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Historias > Montañas
Yo no nací en el mediterráneo. Yo nací entre montañas, ya sean los escarpados precipicios de mi ciudad natal, o el maternal abrazo de una cordillera que encerraba el valle donde también viviría. Mi vista estaba acostumbrada a toparse con una masa de tierra y piedra, ya sea la cercana y casi palpable, con aroma a piedra caliente, o las lejanas y casi inmateriales montañas color azul que se confunden con el cielo.
Nunca me pude acostumbrar al mediterraneo, viviendo en Barcelona mi vista se perdía agotada en este horizonte infinito, el vértigo de las olas repetidas, del vacío y la lejanía. Cuando esto pasaba necesitaba afirmarme en las montañas cercanas del Tibidabo o Montjuic, ambos montes coronados con construcciones de paradójicas y extrañas relaciones. El primero con una iglesia y un parque de diversiones, el segundo con un castillo/cuartel y un cementerio. Cuando de verdad necesitaba a las montañas podía huir hacia Montserrat para cobijarme a los pies de los gigantes rocosos, casi vivos, casi dioses.
Cuando llegué a Ohio, el midwest americano me recibió raso, lo encontré abundante en sembradíos, en carreteras, en horizontes, en poblaciones que se repiten infinitamente, pero sin ninguna montaña. Encontré algunas de hermosos colores otoñales en West Virginia (West Virginia, Mountain Mama), y se que detrás del horizonte duermen o velan las Rocky Mountains a las que algún día tendré que acudir.
He nacido entre montañas, los domingos recorríamos la herida mineral de una quebrada, o buscábamos ojos de agua escondidos en escarpadas regiones. Tengo aun los pies cansados de subir a duras penas, y bajar saltando, casi elevándome de roca en roca. Recuerdo su piel olorosa a viento frío mientras la recorría por primera vez, cobijados ambos bajo un saco de dormir en el medio de la montaña y los sueños de volar sentado en una alta roca (yo fui el primer habitante de Nunca Jamás).
Había días, sobretodo cuando dormía en el campo, en que era fácil imaginar a los dioses convertidos en montañas, o a los hombres creyéndolas dioses. Cumbres nevadas, lunas tardías que también tenían que escalar hasta la cima antes de llegar a nosotros.
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Comentarios
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| De: Lila |
Fecha: 2007-07-12 22:32 |
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Les queria avisar la existencia de un blog muy pero muy interesante, espero que lo apoyemos ya que es 100% Boliviano, la direccion es:
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Lila
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| De: Vania |
Fecha: 2007-07-12 23:20 |
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Es lindo nacer entre gigantes dioses de piedra, con el viento frío de las montañas que te refrescan el alma.
Buen relato. Saludos, Forastero.
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Gracias Vania...
Lila... me encantó tu último post.
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