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Tags: Ángel González ha muerto. Yo lo conocí tarde, fue uno de los grandes descubrimientos para los que tuve que entrar a esta carrera. Y aunque no lo conocía, sus poemas hablaban con una voz familiar. En ellos estaban las palabras y las sensaciones que había vivido. En ellos estaban la literatura y la música que quería (Sabina no existiría de no ser por González). Así que al morir él, muere una parte importante de la cultura española (que hoy menos que nunca necesite algo así)... Ángel González ha muerto y con él se nos escapan nuestras palabras. Quisiéramos estar en su funeral para poder decirle lo que sentimos, y ver elevarse un ángel transparente que irónicamente se ríe de nuestra seriedad.
PREÁMBULO A UN SILENCIO
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol en verano y se calla. (? ¿Dije tranquilamente? falso, falso: uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos, pisoteando las hojas abatidas por la furia de un otoño sombrío, destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos, mordiendo injustamente las uñas de esos dedos, escupiendo en los charcos invernales, golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas que permanecen indiferentes al paso de la primavera una primavera urbana que asoma con timidez los flecos de sus cabellos verdes allá arriba, detrás del zinc oscuro de los canalones, levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a punto de ser de polvo.) Eso es cierto, tan cierto como que tengo un nombre con alas celestiales, arcangélico nombre que a nada corresponde: Ángel me dicen y yo me levanto disciplinado y recto con las alas mordidas quiero decir: las uñas y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras. Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/54752
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