Literatura compacta
Rasguña las piedras, Sui Generis
En los campos de concentración Argentinos no dejaban hablar a los presos. Tenían que permanecer en silencio, inmóviles y en la oscuridad por semanas enteras. Los únicos instantes de actividad que tenían eran los momentos de la comida, esperados con ansias por los internos y los de tortura.
Algunas noches o en las guardias más indulgentes lograban susurrar un par de palabras que atravesaban las paredes de madera y que llegaban hasta otra persona que tenía igual miedo e igual dolor, palabras que servían para confortar o ser confortado.
En mínimas palabras dichas en voz baja tenían que comprimirse historias, identidades, palabras de ánimo. ¿Y por qué no?, noticias, cuentos y chistes.
Con horas y horas para pensar la siguiente frase, con silencio y espera para desechar redundancias, y palabras inútiles. Que colosal esfuerzo antecedía a un goteo de mensajes que podía durar eternidades.
Esta es el más intenso ejemplo de literatura comprimida que conozco. Aquí no hubieron dinosaurios esperando, o quizás si. Falta demasiada imaginación para pensar en las historias que aquellas noches de horror y espera se contaron de una celda a otra. Yo, al menos, no lo puedo hacer.
NO TE OLVIDES SUSCRIBIRTE AL FEED DE EL FORASTERO
Categorías:Ficcion






