Second Life
Second Life es ese asombroso mundo virtual que cada día nos sorprende más. Second Life ya vivió conciertos en vivo, mitines políticos, importantes fiestas. Gracias a Enrique Dans nos enteramos de un artículo en The Economist que cuenta como una firma de abogados acaba de abrir su oficina virtual.
Leimos Snow Crash, Neuromante e incluso Futurama. Pero todo eso está ocurriendo ahora, en este instante. Un mundo virtual donde puedes crear tu avatar, inventar sus características y moverte en un mundo donde las leyes y los parámetros de la vida son completamente diferentes.
Traduzco una interesante experiencia del guionista de comics Warren Ellis
Anoche experimenté un ataque terrorista en un planeta virtual
Estoy siendo un poco exagerado, pero ayer a tempranas horas de la mañana salté dentro uno de estos ataques, en Second Life.
Después de materializarme en los terrenos del "Castillo Integral", me encontré a mi mismo en medio de una lluvia de pequeñas cajas, todas las cuales intentaban descargarse solas en mi inventario. (Donde se guardan los objetos que escojo llevar), mientras trasmitían palabrerías bíblicas a través del circuito de chat, llenando toda la pantalla.
Cualquier objeto que intenta juntarse a ti puede ser recogido, desechado o "silenciado" – que deje de actuar y que quien lo envíe sea ignorado. Tomó quizás treinta segundos silenciar todos los objetos y la media docena de personas que los enviaban. Quien los mandaban parecían no tener cuentas, parecían, de hecho, que no existían en Second Life. Después de silenciarlos pensé que el ataque sólo estaba limitado a mis terrenos – algunos molestosos resentidos o que buscaban al azar en búsqueda de diversión. Molestosos (Griefer en inglés) es un término de Second Life para gente que usa objetos activos, como aquellos, para molestar. Básicamente el equivalente de los scrpit kiddies.
Habiendo arreglado ese problema, me dirigí a un telepuerto hacia Transilvania para escuchar algo de música antes de dormir y el sistema se colgó. Traté dos o tres veces más. Me rendí y me desconecté. Entonces, por capricho, revisé la página de estado de Second Life. En ese punto descubrí que no era sólo yo. Toda la red estaba bajo ataque.
Cada una de aquellas pequeñas cajas que contenían un pequeño fragmento de un programa, realizaba un par de conexiones con Second Life. Estos programas, por supuesto, corrían en servidores de Second Life. Así que si doscientas cajas cayeron en mi pequeño territorio, significaron unas cuatrocientos procesos extras que las máquinas de Second Life tuvieron que correr. Multiplicar eso por cientos de miles, sino millones, de metros cuadrados que constituyen el mundo de Second Life. Eso nos son un par de niñatos jodiendo a este cansado anciano a las tres de la mañana. Eso fue un ataque directo a la vida de ese mundo: forzar a los servidores a que corran millones de procesos simultáneos.
He visto pasar cosas similares en un microcosmos: una enfadada joven una vez borró toda una construcción en la isla de Transilvania, un lugar muy complejo, de densa edificación. Todo desapareció, (excepto, genialmente, el muro por la pista de baile donde todo el mundo se sienta), dejando a la vista el territorio original, arisca roca pre-terrafornada y charcas de agua.
Pero esto fue diferente. Fue uno de aquellos momentos extrañamente cienciaficcionales de Second Life: parados bajo una densa nieve de cajas parlantes. Me trajo a la mente uno de los momentos surrealistas de los inicios de Charlie Stross: "Singularitu Sky" donde millones de teléfonos caen de las nubes.
Y, por supuesto, funcionó. Primero los complejos procesos de tránsito, como la teleportaciones, se apagaron. Después caminar se volvió difícil. En aquel momento o la red caía o el operador tenía que salirse.
Y claro, si te sales, los terroristas ganan (Solo bromeo).
Es un interesante aspecto de un ligero giro libertario en Second Life. De hecho el otro día tuvimos un gran ejemplo de un viejo chiste a expensas de los libertarios – gente que piensa que los caminos simplemente ocurren - Cuando un gran propietario de terrenos de nuestra área en Second Life se marchó, se llevó con ella un buen puñado de caminos con ella. Pero en serio. Cory Doctrow tiene la costumbre de llamar a los diseñadores de software invasivo: "traficantes de armas". Desde esa perspectiva, dejar pequeños códigos desparramados que en realidad pueden destruir el mundo, parecería, como mínimo, un defecto ideológico. Digo, si quieres promocionar el derecho de llevar armas, y asumir que la gente no las va a usar para disparar, tengo un curso de contracepción católica para venderte. Después de un ataque hacker que logró conseguir contraseñas y otros datos de algunos residentes, este acto bordeó en lo retardado.
Claro que no fue un ataque terrorista. Fue un ataque hacker, y nadie va a confundir unas cuantas millones de cajas cayendo y rebotando, con una bomba en un tren (para usar un ejemplo británico) Desde mi perspectiva fue en realidad algo gracioso. Pero si ilustra una de las peculiaridades de este mundo virtual masivo que de cuando en cuando me planteo: los creadores de este mundo aparentemente han dejado herramientas con las que destruirlo desparramadas a simple viste.
Al "Castillo Integral" (Rogla 174, 120, 124) se le ha dado permiso de construcción. Si alguien quiere darme 50,000 libras para comprar el espacio detrás del castillo para que la macabra casa flotante pueda flotar sobre él, sería genial.
Link original
NO TE OLVIDES SUSCRIBIRTE AL FEED DE EL FORASTERO
Categorías:Traduccion






