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Tags: Fotografía de Colita la gran fotógrafa catalana.
Ayer les mostraba el artículo publicado en Los Tiempos sobre García Márquez en base a la respuesta de varios escritores a un breve cuestionario. Estas fueron las preguntas originales que sirven como mi particular homenaje a Gabriel García Márquez en este momento que todo el mundo le está haciendo homenajes. 1.- ¿Gabriel García Márquez cumple 80 años este marzo. ¿Cuál cree que es la influencia de la obra de este escritor colombiano a la literatura en general? Y un día el Big Bang estalló. Toda la literatura de Latinoamérica, sobre política y sobre pequeños pueblos, sobre grandes sagas familiares y sobre tribus, sobre duras realidades y sobre dictaduras y sobre militares y magos, y dictadores, y sobre hermosas niñas, y peligrosas mujeres, y amores imposibles y selvas y ciudades, y esperas eternas y viajes sin regreso, y sobre asesinatos, y virginidades, y sexo. Toda la literatura del continente comprimida estalló con una luz radiante, con nombre y apellido y creó el universo entero. El Big Bang se llamaría García Márquez, y con el acto de presionar la tecla de una vieja máquina de escribir se introduciría en el ADN mismo de la literatura. Desde aquel momento mucho ha ocurrido. Hemos querido parar las olas, navegar hacia el inicio del universo negando las mareas que nos alejaban de él, construir nuestro propio continente intentando negar su eco. Las mareas de luz y energía quizás ya han pasado, pero como ocurre con el verdadero Big Bang que aun podemos detectar al ver el ruido de fondo de un televisor, cada libro que abrimos aun tiene un ligero eco de aquel gran inicio de toda magia. 2.- ¿Nota usted alguna influencia de la obra de García Márquez sobre la literatura boliviana? Es difícil viajar por Bolivia sin llegar en cada puerto a un eterno Macondo, o leer la historia de nuestros dictadores sin encontrarnos sin el fétido olor del Patriarca, o incluso caminar por pueblos perdidos de nuestra geografía sin creer ver en cada esquina a la Cándida Eréndira (y a su abuela desalmada). García Márquez no sólo ha afectado a la literatura Boliviana sino que a nuestra propia forma de ver Bolivia. Y nuestra literatura por palabra, obra u omisión (como aquel pésame católico) sigue regresándonos a García Márquez, de la misma manera que siempre volvemos a Borges, a Cervantes y a Homero. Todos ellos ya son parte nuestro. 3.- Y sobre su trabajo literario, influyó en algún momento García Márquez en alguna novela o cuento suyo en particular? Siempre quise, no tuve el valor suficiente, de crear mi propio macondo. O de ponerle alas de pajarraco a un Gabo Márquez anciano y dejarlo vagar por una Barcelona postolímpica, o agarrar a pedradas a la bella que se fue volando para ver si la derribamos de una vez por todas como a un volantín rebelde, o resucitar una vez más al eterno dictador, pero esta vez con pulmones de fuelle, piernas biónicas y un corazón que late al frío y rítmico latido de un reloj digital. Si García Márquez afectó a mi literatura, puedo decir que sí lo hizo, conciente e inconscientemente. 4.- Cual es la opinión particular que tiene sobre la obra y la personalidad de García Márquez? García Márquez siempre será el tío, viejo verde enamorado de mi mejor amiga, que todos quisimos tener. De convencidas ideas política sin importarle el viento que sople. De oscuros amores (mujeres, libros, partidos). Y si en realidad alguna vez le hizo, de un golpe, besar suelo cubano a Vargas Llosa, sólo por ver el gesto en el rostro de este último valieron la pena todos sus errores. Su obra dice más que todas las palabras que la puedan describir. Posee algunas de las más perfectas novelas breves (como Crónica de una muerta anunciada y El Coronel no tiene quien le escriba), dos de las más increíbles novelas ríos, novelas inacabables como la propia vida de sus protagonistas (El amor en los tiempos del cólera y El Otoño del patriarca), una novela que son muchas novelas (Cien años de soledad), las más hermosas y terribles imágenes, artículos que hablan del amor de la literatura como el prólogo al Diccionario de Uso del Español de María Moliner, algunos errores, ensayos y pruebas y una legión de amigos y enemigos que son señal de una vida bien vivida. 5.- “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, salvo alguna palabra demás u otra faltante, a muchos lectores se nos ha quedado pegadas en la memoria esa frase inicial y muchos detalles de la obra en cuestión. La celebración de los 80 años del escritor colombiano coincide también con los 40 años de la publicación de su novela “Cien años de soledad”. ¿Ha leído usted la obra? ¿Qué impresión le ha causado la primera lectura de esta novela? "Cien años de soledad" fue el primer libro que leí de este autor. Lo hice además en una edad en que se suponía que tenía que leer otro tipo de literatura más "infantil". Fue perder el miedo a la segunda página de la mano de Melquiades, y encontrarme en medio de una historia tan basta como una inacabable cena familiar en el que todos intentan contarte su historia. La segunda vez que la leí ya tenía mayor conocimiento de causa, e incluso me aterró la irresponsabilidad cometida por mis padres en dejar esa novela en manos de un niño, pero adivinando a la vez esa era la mejor forma de leer este libro. La tercera vez que la leí la comencé en Madrid frente a la estatua de don Miguel de Cervantes para acabarla en el autobús camino a Barcelona, la misma Barcelona que lo había refugiado, y que también lo hacía conmigo, quizás siguiendo sus pasos de una forma inconsciente. Siempre que leí esta novela me encontré con una sensación semejante: un mundo que se construía delante mío, que imitaba además la estructura fantástica de Macondo, y que cien años después se iba deshaciendo como un castillo de arena o de un libro que de pronto se ha secado y podrido en mis manos dejando sólo restos. Las últimas páginas las leía como un viento que te quita las hojas de las manos, y al mismo tiempo que Macondo y la familia Buendía se deshacía (innombrables pesadillas con una cola de cerdo poblaron mi infancia), el mismo libro parecía consumirse, devorarse, autodestruirse. Sólo queda una opción, releer el libro, enfrentarse nuevamente a su abundancia. 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