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Historias > El embrujo de Shangai
El embrujo de Shangai (1993). Juan Marsé nos cuenta una nueva historia, regresando a un lugar y una época en la que está bastante familiarizado, aunque su visión de esta España de mediados de los años cuarenta, en plena dictadura, en un barrio humilde de Barcelona será mucho más inocente al situarnos detrás los ojos de un niño de 12 años llamado Daniel. A pesar de esa mirada infantil, o quizás justamente gracias a ellas, será posible ver con claridad la situación social y sentimental del momento.
La historia sigue a Daniel en sus incursiones con Blay, un vecino anciano y casi loco que quiere salvar al pueblo de una supuesta fuga de gas y el humo negro de una fábrica. Pasa las tardes en la casa de Susana, una niña con tuberculosis a la que tiene que dibujar por instrucciones de Blay y donde conoce a Focart, amigo del padre de Susana que les contará las aventuras de este en la lejana Shangai en una historia de intriga y misterio.
La novela está dividida en tres espacios, el barrio donde Daniel y el anciano Blay recorren buscando firmas para la petición de que se controlen las emisiones de la fábrica, un barrio gris de Barcelona, lleno de personajes derrotados, ancianos, mujeres alcohólicas que arrastran a duras penas su vida, niños sin futuro que consiguen comida gracias a pequeñas estafas, robos o trabajitos. Un barrio castigado por el humo negro de la fábrica, por la sensación de frustración que tiene atenazada a la ciudad, y sin ningunas ganas de cambiar o siquiera arreglar los problemas cotidianos con los que se enfrentan. Blay, el anciano que recopila las firmas, no logrará nunca más de una veintena de firmas, y a pesar de su incansable idealismo se chocará una y otra vez contra la amarga realidad.
El segundo espacio es la casa de la Susana, una torre que un día fue elegante pero hoy se encuentra descuidada. Allí vive Susana, la joven tísica, cansada de su inactividad forzada por con ilusiones de recorrer el mundo, de curarse e ir en busca de su padre para tener aventuras. Ella pasa los días recortando fotos de actores de cine, escuchando la radio o conversando con Daniel. Este espacio, permanentemente húmedo por las hojas de eucalipto que perfuman el ambiente, por el aroma a cremas y medicamentos, y el terror de la enfermedad, un espacio mágico donde todo es posible, desde el amor a la muerte. Todo eso se reflejan en la misma Susana, con la piel con una leve capa de humedad en la frente, los labios de sensualidad incipiente y su actitud que va de la seducción a la maldad de la joven lolita que seducirá a Daniel, con la enfermedad como contrapunto de peligro que la rodea como un aura. Allí conocerá a Focart, amigo del padre de Susana, militante que huyó de Barcelona hacia Francia. Ahora regresa rodeado de misterio y se convierte en el punto de contacto entre el mundo real y el de fantasía. Es así que la casa de la Susana y todo lo que la rodea se convierte en un lugar místico donde la magia es posible, y un portal a un mundo diferente.
El mundo donde Focart los dirige, la aventura en la que se embarcó el Kim, el padre de Susana, llega en forma de un cuento narrado a lo largo de muchas tardes. Una historia de heroísmo y misterio que llevaría al Kim desde Barcelona a la lejana Shangai donde tiene que ejercer una venganza a pedido de un amigo suyo. Todo lo narrado por Focart entonces se cubre de magia, similar al brillo de la pantalla de cine y a las historias de espías y territorios lejanos. Shangai los aleja de la gris realidad cotidiana, para teñirla de colores vivos, de emociones, de la atracción de las regiones lejanas.
Pero la realidad es más dura, y pronto se descubrirán las mentiras de Focart, la triste realidad de el Kim convertido en un traidor, y la destrucción del mundo creado por sus palabras, la desaparición de Shangai y su magia. Susana se terminará curando de su enfermedad y cayendo en la dura realidad. La última visión que tenemos de la que fue joven hermosa y tísica, es la de una mujer común cubierta con el espeso velo de la realidad. Daniel la ve por una última vez rodeada de la suciedad de una cabina de cine desde la que se siguen proyectando fantasías.
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