El forastero


Inicio > Historias > La Regenta: Ficción

La Regenta: Ficción

Tags:

Por culpa de un romance, y las instigaciones de un cura celoso, su esposo retó a su amante a duelo con armas de fuego y murió de un tiro en la vejiga. El amante asustado por las consecuencias huyó a Madrid dejándola sola.

Ella se encuentra entonces abandonada por todos, con el pueblo entero, hipócrita y chismoso, dándole la espalda, sin más dinero que el pobre estipendio de viuda que recibe cada mes y con una casa que se le va haciendo demasiado grande. El buen amigo de su marido, y quien sabe algo más que amigo, un místico de la naturaleza, bondadoso y sabio y que al parecer sabe más de lo que dice se muda a la mansión a la habitación debajo del de la señora para velar por sus sueños.

Con las semanas y por presiones del pueblo todos los empleados de la casa, menos el buen místico que sigue trabajando en el pequeño jardín, se marchan de la mansión dejando a la señora a su ignominia, a su soledad, a su tristeza.

Pasan los meses y la señora sigue rendida en la cama o dando breves paseos por un jardín cada vez más salvaje. La suciedad va ocupando poco a poco las habitaciones. La humedad del suelo trepa por las paredes como si fueran lentos y babosos caracoles. Los techos se van llenando de mierda de pájaros ya seca por el sol que dura más de lo esperado en este verano pesado y largo.

El místico pasa cada vez más tiempos en el bosquecillo detrás de la casa, hablando con los árboles o escuchando el crujir de sus ramas. También ellos están sedientos y sus hojas se van amarilleando por causa del sol en lugar del el otoño que tarda en llegar. La señora de la casa cada vez sale menos al jardín, no puede aguantar el sol y su piel empalidece, ya tiene casi el color de las sábanas y manteles cuando estaban limpios. Ahora parecen lienzos de paisajes obsesivos, prados de vegetal putrefacción.

Y de pronto llega el otoño y con el las lluvias que no paran. La casa se convierte en una gruta húmeda, las alfombras se pelan como la piel de un animal viejo. El papel de las paredes parece el cuero seco de una serpiente. Hay goteras y en algunas habitaciones una vegetación salvaje y animal se ha apoderado de los muebles. La señora ya no deja su habitación en la que se ha refugiado. Las pocas veces que el místico entra a la casa es para traerle alimentos, hongos y raíces que él mismo recoleta. Hace mucho ya nadie va al pueblo a recoger el breve estipendio de viuda. Él pasa cada vez más tiempo en el jardín, ni siquiera la lluvia ya lo molesta. Su piel endurecida por el calor del verano se siente agradecida por las primeras lluvias.

La señora ayer salió de su habitación. Llevaba un manto sucio y la piel de belleza marfileña. Sus ojos también parecían haberse aclarado, y sus cabellos ahora están canos con la limpieza de la nieve. La casa ahora palpita de vida, de oscuridad, de respiración vegetal en todas sus paredes. En el jardín también la naturaleza ha destrozado paredes, muros y parterres. De vez en cuando se ven movimientos leves entre los árboles del fondo del jardín. Desde hace un par de días el místico no no le lleva comida a su ama, esta a su vez ha dejado de comer.
Una tormenta particularmente fuerte derrumba un árbol de raíces podridas que cae contra el muro lateral de la casa. Un gran boquete permite ahora la entrada. Cuando la lluvia amaina unos niños del pueblo deciden aventurarse a la casa que hace tanto tiempo parece abandonada. Sus madres aun intercambian rumores sobre aquel lugar como si se trataran de botones viejos.

Recorren el jardín totalmente salvaje, viejos árboles cortaban el paso hacia la casa y con cuidado de no hacer ruido fueron avanzando rodeando viejos eucaliptos y arrugados robles. Uno de estos últimos de pocas ramas y de tronco ancho parecía ocultar el rostro de un viejo entre la arrugada corteza. Los niños curiosos recorrieron con un dedo aquella húmeda madera que imitaba a la perfección una boca, una nariz aguileña y dos ojos angostos y que parecían observarlos.

Entraron a la casa por una ventana mal cerrada y descubrieron una alfombra de musgo y plantas salvajes en la planta baja. En el segundo piso los pájaros habían roto las ventanas y ahora yacían convertidos en cadáveres aéreos sobre el suelo encharcado. Curiosos recorrieron las habitaciones encontrando a cada paso más ruinas, que como las hojas secas de una rosa se iban destruyendo con sólo tocarlas. De pronto a su espalda escucharon un ruido y una fantasmal figura pálida surgió de la nada y los persiguió hasta la planta baja para fundirse nuevamente en la nada y desaparecer dejando detrás suyo sólo un dulce perfume. Los niños corrieron a toda velocidad hacia el jardín con el corazón en el pecho, superaron los árboles, el roble con rostro de anciano y finalmente llegaron hacia el muro destrozado. Esa noche les contarían a sus madres del fantasma que vieron en la casa vacía. Las mujeres sonreirían a sus hijos para quitarles el susto del cuerpo pero una sentimiento de culpa se les alojaría en el corazón.


Temas: Ficcion | 0 Comentarios | Link
El forastero | 2007-10-23

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/52975

Comentarios

Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 38.103.63.16 (fb547fdcf1)
Comentario

Entradas Antiguas


Sindicación

Busca dentro del Blog

El Otro Tigre


Personales

Meta
  • Blogalia
  • imagen
  • BloGalaxia
  •  Bitacoras.com
  • Add to Technorati Favorites
    Arts & Entertainment Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Adicciones

Web Comics

  • eXTReMe Tracker


Licencia


Miguel Esquirol Ríos - Under Creative Commons
Año 2006 - V. 4.0