El forastero


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Suddenly One Summer

De repente un verano Mina se encontró frente a un lote lleno de coches con los precios en las ventanas apoyada frente a su flamante vehículo y fumando con descuido. Había quemado su última tarjeta de crédito con este y seguramente su marido se pondría furioso. Pero Todo eso ya parecía parte del pasado, ahora se iría y nada de su vida anterior importaba. Habían planeado ese momento hace mucho. La decisión de último momento del coche nuevo, en lugar de marchase con su viejo y pequeño Sedán, fue una locura de último momento. Sería su regalo, la sorpresa con la que estaba segura le iluminaría el rostro.

Se habían conocido en el ginecólogo, Mina estaba allí por su revisión anual, y Sofía en cambio hacía un análisis porque a pesar de haberlo estado intentando por algo de tiempo no podía embarazarse. Ese día fueron a tomar algo después de la consulta y el fin de semana se encontraron nuevamente para ir de paseo. Fue muy pronto cuando confesaron sus matrimonios frustrados, el de Mina con su marido que la engañaba pero que debían mantener las apariencias por su trabajo, y el de Sofía estancado desde hace tiempo sin la emoción de los primeros años. Él seguía allí como siempre, pero como distante. Por eso intentaba embarazarse para ver si este nuevo lazo los acercaba nuevamente.

Se empezaron a ver frecuentemente, salían juntas de compras y pasaron cursos de cocina exótica. Pronto se escaparon un fin de semana a una acarrearon a sus maridos para una vacación en parejas. Mina sentía que poco a poco se iba deslizando en las garras de un enamoramiento adolescente, Sofía era rubia y de piel traslúcida y con una alegría vital que no podía evitar ponerle una sonrisa en el rostro. No había nada físico en lo que sentía y como le tenía mucha confianza se lo confesó. Sofía no se sintió ofendida o atacada, le dijo que ella no sentía lo mismo pero que igual la quería mucho, y que si podían seguir siendo amigas ella la necesitaba a su lado. Y a pesar de que nunca desapareció del todo lo que sentía por ella pudieron continuar su rutina de amigas y compañeras. Mina la iba a visitar con las lágrimas corriéndole por el rostro cuando descubría un nuevo romance de su esposo, y Sofía compartía sus frustraciones de la relación con el suyo.

El momento en que todo cambió fue un nuevo viaje de parejas que hicieron los dos matrimonios. Un mono hotelito cerca del mar. Sus maridos aburridos por el fin de semana obligado se emborracharon y compartieron sus hastíos. Muy cerca de la madrugada la habitación de Sofía se abrió dando paso al alcoholizado marido de Mina. En una apuesta de borrachos habían intercambiado las llaves de las habitaciones pero el esposo de Sofía pronto se quedó dormido sobre la barra del bar. El otro en cambio decidió seguir con el plan y a pesar de las negativas de Sofía, amables primero y las más violentas que le siguieron, no cejó en su intento. Sofía terminó huyendo por el pasillo con la bata desgarrada sin encontrar otro refugio que la habitación de su amiga. Esta comprendió muy rápidamente lo que había pasado, dejó pasar a su amiga y cerró la puerta en la cara a su marido que se quedó gritando con furia en el pasillo hasta que alguien de la adminstración del hotel le pidió que se callara.

Esa noche compartieron la cama, lágrimas y ya con los primeros rayos del sol algunos besos. Cuando regresaron a sus respectivos hogares ninguna recriminó a sus maridos lo pasado pero algo se había roto, algo que ni siquiera los líos del esposo de Mina o el desinterés del de Sofía lo habían logrado antes. La semana siguiente, sin nunca hablar de lo que ocurrió, empezaron a planear su huida. Sus trabajos serían fácilmente reemplazados y ambas tenían ahorros. La hermana de Sofía vivía en otra ciudad y sería su punto de partida, el paso siguiente, aunque ya tenían algunas ideas lo decidirían una vez en el camino.

Mina fumó un par de cigarrillos ansiosa. No entendía porque tardaba tanto su amiga. ¿Se habría acobardado en el último instante o quizás su marido había descubierto sus planes?. Finalmente no aguantó más la espera y fue a buscar una cabina telefónica. Con unas monedas marcó el teléfono que sabía de memoria y esperó a que alguien contestara. Al otro lado escuchó risas y gritos y poco después la voz de su amiga. Parecía otra, no le dijo nada de su tardanza pero le preguntó si sería la madrina. Acaba de recibir la noticia del ginecólogo y se encontraban festejando. Mina se quedó en silencio hasta que la otra se dio cuenta de lo que pasaba. Finalmente esta dijo que si, que encantada sería la madrina del bebé y colgó.

Cuando regresó a su coche sintió como se le abría la tierra bajo sus pies. Con una sensación de nauseas en la boca del estómago similar a la que sentía cuando se encontraba en la ventana de un edificio muy alto o subida sobre una silla limpiando el techo de la casa. Entró a su coche nuevo y metió la llave en el arranque. Por un instante pensó en devolverlo, pero fue sólo eso, un instante. Saliendo de la ciudad lanzó un nuevo cigarrillo consumido por la ventana.


Temas: Ficcion | 1 Comentarios | Link
El forastero | 2008-04-09

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Comentarios

1
De: megsevilla Fecha: 2008-04-17 14:57

Son muy agradables las historias que cuentas. Estoy enganchada a ellas, desde hace tiempo, y te he incluido en los blogs recomendados de mi web. Sigue así, con fantasía y buena letra.



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