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El Eternauta en Buenos Aires |
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Oesterheld
El Eternauta es la novela gráfica escrita por Héctor Germán Oesterheld e ilustrada Francisco Solano López. Fue publicada en el periódico Hora Cero semanal entre 1957 y 1959. La historia narra la aventura de un ataque extaterrestre a la ciudad de la Argentina.
La ciudad de Buenos Aires con íconos reconocibles se convierte en el espacio de batallas y enfrentamientos. Todas las referencias a calles o sitios de la ciudad son reales. La primer batalla tiene lugar en la General Paz. La base de operaciones de la resistencia se realiza en el Estadio de River. El "mano" controla sus fuerzas es la glorieta o pabellón en las Barrancas de Belgrano. La Plaza de los Dos Congresos es donde los "Ellos" situaran su base de operaciones. La encerrona final es la Plaza Italia y todas sus calles adyacentes.
Es de esta manera que aunque la destrucción de la ciudad pueda parecer un pastiche de escenas apocalípticas en películas de ciencia ficción de la época, en "El Eternauta" va más allá del simple reconocimiento de espacios comunes y familiares para el lector. La utilización de estos elementos característicos, la destrucción de otros, y el mismo uso del espacio urbano puede ser leído como un discurso que acompaña al texto principal.
Por ejemplo, en el estadio de River es donde se reúnen las fuerzas del pueblo para la lucha final, donde se marcan señales de compañerismo entre gente de muy diferentes clases y realidades sociales. Es como si, nuevamente, el futbol se convirtiera en punto de unión de diferentes estamentos de la ciudad.
No es casual por otro lado que la plaza de los dos congresos, donde los líderes de la invasión se sitúan y donde se da el enfrentamiento final, esté situado en el mismo espacio que el Palacio del Congreso de la Nación Argentina.
La historia comienza con la caída de una nieve mortal. Hay múltiples escenas de la ciudad es cubierta de nieve, algo que sólo pasó una vez en el siglo veinte, es así que el lugar familiar se convierte en un espacio de lo insólito. En este lugar extraño los monumentos y los espacios familiares tanto para los personajes como a los lectores, traen entonces a la narración cierto reconocimiento del espacio, pero un reconocimiento espectral, como si la ciudad que recorren cada día hubiera sido completamente transfigurada.
Y si primero se transfigura la ciudad convirtiéndola en un espacio al mismo tiempo familiar y extraño, poco a poco nos iremos acostumbrando a este, y será no tanto el paisaje sino su utilización que nos traiga ecos diferentes de la ciudad, ecos de otros momentos y otras situaciones. Las calles familiares recorridas por tanques, las esquinas convertidas en trincheras, los edificios derrumbados por explosiones. Hay una dolorosa familiaridad entre esa lucha con otras que seguramente se vieron en los periódicos. No se trata de una guerra extraterrestre en lugares ficticios, es una guerra que resulta extrañamente familiar (como las bombas que cayeron en la playa de mayo tres años antes). Y el espacio urbano se ve pronto transfigurado en este espacio de guerra en donde los edificios van derrumbándose, borrándose las líneas familiares de paisaje y donde sólo sobreviven los elementos reconocibles más grandes.
La escena final en la plaza de los dos congresos es por eso importante. Un campo de fuerza evita que fuerzas exteriores entren, y dos personajes logran introducirse en un edificio. Un edificio de apartamentos, un espacio común a todos los lectores. Un espacio privado que se opone al espacio público de la plaza de los congresos donde están situados los enemigos. La guerra, enfrentamiento de dos bandos, ya es imposible por lo que sólo la guerrilla y el atentado se convierten en la única salida.
La novela termina con una trampa planteada por los invasores que hacen salir a los sobrevivientes de Buenos Aire llevándolos a las afueras de la ciudad. La nieve ha aumentado y ellos abandonan la urbe. Aquí entonces los espacios familiares desaparecen no sólo porque la nieve cubre todo pero también porque dejan de existir puntos de fácil reconocimiento. Lejos de la ciudad, en el campo, los personajes son mucho más débiles y así pueden eliminarlos. Alejándolos de la ciudad los vencen; eliminándolos a ellos entonces destruyen la ciudad.
La ciudad entonces, y con la ciudad todos los símbolos que el urbanismo trae consigo: la modernidad y el progreso, son las formas de defensa frente a estas invasiones. Si en la ciudad es posible todavía defenderse, esto desaparece una vez traspasados los límites de la urbe.

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