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Historias > El Milenio de Carvalho
En la novela “Milenio” Carvalho se fue de viaje para despedirse, como bien lo dijo Biscuter. Manuel Vazquez Montalbán también lo hizo aunque quizás sin saberlo. Moriría en el aeropuerto de Bankok sin ver publicada su última obra y la última novela del detective catalán.
Ya terminé el primer tomo y espero que el segundo llegue a mis manos, pero mientras tanto ya puedo avanzar algunos comentarios.
La novela comienza con un crimen al que al parecer Carvalho es el responsable. Y un viaje-huida de este con su eterno ayudante Biscuter hacia el oriente. De Barcelona pasarán a Italia, de allí bajarán hacia Egipto, Turquía, Jerusalen, para saltar hasta Afganistán y finalmente a la India. Al final del primer tomo, se encuentran en dirección de Tailandia.
El libro, como en un buen pastel, tiene tres capas o tres novelas, la novela de aventuras con persecuciones, asesinatos y misterios, la de viajes, y el compendio geopolítico, e incluso, como si fuera el glasse para decorar el pastel, un recorrido gastronómico por la historia de cada región.
En el nivel más superficial, la novela de aventuras, se convierte en una merca excusa para viajar y para complicar un poco el recorrido permitiéndonos conocer realidades que de otra forma nos evadirían. En otras palabras, hace lo que la novela negra ha hecho a la literatura, nos hace conocer el crimen y la calle. En el segundo nivel, la novela de viajes, Carvalho, y a través de sus ojos Montalbán, realiza un recorrido sentimental primero con nombres de su infancia como Samarkanda, o de viajes anteriores, literarios o interiores, y después con un afán geográfico cultural que podríamos esperar en un libro de Colin Thurbon o de Javier Reverte cronistas de viaje de la vieja escuela. Permitiéndonos pasear por ciudades que no conocemos, sin olvidar los elementos más turísticos, pero sobretodo dándonos un repaso histórico, social e incluso personal de cada uno de los espacios que recorre.
El tercer nivel, el geopolítico, sobretodo en las regiones del cercano oriente, pero también en la India más desconocido para el occidente, Montalbán pone en voz de varios de sus personajes opiniones, historia y análisis. Con una aguda pero desencantada visión muestra las relaciones entre los diferentes países y los conflictos internos, con la sombra omnipresente de los Estados Unidos, de las ONGs y de las diferentes empresas internacionales. Además planeta (en el 2003) el peligro de la guerra de Irak como una amenazante figura que será más que la limpieza que Estados Unidos plantea sino un paso más en una guerra globalizada, esta vez desde la economía, que terminará enfrentando a Estados Unidos con la China.
El último de los niveles que Montalbán recorre es el de las comidas del continente, con larga defensa al “Slow Food”, un curso completo sobre Caviar y la receta de un elaborado plato hindú, entre muchos otros restaurantes y disquisiciones sobre los cocktails.
En otros aspectos de la novela vemos al detective viejo al que el mundo se le ha vuelto demasiado distinto al que conocía, destruyendo recuerdos románticos, mostrándole crudas realidades y descubriéndolo como un ser de otra época. Incluso su ayudante Biscuter se demuestra mucho más adaptado para el cambio de milenio, al que él ya no pertenece. Montalbán también tiene la habilidad de alejarnos de los mapas satelitales y las comunicaciones globales que nos dan la impresión que el mundo se ha vuelto pequeño, y nos devuelve a una realidad de carreteras inacabables, de desiertos más grandes que España, de fronteras infranqueables y de países llenos de habitantes que parecen vivir en otra época.
Es particularmente interesante cómo Afganistán y muchos de los países de la antigua unión soviética, visto a través de los ojos de Carvalho, le recuerdan tanto a la España de la postguerra. La misma hambre, la misma desesperación y el mismo cansancio de la vida.
Ya han recorrido medio mundo, y aun falta un tomo entero para acompañar a esta larga despedida de Carvalho. Lo que me pregunto es que si en realidad Montalbán no sospechaba que él tampoco podía pertenecer al nuevo milenio por lo que, a su modo, se despidió de nosotros con esa novela.
One Night in Bangkok
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Comentarios
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curiosa sincronía: tengo este librote en la lista de pendientes y espero que sea el siguiente, en cuanto acabe con uno de Fred Vargas... y me gusta Vázquez Montalbán, es un maestro.
saludos
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