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Una semana como vegetariano

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Cuando Inodoro Pereyra descubrió que un sobrino suyo se había hecho vegetariano sintió esa traición como un escupitajo de llama a la tradición familiar, una afrenta a lo más sagrado, un desprecio de la carne seminal que nos alimenta. Y un servidor perfectamente entendía al gaucho paupérrimo que veía con rostro escandalizado a su sobrino desertor.

Ahora estoy lejos de la patria y su dieta valluna de picantes y guisos, y también de la mediterránea dieta catalana que si bien trae mucha ensalada y mucha tortilla de patatas, tampoco es egoísta en su añadido cárnico, principalmente del cerdo, como la figura central de su mitología alimenticia.

Pero en este país obsesionado con la salud, que ha hecho de una necesidad en un negocio, y cuya poderosa industria ha traído la obesidad al alcance de todos los bolsillos, comer saludable se ha convertido en una posición política que no está al alcance de todos.

Existen vegetarianos por amplísimas razones: morales y dietéticas, paranoicas y genéticas, incluso obsesivas y por simple "gusto". Si bien me molestan aquellos que llevan la ingesta de vegetales como una bandera, resulta interesante la apertura gastronómica de una comida que no está centrada alrededor de un trozo de carne.

Es por esto que en contra de todos mis instintos más básicos, y únicamente con afán investigador y periodístico decidí pasar una semana a régimen vegetariano para comprobar en carne propia (je) sus supuestos beneficios y ventajas.

Yo nunca me he considerado un carnívoro absoluto de bistec sangrante diario, parrillada semanal o desayuno con tocino. Pero mis comidas traían en un alto porcentaje a las diferentes presentaciones de todo tipo de carnes, desde el bistec o la carne molida de vaca, chuletas y chorizos de cerdo, embutidos varios, pollo, pavo, cordero, visceras, pescados variados y atún en lata, además de su presencia en la comida rápida, sándwiches y bocadillos, pizza, pitas y otros.

Para que el inicio del experimento tenga la fuerza sentimental del fumador que se despide de su último paquete, o el alcohólico que decide darse una última borrachera, una parrillada se convirtió en el vehículo apropiado para despedirme, quien sabe para siempre, de este modo de vida que para algunos es degenerado y homicida. Es así que al calor de las brazas, de una suculenta chuleta y unas hamburguesas acompañado eso si de una ensalada rica en aceites me dispuse a entregarme a esta prueba.

Pero el comienzo de la semana comenzaría antes de lo previsto puesto que de entre el grupo de amigos asistentes a la parrillada, tres de ellos eran vegetarianos confesos, más un par más que seguían una línea relajada en su ingesta de carne. Es así que la brasa también recibió un par de hamburguesas y chorizos vegetarianos, a los que acabé hincando el diente antes de que se terminara el día comprobando que yerbas y condimentos varios, así como un cuidadoso preparado le daban sabor a lo que yo creía desabrida imitación de carne.

El primer reto sería la compra de víveres en el supermercado local. Acostumbrado a vegetales y frutas varias sólo tuve que aumentar su cantidad añadiendo a mi tradicional cesta de compras, setas varias, calabacines, berenjenas y mazorcas de maíz. Recorrí entonces el pasillo de comida orgánica que daba refugio a diversas hamburguesas vegetarianas que no eran otra cosa que diferentes vegetales preparados para engañar más a la vista que al gusto. Encontré hamburguesas de tomate deshidratado, de lentejas y porotos, de gluten y tofú decidiéndome finalmente por un paquete de hamburguesas de diferentes granos. El precio de las hamburguesas era el doble a sus equivalentes cárnicas. Ya que estábamos con el proyecto también compré un paquete de ravioles rellenas de Portabellas (un tipo de setas).

En el mismo supermercado intenté observar con mirada de vegetariano y me encontré con muros enteros dedicados a la rojiza carne, chorizos y embutidos, jamones, distintos cortos de vaca, cerdo, pollo. Algunas de ellas libres de antibióticos, o provenientes de animales criados humanamente, dando de qué pensar en relación a aquellos otros productos que no indicaban eso.

El siguiente reto sería el proceso mismo del preparado. Acostumbrado a cocinar en casa diariamente en lugar de acudir a los bocadillos de la universidad me obligó a intentar recetas nuevas. De algunas únicamente fue necesario removerles el componente cárnico como las lentejas bien aderezadas con verduras o los ravioles con salsa de tomate, mientras que otras requirieron algo más de creatividad como unas berenjenas con salsa blanca, champiñones al amaretto y ensalada de tomate, receta extraída y adaptada de una novela de Vazquez Montalbán o un quiche de verduras que desde hace tiempo deseaba preparar. Otros platos, en cambio, me recordaban a tiempos de apreturas como un arroz con verduras y huevo frito o una insípida ensalada de vegetales hervidos. Pero después de una semana quedé sorprendido por la amplitud de recetas a las que podía acudir, y el altísimo porcentaje de otras tantas que tenía que dejar a un lado.

