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Los textos son entendidos e interpretados según la época en el que son leídos. Si eso es cierto el Quijote que leemos hoy en día no es el mismo que el leído hace 200 años. La pregunta entonces es: ¿Cómo serán leídos los libros de aquí a veinte años (o 100, o 500)?.
El Quijote
Miguel de Cervantes Saavedra
Leamos una vez más el Quijote como se estuvo haciendo estos últimos siglos. A los 420 años de la publicación, este texto vuelve a ser más actual que nunca. La doble realidad del ser real que lee libros, y del ser ficticio que es leído por nosotros muestra su reflejo en la sociedad cotidiana en el que todos poseemos nuestro ser virtual que cumple nuestros sueños y aventuras, mientras que el yo real se confunde en una masa inmensa de lectores. "La Mancha" se convierte entonces en un mundo simulado (de hecho existen varios mundos virtuales ubicados en aquella geografía), y el Quijote en un avatar como los que estamos acostumbrados que interactúa no sólo con su propia geografía sino con elementos reales. Esto genera esta especie de imagen fantasmal en el que los gigantes son efectivamente molinos y las desgracias, maldiciones. La segunda parte del libro, especialmente con las "bromas" de las que es víctima el protagonista, se convierten en una dura crítica a los medios de comunicación que generan fantasías para consumo. Simulaciones programadas que se confunden con las simulaciones auténticas. (el caso por ejemplo de ricos señores de guerra en mundo medievales que no eran más que meros entes creados como campañas promociónales). La simulación real que vive el Quijote, entonces choca contra la simulación simulada.
El final del libro es quizás el momento más amargo y que cobra un nuevo significado en el mundo de hoy. El choque con un objeto del propio universo del Quijote (la batalla con el otro caballero) que lo condena a regresar y olvidar sus caballerías, lo condena a desconectarse, no es otra cosa que la vida real que se introduce en la simulación para desbaratarla. El choque con lo real en la actualidad para mucha gente tiene el mismo sentido que en para don Quijote, y esto es la muerte. La imposibilidad de la vida simulada, o descubrir esta imposibilidad es en si misma un reflejo de la muerte. Los psicólogos en la actualidad están tratando justamente este problema y nos avisan del peligro, no de la completa desconexión con lo real sino del súbito regreso a esta.
1984
George Orwell
Leer las novelas de ciencia ficción del pasado siglo genera una especie de melancólica y dulce sensación como quien recuerda las fantasías de la niñez. En este libro, George Orwell planteaba un problema contemporáneo a su época: el socialismo estalinista, y realizaba una transposición en un mundo supuestamente futuro. Los años fueron benévolos para este libro porque a pesar de que la realidad política del momento cambiaría en pocos años (siete años antes de la fecha que el autor planteaba para ser exactos) las metáforas construidas por él tuvieron mucho éxito al ser leídas a principios del presente siglo. El temor al Gran Hermano y la vigilancia estatal fueron puntos vitales de discusión política. Con el desarrollo de las nuevas leyes de intimidad esta poderosa metáfora de Orwell quedaba escindida en dos espacios opuestos que él nunca logró predecir. El primero es el espacio completamente observado, como Orwell bien intuía, y el otro el espacio perfectamente oculto: el de la intimidad del hogar, al que ni el propio gobierno puede tener acceso. El gran hermano es ahora una figura de dos caras, el ojo que todo lo ve, y el ojo que no puede atravesar las opacas ventanas de nuestras habitaciones. A pesar de esto, 1984 no queda desactualizado ya que otra de las metáforas que inventó poco a poco se van presentando en la realidad y una vez más su libro vuelve a ser actual. El doble-pensar y el doble-hablar de Orwell se vuelve un tema cotidiano al tener que defender la intimidad en espacios públicos. En una nación de esquizofrenia entre lo público y lo privado hemos tenido que generar un doble pensar que hubiera hecho las delicias del Ministerio de la Verdad. Y aunque no es el gobierno el que persigue su abolición, nosotros mismos estamos generando una escisión tan radical que parecería que partimos el idioma en dos. Hay palabras que no pueden ser dichas en la intimidad y tienen que buscar su opuesto, así como palabras que simplemente no se dicen en el exterior y que se han perdido en este espacio. 1984 cambia nuevamente y Orwell vuelve a servirnos para interpretar nuestra propia realidad.
Ajedrez
Jorge Luis Borges
Borges ha sido leído infinidad de veces. Quizás este siglo se lo leyó más que el propio al que pertenecía. "La biblioteca de babel", "el Aleph", "el Inmortal", fueron textos que se revisaron muchas veces desde este nuestro nuevo espacio. Las nuevas tecnologías, el Internet, los mundos virtuales no eran otra cosa que interpretaciones de sus ficciones. Se ha recurrido a esas semejanzas innumerables veces. ¿Pero no es ahora nuestro bibliotecario universal unos ojos que todo lo ven en lugar del bibliotecario ciego?
Pero todo lo que imaginaba maravillado se ha cumplido y también cosas que sus ojos ciegos nunca vieron. Leer a Borges hoy en día es sólo una diversión insensata y hasta peligrosa (¿cuando no lo fue?). Pero a pesar de esto recupero un célebre poema que una vez más nos habla en serio: En su grave rincón, los jugadores / Rigen las lentas piezas. El tablero / Los demora hasta el alba en su severo / Ámbito en que se odian dos colores. [...] En el oriente se encendió esta guerra / Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra, / Como el otro, este juego es infinito..
Es quizás demasiado fácil la relación de esta guerra con la que estamos viviendo hoy día muy infantil esta referencia con la guerra de dos colores iniciada en Oriente. Pero por eso mismo la relación funciona. ¿Nos deja sin esperanzas de esta guerra que no parece querer terminar y que sólo va alimentándose de seres vivos y esperanzas?. ¿Viven los hombres en fantasías Borgianas ignorándo la realidad?. Pero Borges pone al final de su poema no una solución sino una verdad que no nos atrevemos a decir. Dios mueve al jugador y éste, la pieza. / ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza / De polvo y tiempo y sueño y agonía?.
¿Cuales son los dioses que mueven las fichas, los que creen que vivimos en un inmenso tablero de ajedrez, lo que no ven vidas humanas sino peones caídos?. La respuesta es simple.
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Comentarios
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Magníficos los tres. Muy tierno el del Quijote.
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Detrás de Dios también hay otra trama, el del bien y el mal. Lo dice el mismo Borges en otra parte del poema.
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