Up
Un crítico decía que Pixar ya no realiza buenas películas de animación, ahora simplemente realiza buenas películas que resultan ser animadas. Esta sutil diferencia hace que su cine ya no pueda ser comparado con otras películas de animación sino que pueda ser vista y juzgada simplemente como una película más, es por eso que Up abrió el festival de Cannes y resulta ser quizás la mejor película de Pixar hasta el momento.
No se puede negar que Up sigue siendo una película infantil; pero al igual que las anteriores de esta compañía, decir que esta cinta es simplemente infantil es quedarse en la superficie. Existen muchos niveles de lectura de esta cinta que tienen como resultado formas de entenderla completamente diferentes. Mientras para unos es una aventura, para otros es una historia de amor o simplemente sobre la vida.
Para leer lo que viene a continuación mejor haber visto la película.
La primera parte de la película es un espectacular montaje que demuestra la mejor forma de hacer cine. Contar una historia sencilla, profunda, sentida a partir de imágenes. No es necesario ninguna maniobra narrativa sorprendente o una larga explicación para que podamos entender una historia que habla de la vida real, de nosotros mismos, de lo bueno, malo o triste de la experiencia humana. Esta soberbia introducción que comienza con el encuentro de un silencioso niño con una extraña y maravillosa niña y que termina en la soledad de la vejez es sólo la primera parte de la película, y aunque quizás no tenga la trepidante aventura que continuará es en muchas ocasiones la aventura misma de vivir que nos toca a todos.
La segunda parte, o segundo acto, está apoyada en el maravilloso impacto visual (que recuerda un poco las publicidades de Bravia por su despliegue de color) que son esos miles de globos que hacen despegar la casa del suelo, rechinando y llena de achaques como el propio protagonista de la historia. La casa, al igual que Carl Fredricksen, no es algo que veamos frecuentemente en las películas de aventura del verano, pero logran contagiarnos con una simple felicidad de despegarnos del suelo y navegar entre las estrellas. No son sólo los niños alados, el polvo de hadas o los sueños infantiles los únicos que pueden volar. Es un canto a la tercera edad, o quizás a decirnos que no importa la edad que tengamos para cumplir nuestros sueños y hacer locuras.
El tercer acto es la aventura en si. Peleas, persecuciones, desencantos con un sabor que viene de narraciones clásicas como las aventuras de exploradores de H. Rider Haggard, villanos sabios en fantásticos vehículos como el capitán Nemo de Verne, los enfrentamientos con la inmensidad de la naturaleza de Hemingway, los científicos locos de H.G. Wells, peleas en vehículos en movimiento de las películas de vaqueros y desenlaces aéreos como los de Star Wars. Hay en ese tercer acto algo de homenaje al cine y literatura de aventuras pero con una dosis muy propia de Pixar.
Es verdad que el ritmo de la película tiene tres cambios de marcha algo bruscos que demuestran versatilidad a la hora de narrar, pero Pixar logra reinventar (o re-descubrir) una forma de hacer cine. Porque incluso utiliza uno de los estereotipos de Disney que menos nos gusta: los animales parlentes, logrando reinventar esto de una forma completamente efectiva que no bajará el nivel a la cinta, sino demostrará cómo se cuenta bien una historia.
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Categorías:Cine






