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Una salteña

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Quien me habría dicho que estaría aquí. Sentada en esta barra de bar sucia, que asco me dan los vasos apilados en el firegaplatos y la cumbia sonando en mis oídos con furia. Pero me han dicho que aquí sirven verdaderas salteñas bolivianas, hace tanto tiempo que no como una salteña.

Cuando desperté esta mañana mi marido se había marchado, o quizás no había llegado todavía, así que echada en la cama, pensaba en las salteñas que comía en Cochabamba. Era uno de los lugares más exclusivos, camareros amables y deliciosas salteñas recién sacadas del horno. O incluso las salteñitas de mi boda, perfectas empanadas del tamaño de un dedal servidas como canapés. Pero aquí no hay un lugar así, si quieres comer como de verdad se come en Bolivia, tienes que venir a este tipo de bares pequeños y sucios. Comer una salteña con las empleaditas del barrio, con las niñeras que les enseñan a hablar en boliviano a los hijos de españoles, con obreros y albañiles. Un caldo de cultivo migrante que está por hacer que se me atragante la salteña en la boca del estómago.

Pero la salteña está buena, está caliente y picante y tengo que pedirme una cerveza para que se me pase el ardor. Este sabor especiado y dulce me trae tantos recuerdos: Fiestas de cumpleaños en la mansión de mis tíos, quermeses en el colegio enseñándoles a comer salteñas a los hijos de los embajadores.

"Y cómo aprendió a comer salteñas hijita" me interrumpió de pronto una mujer de piel oscura, aretes de oro y las manos pringosas del jugo de la salteña. En Bolivia esa señora habría tenido pollera y trabajado en el mercado.
"Soy boliviana señora"
"Boliviana con esos cabellos tan rubios"
"Si pues, boliviana siempre " me quedé callada. Nunca había hablado con tanto acento, ¿qué hacía hablando así?, ¿intentaba demostrarle que éramos del mismo país?
"De dónde eres"
"De Cochabamba señora"
"Yo soy de Oruro. ¿Y qué haces aquí pues?"
"Vine con mi marido"

La señora aun me miraba incrédula. Cuando le llegó su sopa de maní empezó a sonreírme mientras se llevaba cucharada tras cucharada a la boca. Pedí otra sopa al del bar y empecé a hablar. No me podía callar, y ella me escuchaba atenta.

"Mis padres se había opuesto desde el principio. Era un guitarrista de rock, era borracho y mujeriego según decían, pero yo lo conocía de verdad. Sabía que todo era una pose. 'cómo vas a dejar a tu novio por ese' me dijo mi madre. Yo pensaba en mi novio actual, guapo y aburrido. Cuando empecé a salir con él mis padres estaban contentos, las familias habían sido amigas desde mucho tiempo y ambas tenían apellido. Pero no eran como nosotros, tenían apellido y también dinero. Nosotros sobrevivíamos sólo con un apellido y con la cadena de restaurantes de mi padre. Pero no pudieron decirme nada, amenacé con armar escándalo, con embarazarme para que nos tengamos que casar. ¿Se imaginan los periódicos con esa noticia?. 'la hermosa Ximena Los Santos, embarazada y soltera'. Tuvieron que aceptar. Además no pudieron decir nada, era músico de rock pero su familia tenía dinero. Lo que les molestaba era su apellido: hijo de un hacendado de oriente. 'Un campesino sobre-valorado', decía mi padre. 'Su dinero es de carne de vaca y quien sabe de droga'. '¿Con ese te quiere casar?'. Pero ya había tomado mi decisión. Esa noche le confesé a mi novio que desde hace varios meses me acostaba con un músico de rock, y que ahora habíamos decidido casarnos. Le devolví su anillo, le di un beso en la mejilla y lo dejé inmóvil sin decir ninguna palabra en la puerta de mi casa. Esa noche se quedó hasta tarde en su coche último modelo con las luces apagadas. Lo miraba desde mi ventana. Recién en la madrugada encendió el coche y se marchó. Antes de venirme a España me enteré que se había casado con una mujer mayor que él, pensé que era una broma."

"Mi boda fue hermosa, estuvo todo el mundo. Incluso vino el presidente, el mismo presidente que una semana después salió del país, de noche y en avión militar, en dirección de Estados Unidos con una cuenta en dólares en alguna isla. Su marcha significó la primera señal. Aunque para mi grupo de amigos no parecía que nada había cambiado, seguíamos teniendo fiestas y bodas, en esas fechas tuvimos un babyshower de una buena amiga. Tenía que dejar de modelar hasta que recuperara la figura, pero igualmente se la veía contenta. Salimos en el periódico 'Marianita Rivas con su grupo de amigas celebrando la buena noticia' . Además todo iba de maravillas con mi marido, era un hombre perfecto, sencillo, me cuidaba y me quería."

"Pero habían empezado a pasar cosas en el país. Mi padre tuvo que cerrar un par de restaurantes, y vendimos una casita que teníamos en Tiquipaya para pagar unas multas de mi hermano, atropelló a alguien con su coche nuevo, tenía sólo 15 años. Mi marido no parecía preocupado pero algo me decía que lo estaba. En la última fiesta que hicimos con mis amigos faltaban dos de ellos: Se habían ido a Miami a trabajar."

"Una noche mi madre me dijo que teníamos que hacer lo mismo. Que sería lo mejor con los malos tiempos que se avecinaban. Mi marido se empezó a emocionar con el proyecto, conocer Europa, tocar en bares, aprender de los mejores músicos del mundo. Me convenció que era lo mejor, que nos iría mejor que aquí."

