Me he emocionado leyendo esta historia. Cuando mi abuela falleció estuve un año entero soñando con ella cada noche...



9
De: Mar Fecha: 2006-09-02 00:31

un gran abrazo... recuerdo que tb me acompañaste cuando murió el mío y yo estaba lejos, recuerdas? la vida nos pone en todos los papeles,
te quiero



10
De: Boby Fecha: 2006-09-03 05:27

Migue,

solo paso para dejar un abrazo para tí.



11
De: Alvaro Fecha: 2006-09-04 04:31

Mi mas sentido pesame.



12
De: Javier Fecha: 2006-09-05 17:01

Gracias primo



13
De: .A. Fecha: 2006-09-11 03:02

Dulce forma de despedirte. Un abrazo.



14
De: Ingrid Bebé Fecha: 2006-10-23 23:06

Lo lei tarde pero me tocó el corazón, homenajealo siempre, recordalo y llevalo contigo en tu mente y corazón, los abuelitos siempre son hombres de admiración, lo siento mucho, estoy segura que tu abuelito fue un gran hombre, sentite muy orgulloso de él.



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