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Presiguiendo lo nuevo

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Traducción manual al catalán: Perseguint el que és nou por cortesía de Arnau.


newMientras los miembros de las vanguardias tanto en Latinoamérica como en Europa escribían sus manifiestos, se debatían entre la fascinación y el rechazo de influencias dispares, en Brasil se empezaba a seguir las enseñanzas de los pueblos indígenas que podían combatir con fiereza al enemigo y al mismo tiempo mantener la admiración de la valentía de este para alimentarse de su carne buscando con este ritual adquirir algunos de sus más respetados valores.

Las vanguardias son una serie de movimiento originados casi simultáneamente en diferentes países en el primer cuarto del siglo XX nacidas con el afán renovador, de derruir experiencias e intentar crear un arte nuevo.

En estos instantes iniciales los autores no se alían con ninguna otra corriente y desean ser los primeros. Quieren ser la vanguardia de la vanguardia.

Sin importar con que "ismo" se le categorizara, la búsqueda de lo nuevo siempre fue el motor que impulsaría a todos los movimientos vanguardistas. Ya sea "inventando mundos nuevos" (Huidobro). Pero el objetivo final de todos ellos simplemente era crear: "un arte plástico completamente nuevo" (Apollinaire).

Los artistas por este medio buscaban no únicamente crear algo nuevo alejándose de la mimesis del arte, sino que mediante ese ejercicio también hacer desaparecer todo lo antiguo, dejando todo detrás "como recuerdo, en los museos" (Huidobro)

Pero si este intento de renovación hubiera sido completo no hubiera quedado sombra alguna en el arte vanguardista, Pero aquí llega la paradoja. Querían rechazar todo pero seguían sintiendo atracciones inquebrantables, fascinaciones y fidelidades que no pudieron derrocar. Esto quizás fue su pecado, y posiblemente su salvación.

El año 1909 Marinetti publicaba el Manifiesto Futurista, ese mismo año Rubén Darío publicaría una traducción en Argentina criticando este texto. La siguiente década y media el italiano la pasaría publicitando esta nueva forma de ver el mundo con lecturas y viajes por todo el mundo. El año 1926, cuatro años después de la Semana de Arte de Sao Paulo, cuatro años después del momento más claro de la vanguardia, realizaría un tour con varias presentaciones uniendo en el mismo viaje a Sao Paulo, Rio de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Las reacciones fueron mixtas, el público lo recibió como a una estrella de Rock, y muchos intelectuales rápidamente se aprestaron a ponerse a su lado, pero al mismo tiempo otros criticaron ácidamente a la postura fascista de Marinetti que apoyaba al gobierno de Mussolini.

Mario de Andrade uno de los personajes importantes que estuvo presente tanto en la semana del arte de Brasil así como en el viaje de Marinetti por Brasil, marcó con solo su presencia el paulatino alejamiento del modernismo, de todo el movimiento central, de los seguidores fieles del futurismo italiano así como de aquellos intelectuales que lo criticaban.

Y aunque se alejaría de los círculos más apasionados, no dejaría de hablar de las maravillas del futurismo que traía Marinetti viendo más allá de la belleza de la máquina:

"las facilidades de locomoción hacen que podamos gastar los asfaltos de Tokio, Nueva York, París y Roma en un mismo abril. Por los periódicos somos omnipresentes. Las lenguas se barajan. Se confunden los pueblos"
(Andrade, M)


y al mismo tiempo con el conocimiento que este creaba

"conmociones y más conmociones, generalmente de orden intelectual.
¿Defecto?
Ni defecto ni beneficio."
(Andrade, M).


Pero no sería hasta la llegada de Oswald de Andrade, que se encontraba en París cuando llegó Marinetti, que se lograría una respuesta más bien alimenticia:

"El caníbal era un "polemista" (del griego polemos: lucha, combate), pero también un "antologista": sólo devoraba a los enemigos que consideraba valientes, para sacarles la proteína, el tuétano para robustecer y renovar sus propias fuerzas naturales"
(Campos).


Con la redacción del "Manifiesto antropófago", el gran documento iniciador de la vanguardia Brasileña, Oswald de Andrade se enfrentaría a la paradoja que aquejaba a todo el continente aceptándola como parte misma del problema. Pero Oswald de Andrade no buscaba lo nuevo. Sabía que esto era imposible y más aun en Brasil: "Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de oro". Lo nuevo se encontraba en lo otro, en lo ajeno. "Sólo me interesa lo que no es mío.". Oswald de Andrade encontró la novedad tan buscada por los Vanguardistas justamente en aquello que más problemas traía a los otros.

Oswald de Andrade no inventaría nada totalmente nuevo, como ninguno de los vanguardistas lo hizo, pero logró algo que los otros no pudieron. Tener la humildad necesaria para aceptar las influencias que construyen nuestro arte, y la soberbia de poder elegir aquello que más convencen. El resto de los personajes de la vanguardia fueron o demasiado soberbios o no lo suficiente, y quizás esta fue la razón por que se hayan encontrado en este limbo sin poder comprometerse y sin lograr aquello tan deseado: "Lo nuevo".


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El forastero | 2007-02-26

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