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Ya estoy aquí. De regreso. Seis días de viaje. Más de 3000 kilómetros recorridos. Historias que rebasan los límites de lo vivido para adentrarse en la ficción. Hay aun mucho que hacer, contar, escribir, pero sigo llegando de New Orleans, una ciudad que presiento nunca terminaré de marcharme completamente. Han sido cinco días, demasiados pocos días. Es una ciudad para quedarse, sino a vivir, al menos pasar algunos meses por sus calles. Me encontré con la ciudad y sus influencias, españolas, francesas, haitianas, negras, con su comida mariscos, aromas mediterráneos y caribeños; con su música; con el recuerdo aun demasiado vivido del Katrina. El viaje está aun demasiado cerca para describirlo, para eso recurro a otros medios. Primero una breve muestra de las fotografías sacadas allí. Y después la introducción de un libro encontrado en una pequeña pero gigantesca librería de New Orleans. El libro se llama New Orleans Stories: Great Writers on the City, el autor de la introducción es Andrei Codrescu, un escritor enamorado de la ciudad. Y la traducción es mía y puedo asegurar que todo lo que dice es verdad: Introducción
Andrei Codrescu Hay ciertas ciudades, y ciertos lugares de ciertas ciudades donde el lenguaje oficial es el de los sueños. Venecia es una. Y Paris. North Beach en San Francisco. Wenceslaus Square en Praga. Y Nueva Orleans, la ciudad que sueña historias. Escritores vienen y escuchan, y se llevan algunas de esas historias, pero estas son sólo algunas gotas de un Mississippi de historias. El Mississippi trae aquí todas las historias del resto del país y casi no puede contenerse de estallar cuando New Orleans añade sus propias historias. (La más grande historias de todas, es de hecho el trágico amor del anciano hombre-rio Mississippi por la considerablemente más joven y rápida río Atchafalaya, un amor que un ejército de Ingenieros han estado haciendo su mayor esfuerzo para evitar con cerraduras y llaves y cemento… todo en vano. De acuerdo a muchos observadores de ríos con el tiempo el anciano hombre río se terminará uniendo con su amor). Fantasmas y piratas, los protagonistas de algunas historias de este libro, son tangibles como la niebla matinal de algunos días en New Orleans. Abres tu libreta de notas en algún café al aire libre en Vieux Carre y te encuentras en lugar en intenso congreso con sombras debajo de las gigantescas hojas de palma o de las higueras sobre tuyo. En algunas tardes la luz filtra sus arabescos entre de la celosía de los balcones y tus sueños, sin apenas tocar tu café. Los muertos casualmente pasan cerca: Buddy Bolden, el creador del Jazz; un joven Louis Armstrong; Marie Laveau, reina del voodoo en cuya tumba en el Cementerio de San Luis cada noche se encuentran ofrendas recientes; Jean Lafitte el pirata, cuyo tesoro sigue enterrado en la chimenea del Old Blacksmith Shop en Bourbon Street; las hermosas y tristes amantes Creol de los aristócratas franceses y españoles; viejas comparsas de carnaval; y multitudes de otros, esclavos, marineros, aventureros, escritores. Cerca de donde vivo, se encuentra el cementerio Lafayette en Prytania Street. El vampiro Lestat de Anne Rice vive en una de sus tumbas. F. Scott Fitzgerlad escribió "This side of Paradise", su primera novela, en un apartamento con vista al cementerio. El tenía 23 años. Pocas décadas después, un joven poeta, Everett Maddox, se mudó a New Orleans y rentó el apartamento de Fitzgerald. Aun está disponible, barato, como todo lo demás en New Orleans. No tiene una placa memorial. Si New Orleans comenzara con el negocio de placas memoriales para todos los escritores que han nacido aquí tendrían que cubrir el pueblo entero. Hay una placa en el Callejón del Pirata, en la casa en la que Faulkner vivió, pero no hay ninguna en la casa Audubon. Cuando los escritores llegan, caminan oliéndolo todo porque New Orelans es, sobre todo, un pueblo de embriagadora esencia de Jazmin o de las dulces mezclas de aceitunas con el aroma empalagoso de las refinerías de azúcar y el almizcleño olor de barro del Mississippi. Es un intoxicante poción de descomposición y regeneración, una sensación de muerte y vida, que ocurre simultáneamente y esta inextricablemente entrelazado. Es un sentimiento que sólo puede generar una rica música filtrándose toda la noche por las rajaduras de casas y de destartalados clubes, la sensación que los misterios de la noche pueden seguir para siempre y que allí hay muy pocas diferencias entre la vida y la muerte excepto por la poesía y la música. Raras veces los escritores vienen aquí a encontrarse con otros escritores. La vida aquí les es suficiente. Vi a Richard Ford en una fiesta y le pregunté que estaba haciendo: "Estoy viviendo aquí desde hace dos años" me dijo. No tenía ni idea. De vez en cuando se sabe de escritores que van mudándose en silencio. Los encuentras ocasionalmente, pero es tan probable como encontrarse con Walt Whitman, tomando un Café au lait y comiendo beignets en el Café Du Monde. El otro día, pasando por las adornada fachada del viejo edificio de la United Fruit Company (la compañía hecha famosa por la maldición que le hecho el poeta Pablo Neruda) tuve el fugaz presentimiento que todos, vivos o muertos, regresan a New Orleans. Si la gente no puede regresar mientras está viva, lo harán cuando mueran. Y todos los que han vivido aquí, los dandies Españoles y Franceses disfrazados, las damas Victorianas de la edad de Kate Chopin, las prostitutas y los rufianes, y los poetas, siguen aquí. En una ciudad como New Orleans, construida para humanos en una época sin coches, es posible moverse por las calles con facilidad y hay campo suficiente para todos. Nueva Orleans es una ciudad pequeña pero parece espaciosa porque siempre está llena de gente... como un concurrido bar de noche. En el amanecer un bar desierto parece pequeño, más allá de lo increíble: ¿como han entrado todas esas personas?. La respuesta es que el espacio y el tiempo son subjetivos sin importar lo que el impío reloj del siglo veinte de América nos pueda decir. Y hay más tiempo y espacio subjetivos aquí en New Orleans que en casi cualquier otra parte de Estados Unidos. Lo que no significa que la triste ironía del comercio deshumanizado y la violencia no nos toquen: Lo hacen. Como lo probaron ampliamente Walker Percy de Movigoer o Ignatius Reilley de John Kennedy Toole. Pero la ciudad da pelea, una divertida, triste pelea compuesta a veces de taimadas estupideces e ineficiencias del Tercer Mundo. La ciudad puede volver loca a la persona sensata, pero alimenta al soñador. Alimenta al soñador con historias música y comida. Estupenda comida. New Orleans, 18 de Febrero de 1991. Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/45645
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