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No todos los fantasmas son iguales |
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Los antiguos fantasmas europeos, los caminos de Irlanda por ejemplo están aun llenos de ellos, se quedaban atados a casas, castillos, pueblos o cementerios. Sus pecados, u obras que no terminaron de hacer de vivos, los mantenían en este espacio liminar entre la vida y la muerte. Ya no tenían hambre, sed o sueño, pero tampoco podían disfrutar del descanso eterno. De aquella maldición que los detenía para siempre asechando un lugar o repitiendo acciones en un circulo infinito, surgió aquella palabra en inglés que resulta intraducible en castellano: Haunt. Originalmente significaba frecuentar un lugar, pero como en la historia de los parroquianos que frecuentaban cierto bar durante toda su vida, y que una vez muertos siguieron apareciendo puntualmente cada noche; hoy en día Haunt se relaciona íntimamente con aquellas apariciones unidas para siempre a un lugar. Así nacieron las casas encantadas, los cementerios malditos, los caminos por los que no había que cruzar a determinada hora y los miles de espacios siniestros que es mejor evitar.
En el otro lado del atlántico en cambio, los fantasmas no están condenados a repetir un lugar ni siquiera una acción, sino una idea o un sentimiento. De allí surgieron las almas en pena, que condenados a sentir culpa, dolor o ver para siempre una desgracia repetida ante sus ojos, pueblan caminos y bastas regiones. Las almas en pena no están encerradas en lugar, las alma en pena están ciegas a los males de este mundo, por lo que no son tan peligrosas para los vivos. Aunque sus quejidos o lágrimas, sus murmuraciones o susurros, son incluso más atemorizantes que cualquier casa encantada o cementerio maldito al que nos podamos enfrentar. La más conocida que se repite en cientos de lugares, con tantas versiones como personas las cuentan, es el de la Llorona. Ella pena una muerte o una tragedia. Que sus lágrimas como de leche asustan a los viajeros que los encuentra la noche o a los borrachos que se recogen de madrugada. Pero quizás por la característica propia de las almas en pena, no sean muchas las lloronas, sino la misma repetida en infinitos ecos, en cada mujer que tuvo que llorar una desgracia.
Hay una tercera categoría, quizás la más triste de todas. Los fantasmas de los que no murieron en su casa. Fantasmas de viajeros, de marinos, de inmigrantes, de los que dejaron en otra tierra a familia y amigos. Sus huesos descansan en tierra extraña, o nadie conoce donde estos se encuentran. Sus fantasmas vagan la tierra buscando caminos que no existen. Sus ojos buscan montañas o mares que no podrán volver a ver.
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Comentarios
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| De: Dylan |
Fecha: 2008-02-23 11:25 |
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Que interesante, la verdad es que también asusta bastante, pero se puede observar hasta en estos mitos o no de fantasmas las diferentes culturas
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