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Dolor

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Nunca he tenido demasiadas experiencias con el dolor. Salvo un dedo dislocado o alguna herida leve este era momentáneo o una sorda molestia como aquella muela del juicio removida, en la que la boca poco a poco va saliendo de la anestesia.

Pero hace dos noches me desperté con una molestia en el estómago que, a medida que fueron pasando los minutos, fue aumentando. Pronto me di cuenta que no era un dolor común y que tenía que dirigirme al hospital. Para ahorrarles la historia después de esperas y análisis llegaron a la conclusión de que se trataba de una piedra en los riñónes, nada grave pero si muy doloroso.

Mientras esperaba que me atendieran en la proverbial burocaracia de los hospitales americanos así como que llegara el médico que pueda recetar algo contra el dolor tuve que aguantarlo, sus nauseas y sus oleadas, con el tiempo suficiente para hacerme una buena idea de cómo era este y de como yo reaccionaba.

La forma del dolor, al contrario de lo que dibujan en todas las publicidades de analgésicos, no son rayos o estrellas. La forma que tiene el dolor es mucho más orgánica y redondeada como una capa viscosa sobre el lugar adolorido. Un espacio del cual puedes sentir su superficie pulida y de la que incluso logras reconocer sus límites y formas. Intento poner formas y texturas a algo que en realidad no lo tiene, así como que intentaba hacer ese ejercicio para alejar mi mente del momento. Porque al final uno sospecha que el dolor es sobretodo mental y da la impresión que si lográramos distraernos lo suficiente podríamos dejar de sentirlo. El problema es que la naturaleza imperiosa del dolor no nos lo permite, no permite a nuestra mente alejarse.

El cuerpo queda agotado después del primer enviste. Tus músculos buscan aire en este espeso mar, sientes tu cuerpo separado de ti mismo, como si él sufriera y por su culpa tu tuvieras que experimentarlo también. Quedas tan sensible que cuando el dolor regresa lo sientes mucho antes que llegue en toda su potencia y como no hay salvavidas o escape tienes que enfrentarlo sólo y desnudo. Me imagino que en este instante, con dolores más fuertes, será cuando uno pierde la conciencia.

La otra cara de la moneda del dolor no es el placer, sino justamente cuando este pasa. Y en esta ocasión el alivio vino de la mano de una droga. Morfina diluida entrando por la vía del suero. Al entrar directamente en la sangre, a diferencia de los analgésicos en comprimidos, la sientes entrar en el cuerpo como algo casi físico. No sólo el dolor va desapareciendo cuando esta marea lo cubre, sino que uno mismo siente ser zambullido a la fuerza. La cabeza se vuelve pesada, tus articulaciones se convierten de algodón, tus movimientos son lentos y el aire mismo que te rodea cambia sutilmente su consistencia.

Asimov, cuando tuvo el mismo problemas de pierdas en los riñones, contó que temía que si volvía a necesitar la morfina podía volverse adicto. Con una única experiencia con esta no puedo comprender este tipo de adicción, la sensación es placentera en cuanto calma el dolor, pero no necesariamente lo es en cuanto la reacción de tu propio organismo, mareos y nauseas una vez pasado, y pesadez general cuando aun una gota recorre tus venas. Lo que si puedo imaginar es a tu cuerpo acostumbrado a esa droga y que sea él, más que tu mismo, el que lo exige.

Hay quienes comparan este dolor con el del parto. Este tipo de dolor, creo yo, que no es ni siquiera una pequeña muestra de aquel (huesos que se descoyuntan, músculos que se estiran, una cabeza dándose paso), y revela lo poco que aguantamos los hombres.

No puedo ni siquiera aparentar tener experiencia con el dolor después de sólo una mala noche, ni escribir algo que vaya más allá de esta breve crónica. Han habido muchos otros que han escrito sobre el dolor, dolor vivido por ellos mismos, dolores que para nosotros serian imposibles e inaguantables. Quizás ellos tengan una posibilidad más justa para escribir sobre este. Aquí sólo comparto mi pequeña experiencia.

Casualmente coincide hoy, y no me tomen por el lado sacrílego, con el fin de uno de los grandes martirios de los que tenemos memoria: La pascua de resurrección.


Temas: Personal | 3 Comentarios | Link
El forastero | 2007-04-08

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Comentarios

1
De: La Materia Oscura Fecha: 2007-04-08 22:15

¡Ánimo! Cuídate mucho. Y procura no sufrir demasiado. ;)



2
De: Mar Fecha: 2007-04-09 02:23

no es del ootro mundo, pero joder q duele
cariños cariño, y cuidate



3
De: Anónimo Fecha: 2007-04-27 17:00

Hablando de resurreciones,esta "radiografía" del dolor también es impresionante:

Búsquese una foto del rostro de la Sábana Santa, tal y como se ve en realidad (no el "negativo").

Por ejemplo, la imagen izquierda de esta página:

http://www.shroud.com/shrdface.htm

Usese un ordenador portátil para verlo y gírese poco a poco la pantalla hacia atrás, hasta que el propio contraste de la pantalla haga que se torne el positivo en negativo en la imagen.

El efecto que se observa es impresionante: más aún que los negativos fotográficos .

Casi se puede palpar el verdadero rostro (en tonos azulados y casi tridimensionales) del hombre de la imagen. ¿Jesús?.



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