El forastero


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El último enemigo

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Se trataba del último soldado en la última batalla. Estaba herido y apestaba a muerte. Muerte que le rodeaba por todas partes. Había perdido uno por uno a todos sus amigos, a su general que murió en el último ataque de la artillería, a su hermano que peleaba a su lado. Era el último soldado y no pensaba rendirse. Aun empañaba un humeante rifle, los bolsillos llenos de balas y el aliento pesado. Estaba agotado y podía ver entre las primeras sombras de la tarde a los soldados que esperaban pacientes su derrota. Pero el no se rendiría. Disparaba con calma, derribando soldado tras soldado de las fuerzas enemigas. Estaba echado sobre cuerpos, rodeado de cuerpos. Todo a su alrededor era muerte. Seguiría disparando hasta que la última bala se perdiera en el pecho de un enemigo. Después lucharía con las manos, con los dientes, hasta que la muerte lo golpeara como golpeó al resto de los suyos. Ya no recordaba porqué luchaba, hace mucho tiempo lo había olvidado, sólo sabía que era él el único que quedaba.

Los enemigos fueron pacientes, esperaron que las balas se terminaran. Esperaron que sus fuerzas se agotaran. Esperaron que el cansancio lo destruyera. Se lo llevaron en andas cuando su cuerpo decidió rendirse. Dormía en una cama de campaña, hubiera sido un sueño plácido si no hubiera estado tan cansado.

Cuando despertó tenía ropa limpia, sus heridas habían sido curadas, y se encontraba en un cuarto amplio y lujoso. Sobre la mesa un apetitoso desayuno lo esperaba. Aunque hubiera deseado evitarlo estaba demasiado hambriento. Devoró la comida y más tranquilo pensó que tendría que huir de su prisión dorada. Abrió la puerta y no encontró nadie al otro lado. Recorrió pasillos alfombrados donde sus pasos acolchados se perdían. Llegó a otra puerta, y a otra más. Finalmente divisó a lo lejos dos guardias. Llevaban los uniformes del enemigo aunque limpios y más elegantes. Decidió acabar con ellos para poder huir, pero cuando se acercó ambos soldados lo saludaron formalmente y lo dejaron pasar sin hacer comentarios. Después de deambular largamente llegó a la puerta principal donde más guardias estaban apostados. Sospechó que sería ahora donde lo detendrían pero nadie le dijo nada, sólo lo saludaron.

Avanzó por la calle de la ciudad del enemigo. Nunca había estado allí y le pareció que las anchas aceras y los relumbrantes edificios se parecían a su propia ciudad antes de ser destruida por las bombas. Algunos edificios estaban siendo reconstruidos, miró las ruinas con orgullo porque fueron sus bombas las que los destruyeron. Pensó entonces en la batalla perdida, en sus amigos muertos, en su general muerto, en su hermano que murió a su lado.

Caminó casi todo el día conociendo este nuevo espacio. En la calle la gente lo saludaba con respeto, parecía que lo conocían. Pero cuando intentó hablar con ellos huyeron de él atemorizados. Cuando la tarde empezó a acercarse, esa tarde de veloces sombras que le recordaba a la tarde de la derrota, se sintió agotado y no supo que hacer. No tenía dinero ni conocía la ciudad. Decidió regresar al lugar donde lo habían traído, al final de cuentas nadie le había impedido la salida.

Cuando llegó al hotel la cena lo esperaba, comió con hambre y se dispuso a descansar. Sobre la cama un periódico mostraba su rostro. "El último Enemigo" decía el titular. Al parecer se había convertido en una especie de celebridad. Una novedad en aquel mundo sin guerra. Habían matado a todos, acabado con cada uno de los enemigos menos con él. Ahora lo protegerían para que nada le pasara. Leyó en el artículo como al día siguiente estaría invitado a un prestigioso programa de entrevistas.

Con la cabeza llena de preguntas se acostó, pero estuvo dándole la vuelta a todo lo que le había pasado. Antes de dormir había decidido que hacer. Era el último enemigo y se tendría que comportar como tal. Asistiría a las entrevistas, a los cockteles, a las fiestas en su honor. Pero esperaría con paciencia, hasta que un día descubriría como destruir a sus enemigos. Un día sería él el último vencedor.


Temas: Ficcion | 0 Comentarios | Link
El forastero | 2007-11-15

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