El forastero


Inicio > Historias > Engaños

Engaños

Tags:

La encontré por una página de contactos en la que me inscribí. Al principio me enfureció encontrar a mi mujer, buscando posibles amantes en una página de Internet, pero nada podía decirle porque yo mismo estaba realizando aquella impúdica acción. Me hizo gracia de la foto que había elegido, nos la habíamos tomado juntos una vacación. Estábamos en la proa de un barco sonriendo, y sacándome de la escena para la fotografía de su perfil, se la veía particularmente hermosa. Me imaginé que pronto me descubriría por la foto de mi perfil por lo que decidí escribirle, revelando nuestro mutuo secreto.

Su respuesta duró menos de un día, y el mensaje de un correo desconocido me decía que había algún error que ella no era mi mujer y que a pesar de haber visto mi fotografía no me conocía. Quise seguir su juego disculpándome e intentando sonar divertido y seductor por email. Pronto dio resultado y ya nos escribíamos como conocidos de mucho tiempo. Mi mujer me iba contando una historia que, al parecer, iba inventado sobre la marcha. Yo en cambio menos propenso a la creatividad repetía mi auténtica biografía.

Estos mensajes duraron varias semanas aunque en nuestra vida cotidiana nunca se revelaron nuestras conversaciones nocturnas. Seguíamos siendo una silenciosa pareja que hacía el amor unas dos veces a la semana, salía con los amigos los sábados por la noche e iba de paseo por la ciudad los domingos al medio día. Nunca dijimos nada de nuestro romance virtual, porque poco a poco se fue convirtiendo en eso. Cada vez las cartas eran más apasionadas, los mensajes más atrevidos. Le develé fantasías que eran ciertas pero nunca había atrevido a confesarlas, y ella inventó otras tantas que me sorprendieron por su creatividad.

Un buen día, un mail suyo llegó con una propuesta. "Veámonos". Me imaginé que mi mujer, harta de aquella distancia entre la realidad y la ficción quería por fin unir ambos lados de nuestra relación. Sugerí el restaurante donde fuimos a nuestra primera cita, y quedamos para el próximo viernes.

Finalmente llegó aquel viernes. Me despedí de ella aquella mañana sin decirle nada. Saliendo del trabajo pasé por un bar para hacer hora y en la soledad de la barra fue cuando me di cuenta de mi error. Habían pasado semanas en el engaño y hasta ahora no lo había sospechado. La fotografía me había convencido, pero nunca intenté aclarar aquella incógnita y escribí largos y apasionados mensajes a una mujer que no era la mía, a una misteriosa mujer de los avisos que por algún extraño juego del destino tenía la fotografía de mi mujer. Incluso ahora dudaba que aquella fotografía hubiera sido la misma. Pedí otra cerveza sorprendido por la evidencia de tal verdad. Además faltaba menos de media hora para encontrarme con una extraña que creía que era mi mujer.

Pero comprendí que había entrado a aquella página de anuncios buscando a una amante, y la había conseguido, apasionada e imaginativa además. Tiempo atrás me había planteado engañar a mi mujer, pero la pasión de las cartas de esas últimas semanas me había quitado la idea de la cabeza. Pero ahora, descubierta la verdad, no había nada que evitara hacerlo. Mi matrimonio no se había enriquecido con un juego virtual, se había quedado en la simple y monótona rutina. Yo había sido el único engañado que algo había cambiado.

Es así que acabé de un sorbo la cerveza y me dirigí hacia aquel restaurante, donde tiempo atrás nos había recibido a mi mujer y a mí, como dos desconocidos preparados para una cita, que le continuaron 15 años de matrimonio.

Cuando llegué al restaurante ya me esperaba, pude verla desde la puerta del bar. Tenía cierto similar aspecto a mi mujer, y efectivamente puede que me hubiera confundido su fotografía. Me acerqué con una sonrisa en el rostro y me senté frente suyo a la mesa. La noche fue fantástica, hablamos y bebimos. Pasamos a la habitación de un hotel, y regresé pasada la media noche a mi hogar. Mi mujer dormía en su lado de la cama y me acosté sin despertarla. Dormí larga y pesadamente sin pensar en nada.

Al día siguiente, cuando abrí mi correo electrónico encontré un nuevo mensaje de la páginas de contactos que decía: "No sabía que mi marido buscara novias por Internet...".


Temas: Ficcion | 0 Comentarios | Link
El forastero | 2007-04-30

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/49036

Comentarios

Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 38.103.63.16 (fb547fdcf1)
Comentario

Entradas Antiguas


Sindicación

Busca dentro del Blog

El Otro Tigre


Personales

Meta
  • Blogalia
  • imagen
  • BloGalaxia
  •  Bitacoras.com
  • Add to Technorati Favorites
    Arts & Entertainment Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Adicciones

Web Comics

  • eXTReMe Tracker


Licencia


Miguel Esquirol Ríos - Under Creative Commons
Año 2006 - V. 4.0