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Escrito en el aeropuerto de Washington
Hoy por la mañana, antes de salir hacia el aeropuerto saque de una maleta que no había tocado desde hace meses un sobre con varios sobres. En estos había guardado juegos de documentos de los diferentes países donde he vivido. Sintiéndome espía de películas de la época de la guerra fría guardé en la maleta un par de juegos de pasaporte, carné de identidad, carné de conducir y tarjeta de crédito.
Los juegos de pasaportes se explicaban por la doble nacionalidad que tenía gracias a mi viajero padre que me vio nacer muy lejos de sus propias costas. Las tarjetas de crédito con un poco de dinero en cada una de ellas se convertían en una especie de amuleto que me anclaba a la posibilidad de regresar a aquellas ciudades, tener ese dinero escondido me hacía pensar que no había cerrado aquella puerta del todo ni había quemado aquellas naves. Habiendo vivido en varios países, con una vida y una historia propia, había ido acumulando estas vidas repetidas, similares existencias en diferentes geografías.
Mis vecinos de una de las casas en las que he vivido, con los que pasaba largas tardes tomando café y apareciéndome en su portal sin ser invitado me contaron que antes del viaje que los había traído aquí, como yo también ellos eran viajeros; habían perdido todos sus documentos pocos días antes del viaje salvándose únicamente como por encanto los pasaportes y pasajes que los tenía la agencia de viajes. Este hecho que en un primer momento les pareció una tragedia y mal agüero para el viaje que estaban por iniciar, pronto se convirtió en una señal benigna. Nada les ataba a esta tierra lo que haría que su partida y despedidas sean más ligeras. Mientras subían las escaleras del avión tenían la sensación en el pecho de tristeza a la que siempre sucumben los viajeros que dejan amigos y geografías familiares, pero muy pronto con únicamente los papeles para llegar a su nuevo destino y sin ninguno para retroceder pudieron respirar satisfechos cuando el avión partía como si un peso del tamaño del avión se les hubiera levantado del pecho. Por una vez no pertenecían a ningún lugar.
Siempre pensaba en ellos cuando guardaba en un sobre los documentos que no utilizaría en la ciudad a donde llegaba, carnés, tarjetas de crédito, incluso un poco de dinero en cuentas de crédito en diferentes países eran justamente lo contrario lo que habían hecho ellos. Yo llevaba conmigo ese fragmento del país o ciudad que dejaba atrás y a diferencia de ellos ese sentimiento era el que me daba la libertad de continuar viajando, sabiendo que siempre podría regresar. Buscar los papeles en una maleta empolvada y con ese simple gesto estar dispuesto al retorno.
Escondiendo los documentos en el bolsillo trasero de mi maleta revisé por última vez la casa que dejaba y subí al coche que me esperaba. Mientras me dirigía al aeropuerto toqué en un gesto automático los documentos que llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Mi personalidad más maniática y paranoica surgía en estos momentos. La pesadilla de la víspera del viaje que se repetía en todas las vísperas de todos los viajes en la que perdía el pasaje en medio de un incomprensible aeropuerto, acosado por agentes de seguridad al no encontrar mi pasaporte, descubrirme con una maleta que no era la mía y escoltado a la fría prisión que estaba seguro cada aeropuerto tenía, se convertía en el momento del viaje en una compulsión constante que me hacía revisar pasajes, y pasaportes permanentemente, llevando la mano a la altura del corazón como en un tick nervioso y obsesivo.
Finalmente en la sala de espera con la seguridad de que ya me encontraba seguro de olvidos y accidentes intenté relajarme en la sala de espera esperando a que comience el embarque de mi vuelo, y mientras veía el panel de salidas y llegabas pensaba en todas las otras veces que me encontré en una situación similar pensando en todos los destinos de esos aviones con la ligera sensación que podría escoger cualquiera de ellos y me llevarían a un lugar desconocido. Así como en los destinos que me acompañaban en forma de documentos con sus propios pesos e historias y en las veces que me tocaría volverlos a cambiar.
Lo único que revelaba todo lo que dejaba atrás era que los juegos similares de documentos, pasaportes, tarjetas de crédito mostraban nombres diferentes bajo la misma fotografía.
Referencias (TrackBacks)
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Comentarios
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| De: MG |
Fecha: 2007-08-03 17:39 |
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Que modernidad, antes uno se llevaba un puñado de tierra por cada lugar vivido, ahora tu llevas tarjetas de credito.
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Es lo que hay, ahora el precio de la tierra está por las nubes
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| De: roser |
Fecha: 2007-08-06 00:15 |
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será por eso que Maná escribió la canción esa de "quiero atravesar el tiempo sin documentos", no?
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Es muy posible, aunque no fue maná sin Los Rodriguez
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Parecido al ladrillo que Benedetti llevaba por el mundo para mostrar cómo era su casa.
Yo estoy por regresar, y tdavía no sé que llevar conmigo
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