El forastero


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Capítulo 7

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Estuve tirado en la arena mucho rato sin moverme. El río estaba nuevamente tranquilo a pocos metros de distancia. Respiraba ruidosamente y no podía tranquilizar mi corazón que cabalgaba como un caballo de tiro. Intenté levantarme pero mis músculos no me respondían. Estaba agotado por el esfuerzo, por el miedo, por el vacío que llenaba mi cuerpo. Cerré los ojos cansado, no quería pensar y dormí. Desperté sediento, tenía la boca reseca y la piel caliente por el sol que pegaba con fuerza. Pero no fue un despertar conciente, volví a cerrar mis ojos dejando que la oscuridad me devorara. La próxima vez que desperté era de noche y me encontraba en una especie de cama dura. Ya no había arena ni río, tampoco había miedo. Me dolía la cabeza, había estado mucho rato al sol. Una mano elevó mi cabeza y me dio de beber. Cuando paró volví a cerrar los ojos.

Cuando desperté estaba nuevamente en la arena. Tenía la cabeza despejada y me levanté de un salto con una sensación de desconcierto. No sabía donde estaba ni lo que había pasado. El río a pocos metros, la arena bajo mis pies y el sol del amanecer que se filtraba por las hojas de los árboles respondió mis dudas.

De pronto escuché la chillona bocina de un coche. Me giré y me encontré a un hombre de piel oscura, vestido con ropa de tenis montado en un carrito de golf. Me indicó con una mano que me acercara.

- ¿Ya despertó el señor? ¿Quiere que lo llevemos a su cabaña?
- ¿Quien es usted? ¿Dónde estoy?
- Soy Smitty y estoy para servirle. Se encuentra en el balneario Toromona's

Me monté desconcertado en el carrito de golf y de pronto se empezó a mover. Pronto recorríamos un camino de grava rodeado de verdes prados. Parecían campos de golf. De pronto aparecieron en la lejanía coquetos Bungalows. Pasamos junto a una piscina celeste vacía pero perfectamente limpia. A nuestro paso hombres y mujeres barrían o cortaban el césped. Una preciosa muchacha arreglaba un parterre de rosas. Me sonrió cuando pasamos y se giró coqueta.

Finalmente llegamos a un brillante edificio. Altas columnas blancas. Paredes de vidrio refulgente. Una puerta giratoria por la que entramos. Smitty llevaba un par de mochilas que reconocí pertenecían a la expedición, se habían caído de la lancha. El recuerdo de Pablo perdiéndose río abajo me sobresaltó nuevamente con un dolor olvidado.

- Smitty, ¿alguien más de mi grupo ya ha llegado?
- Si señor. Llegaron anoche, ya están ubicados en los Bungalows de la zona norte. Me parece que los puede encontrar en la cancha de tenis.
- ¿Puedo ir ahora?
- Si lo desea, pero preferiría entregarle su cabaña de una vez así tendrá todo listo.
- ¿Todo listo?
- Si. Para el seminario.

Avanzamos por unas piedras decorativamente ubicadas como camino sobre el césped. Mi cabaña era la 11-F, estaba debajo de un gran árbol y tenía una mesa y unas cuantas sillas en el porche para disfrutar el atardecer.
- Aquí estamos señor. ¿Está todo bien?
- Si, me parece que si.
- ¿Quiere probar su cama?

Un tanto extrañado por la petición me eché en la cama mientras Smitty me tapaba con una gruesa frazada inapropiada para el calor del trópico. Me empezó a arropar con cuidado metiendo las puntas bajo el colchón.

- ¿Está cómodo?
- Creo que están muy apretadas
- Es no quieren que te escapes
- ¿Disculpa?

En el lugar de Smitty se encontraba un hombre alto y robusto, parecía que era rubio y de piel blanca pero la tenía quemada y sucia de barro. Yo me encontraba echado en el suelo, sobre una estera y amarrado con unas cuerdas hechas de algún material burdo pero resistente. Tenía mucho calor. Muchísimo calor. Tenía la piel cubierta de sudor así como el rostro. Quizás también podía ser fiebre pero no había forma de decirlo. Me dolía la cabeza, también el cuerpo sobretodo en las partes que tenía las cuerdas pellizcando la piel. Poco a poco la realidad fue sumándose a la ficción. Una capa sucia y burda se posó y llegaron hasta mi sonidos de animales, un olor a barro y a algo podrido, quizás era mi propio olor. No estaba dentro una cabaña porque en el cielo podía ver troncos, ramas y hojas como un techo natural. El extraño hombre se arrodilló a mi lado y me puso su mano en la frente.

- Parece que te baja la fiebre –
- ¿Quien eres?.
- Me llamo Hans, estuviste hablando incoherencias durante dos días. ¿Quién es Pablo?


Temas: Ficcion | 3 Comentarios | Link
El forastero | 2006-09-18

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Comentarios

1
De: milagros Fecha: 2007-08-01 00:23

hola quiero conocerte y saber mas de ti



2
De: milagros Fecha: 2007-08-01 00:24

estas en linea



3
De: milagros Fecha: 2007-08-01 00:25

habla de que pais eres



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