Gran Torino
"Gran Torino" es una película que habla de Estados Unidos y lo hace desde la voz y el rostro de un actor que ya es un mito en si mismo de este país. Clint Eastwood fue el hombre sin nombre de las películas del oeste donde se realizaba una fundación mítica del país, un hombre valiente, casi siempre honrado, casi siempre justo. Fue el imparable policía de "Harry el Sucio" que no tenía paciencia con el crimen callejero y que su arma era la mejor forma de solucionar cualquier problema, en un país violento y con problemas internos pensando que lo que hacía este personaje era una necesaria forma de solucionarlos. En una de sus últimas películas y como un contrapunto al 11 de Septiembre, "Mystic River", repasó el tema de la venganza del que este país es tan afecto y que ha utilizado tantas veces como escusa.
En esta oportunidad el director de "Gran Torino" vuelve a ver al su país desde un realismo ácido. Un Detroit abandonado donde las fábricas de coches que eran el corazón del país cerraron hace muchos años, los barrios residenciales llenándose poco a poco de inmigrantes, pandillas recorriendo las calles, una nueva generación sin memoria y sin respeto. El protagonista, Walt Kowalsky, es un ex veterano de Corea, ex trabajador en la fábrica de Ford, que mantiene su casa como una última trinchera en su país invadido. El personaje es un viejo cascarrabias, racista, violento, fumador y bebedor de cerveza barata. Guarda su rifle de cuando era militar, tiene una bandera americana siempre flameando y seguramente defiende su derecho a portar armas. Este personaje es alguien que ha cumplido todo lo que su país le ha pedido. Ha matado en una guerra lejana, ha tenido una familia con hijos que ahora son exitosos, ha trabajado en una industria que ha colapsado dejando la ciudad destruida. Ahora, a la muerte de su esposa se encuentra sólo en un lugar que no conoce a pesar de nunca haberse mudado, con sus hijos, unos extraños, que lo quieren mandar a una casa de retiro, enfermo y aun lleno de furia en el pecho. Este es el Estados Unidos que ha llegado a la crisis, a la guerra de Irak y al gobierno de Bush. A su alrededor sólo hay pandillas e inmigrantes de una cultura rara, costumbres extrañas y comida deliciosa.
La película habla de la violencia, de un país que se desmorona, de unos valores que les pasa lo mismo. El personaje se ve entonces arrastrado en medio de esta otra cultura donde sin quererlo se vuelve en un modelo a seguir, alguien que sabe solucionar los problemas y que tiene algo que enseñar. Eso lo tiene bien aprendido este país que cree que es su deber pasar sus conocimientos del "know how" y de las herramientas que van reuniendo polvo. Pero con sus vecinos no se da una relación de maestro-alumno. El personaje de Eastwood ayuda a las cosas prácticas, sabe ser el bruto cuando se lo necesita y sacar una pistola como Dirty Harry (es que estamos viendo al verdadero Dirty Harry hacerlo desde las imágenes de nuestra memoria). Pero al final él se vuelve en el aprendiz de una nueva cultura, de un rol paternal que nunca supo cumplir, de una cultura que es moralmente superior a la suya, con tantos o más problemas de violencia como la suya.
En los vecinos se encuentran los que un día fueron los aliados de su país en Vietnam y que tuvieron que huir cuando Estados Unidos se retiró. Tienen rituales ancestrales y un tipo de sabiduría diferente a la americana, pero también tienen temibles pandillas; pandillas que además son idénticas a las pandillas de jóvenes latinos o de jóvenes negros con que el barrio está infectado. En el lado opuesto la nueva generación de su propio país está representada por sus nietos, irrespetuosos, egoístas y codiciosos y por un joven blanco que se viste como negro sin personalidad ni carácter.
El Gran Torino se encuentra en el centro de la historia, aunque es un centro vacío y sin sentido. Es el coche "vintage" del protagonista que está sin moverse por más de 15 años, cubierto con una tela blanca en su garaje. Este coche es el símbolo del sueño americano. No se trata del mejor coche que construyó la Ford, pero tiene la línea clásica del coche que recorrería la ruta 66 y que Starsky and Hutch conducirían. Un ideal que por otro lado en más de 25 años que no se ha movido o creado algo nuevo. Este coche es el orgullo del protagonista así como el objeto de deseo de la pandilla y el punto de unión y conflicto con los vecinos, pero al final un sueño inútil y sin sentido.
La película utiliza el rostro duro de Clint Eastwood y de todos los personajes que vemos detrás de su rostro. Pero el director logra mostrarse a si mismo, y al propio personaje que ha construido con los años con sentido del humor, y sorprendentemente una gran parte de la cinta está atravesada con las risas que este personaje despierta. Pero finalmente regresamos a la venganza de la que hablamos atrás y que atraviesa tantas cintas de Eastwood.
En la cinta el deseo de venganza es construido dentro de nosotros. Nosotros como público la deseamos, y nos sentimos mal por haber sido llevados a eso. Pero hay una última carta bajo la manga del director. Una carta que nos dejará extrañamente livianos y le dará las llaves del país a esta nueva generación de rasgos extraños y cuyos padres no han nacido allí. Una nueva generación que tiene la oportunidad de comenzar de nuevo, con una moral diferente, con unas instrucciones para la vida diferentes a las que él ha recibido durante tantos años. El país seguirá en crisis, pero quizás así haya alguna esperanza. Este actor siempre ha apoyado a la derecha y a los partidos republicanos (incluido el propio McCain de las recientes elecciones), pero también siempre ha sido muy inteligente, y un director sensible a su época. Si él puede pensar de esta forma quizás su país tendrá esperanzas después de todo.
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Categorías:Cine