"Así que llegamos en un vuelo de primera clase, ver las empleaditas que llegaban todas asustadas en clase turista me deprimía. Mi marido mostró el dinero que traíamos a los agentes de aduana, las habitaciones de hotel; incluso les comentó que era nuestra luna de miel. Y los primeros días fueron así. La ciudad era grande y preciosa, el final del verano hacía que la playa esté más vacía por lo que podíamos caminar cogidos de la mano disfrutando el viento fresco."

"Mi marido empezó a buscar trabajo a las semanas de llegar aquí. Salió a conocer bares y otros lugares donde se reunían los músicos, incluso fue averiguar clases en la universidad. Yo busqué una casa nueva, no podíamos comprar nada así que busqué alquiler. ¿El dinero?. Pues mi suegro pagaba todo, o al menos eso nos dijo pero al cabo de tres meses empezó a cortar las transacciones. Cada semana llegaba menos dinero y tuvimos que empezar a ahorrar. Mi marido ya tocaba en algunos bares, pero el dinero no era suficiente así que tuvo que empezar a trabajar durante el día en una compañía telefónica para ganar un poco más. Yo decidí que también podía trabajar y fui a hacer algunos castings de televisión. Yo antes era modelo, había sido el rostro de una marca de cremas, había salido en publicidades en todo el país. Aquí conseguí trabajo de extra en una publicidad, pasé una mañana entera esperando para que me filmen y al final sólo me sacaron la mitad del rostro, si la mitad."

"Ahora vamos tirando, trabajo en una perfumería vendiendo perfumes. Extraño las fiestas, y los restaurantes y las discotecas. Alguna vez salimos con mi marido, algún viernes o sábado si él no tiene concierto. Pero todo es muy caro, además si no sales en grupo no es tan divertido. Una noche intentamos entrar a la zona VIP de una discoteca, en Bolivia era nuestro ambiente, allí me sentía tan cómoda sentada en esos anchos sillones con una copa de colores en la mano y la música haciéndonos navegar. Pero aquí no nos dejaron ni entrar. Si no conoces a nadie no eres nadie"

"Yo me quiero volver, pero mi madre me dice que siguen habiendo problemas en Bolivia, a mi no me importa, siempre hubieron problemas, al menos allí conocemos gente y podemos divertirnos. Pero mi marido está contento, está muy cansado con tanto trabajo pero la ciudad le gusta, le gustan sus conciertos y dice que pronto tendrá suerte y grabarán algo o alguien los descubrirá. No se si será verdad. Además a mi la ciudad no me gusta tanto como a él, es demasiado grande"

"Mira como te hablado. Estoy más de una hora hablando."
"Tranquila hijita, parece que lo necesitabas. Ahora me tengo que ir porque los señores querían salir en la tarde. Cuidate. Tomá mi teléfono por si quieres llamarme para charlar otro día. Creo que ahora te reconozco. Salías en un poster hechada en una cama, ¿no es cierto?. Para que después digan que todas las bolivianas son feas. Ja ja ja. A ver, dejame abrazarte. Adeu como dicen aquí".


Temas: Ficcion | 8 Comentarios | Link
El forastero | 2006-12-05

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Comentarios

1
De: Leslie Fecha: 2006-12-06 03:34

No se si ya viniste x Virginia pero las mejores salteñas son la de Dña Luzmila igualitas a las de Cocha jeje. Nada como nuestras costumbres!!!!



2
De: Eduardo Fecha: 2006-12-06 16:07

Me gustó mucho el relato, sin duda refleja claramente loq eu els sucede a muchso bolivianos "de posición" q



3
De: Eduardo Fecha: 2006-12-06 16:09

Me gustó mucho el relato, sin duda refleja claramente lo que les sucede a muchos bolivianos "de posición" que se van. Ahí uno nota que en realidad somos un país muy pequeño, que nuestras diferencias son estúpidas y que tal vez nos une más de lo que nos separa



4
De: evelyng Fecha: 2006-12-07 03:09

me gustomucho el relato...al inicio pense en "salteña" comolas salteñas de carne y hueso
uuuffff felizmente me equivoque jajajaja
saludos desde PERU



5
De: Vania B. Fecha: 2006-12-08 01:44

Y pensar que aquí estamos peleando los unos contra ls otros y los de más allá con los de más acá, siendo al final TODOS bolivianos y afuera somos considerados así: bolivianos y punto.

Bonito relato.



6
De: MarthaX Fecha: 2006-12-12 11:56

Estoy aprendiendo a conocer Bolivia y a su gente a través de tus ojos. Es fascinante la manera en cómo abarcas tantos detalles. Un saludo.



7
De: Peggy Fecha: 2007-02-10 21:30

Realmente eres una escritora innata. Comunicas con gusto,elegancia y de una manera divertida, sanamente divetida.
En cuanto a las salteñas estoy buscando para mi hija que esta embarazada y le dieron deseos de comerse una.En Miami no puedo encontrar alguien que lo haga. Seguire buscando.
Saludos, eres genial.
Peggy



8
De: claudia Fecha: 2007-11-26 19:03

me gusto mucho tu relato, por que en parte te entiendo mucho, te deseo bueno suerte y espero que podamos volver todos los que decean a Bolivia y gozar de toda la maravilla que tiene y no lo sabemos a provechar en su devido tiempo.
clau



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