El próximo reto sería más bien social ya que tuve que comentar el experimento a los amigos y renunciar a compartir la pizza de peperoni en nuestro boliche habitual o pedir el cambio de restaurante que sólo servían alitas de pollo (50 variedades diferentes) en favor de un restaurante iraní con una excelente pita de Falafel. Este problema, es seguramente el más complicado al que los vegetarianos se enfrentan, teniendo que renunciar a encuentros con amigos o limitándose a comer sencillas ensaladas sin ninguna gracia.

A nivel salud noté que la comida vegetariana se digiere mucho más rápido, dando como resultado positivo poder trabajar con mayor facilidad durante la tarde después del almuerzo, pero con el impacto negativo de estar hambriento nuevamente muy temprano. Por otro lado otro tipo de elementos pueden volver la digestión pesada como la masa del quitche o las salsas, ambas en base a mantequillas. A nivel un poco más intimo, y lo revelo únicamente por los propósitos que aquí me traen, mi estómago estuvo bastante susceptible con el cambio de dieta, con viajes frecuentes al excusado y algún otro tipo de desordenes incómodos que seguramente a la larga y una vez establecido en la nueva dieta se regularizarían.

Fue muy poco tiempo para sentir una debilidad seria por caer en la tentación. Ni los olores ni las formas me persiguieron como lo había imaginado, pero casi desisto de mi propósito cuando no encontré casi ningún espacio de comida rápida o para llevar vegetariana que sea lo bastante apetitosa. En aquel momento tuve que sobrepasar la flojera y dedicarme a preparar algún plato.

Como conclusión del experimento, que se fue muy breve ya que una semana no es suficiente para sentir cambios reales, puedo entender la posibilidad de la vida más allá de la carne; de una riqueza gastronómica que no llegaba a comprender bien y de opciones válidas para la nutrición. En el aspecto económico si uno está acostumbrado a alimentarse en base de comidas preparadas, restaurantes o comida rápida, encontrará que el cambio a lo vegetariano es considerable; pero si se está acostumbrado a la comida fresca (ya sea carnes o verduras), el cambio no significa un presupuesto muy diferente al acostumbrado, aunque la elaboración si es más elaborada.

A nivel moral no pude sentir en ningún momento que salvaba la vida a animales criados para ese único propósito, ni con esa acción me identificada con asociaciones en contra del maltrato de los animales. El ser humano por centurias se ha alimentado de carne y aunque la forma de cómo se los cría tiene que replantearse, no hay ninguna razón ética para dejar de consumirla.

Lo que he aprendido, y saco de valioso de la experiencia, es dejar de depender en la carne como elemento central de la dieta, aunque no negarla, y expandir horizontes hacia otros tipos de menús.

El siguiente experimento tendrá que ser de un mes como vegetariano.


Temas: Cronica | 4 Comentarios | Link
El forastero | 2007-10-08

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Comentarios

1
De: Mar Fecha: 2007-10-09 16:33

encantador, compadre, q pena que no haya una sucursal zen and wow! por ahí... el hambre, por si acaso, se corrige con cerveza y vino y quesos, q el presupuesto (si obvias el gluten y boludeces) te permitirá ahora



2
De: enet Fecha: 2007-10-09 19:15

la verdad una semana no es suficiente para probar ser vegetariano, igual espero q el proximo reto de un mes se convierta en por siempre y el asesinato nunca es humano, asi q no puede existir carnes criadas humanamente



3
De: el forastero Fecha: 2007-10-09 23:20

pero que sabrosas estas las deshumanidades



4
De: un mexicano Fecha: 2008-04-30 06:16

sabes yo ke vivo en un pais donde la gran parte de la poblacion es obesa (mexico) y que diario acostumbramos a comer carne de res , y pollo en exceso ......me siento con la nesesidad de hacer me vegetariano....sufro de obesidad pero me doy cuenta que al menos en el norte de mi pais se debe al gran cosumo de carne y grasa animal que por tradicion se come si no diariamente , por lo menos cada tercer dia.... para festejos, bodas, kince años, graduaciones, simplemente reuniones de amigos siempre esta presente la carne.(solo falta en los funerales jej)
por eso es bueno k la gente siempre tome conciencia del daño k kausa el exceso de carne.



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